¿Los radares están donde se necesitan?

Según la AEA (Automovilistas Europeos Asociados), dos de cada tres radares no coinciden con puntos negros.

Esto es algo que en mayor o menor medida todos intuíamos, pero cuando un organismo de relevancia lo proclama a los cuatro vientos, todavía tiene mas “gracia”. Según dicho organismo, de los 318 lugares donde se han instalado radares fijos, sólo 109 (el 34 por ciento) coincide con un punto negro. Lo curioso es que según la DGT hay casi 800 puntos negros en nuestras carreteras, asi que me pregunto por que no empiezan por ellos.

Recuerdo haber oido en algún comunicado o en la propia página de la DGT que los nuevos radares iban a instalarse “en puntos negros o tramos de concentración de accidentes en los que la velocidad excesiva aparece como factor desencadenante”. Incluso en dicha web viene una justificación de la implantación de cada radar.

Cierto es que hay incorporaciones o confluencia de carriles  de autovía donde un radar fijo evitaría (o evita) muchos desmanes de velocidad, pero ambién es cierto que muchos nos los encontramos en plena recta, en mitad de la monotonía, escondidos detrás de un guardarraíl o entre vegetación. Asi no es de extrañar esos solitarios radares que de vez en cuando vemos “decorados” de pintura amarilla por algún conductor frustrado (suponemos que para que los demás les veamos con mas facilidad…) o incluso “tuneado” a golpe de mazo.

Para el presidente de AEA, Mario Arnaldo, “si la DGT sigue con su empeño de colocar preferentemente los radares en autopistas, autovías y puntos con baja o nula siniestralidad, al final convertirá este importante sistema de prevención de los accidentes en un mero instrumento de recaudación, a modo de caja registradora”.

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