
La Dirección General de Tráfico tiene previsto implantar a finales de año un Plan especial de Seguridad Vial para motociceltas y ciclomotores para combatir la alta siniestralidad sobre dos ruedas de nuestras carreteras.
Desde que se aprobó la convalidación del A-1 con la experiencia del B, la siniestralidad de las motos se ha disparado. Normal, porque el número de usuarios ha crecido mucho y además la mayoría de ellos no tiene más que unas nociones básicas de conducción.
Para elaborar el nuevo plan, ha contado con la ayuda de fabricantes, autoescuelas, clubes, aseguradoras… Pero al parecer se ha focalizado mucho este Plan en un fenómeno que está observando la DGT: la muerte en fines de semana de conductores de motocicletas superiores a los 500cc y menos de tres años de experiencia. Este colectivo no está afectado por la convalidación del A-1.
El nuevo plan incluirá la preparación de los motoristas, creando un nuevo carnet denominado A2, que permitirá a los conductores de 18 años a pilotar motocicletas de hasta 40 CV de potencia. Una vez se cumplan dos años de experiencia, estos motoristas podrán acceder a las motos de mayor potencia. Sin experiencia, será imposible conducir una de estas motos de gran cilindrada antes de los 24 años. Además, quien participe en cursos de conducción podría ver redimidas parte de las sanciones que acumule en su historial.
El mencionado plan se acabará de concretar este mes, y pasará a la aprobación del Consejo Superior de Tráfico. Algunas de las hasta 35 medidas que se proponen en el mismo entrarán en vigor ya en 2008. A parte de la medida ya comentada, del resto destacan la elaboración de un catálogo de sanciones que encarecerían las primas de los seguros, el rebaje de la tasa máxima de alcoholemia para conducir moto, un nuevo reglamento para el transporte de bultos, la eliminación de guardarraíles (esto si que me gustará verlo), construcción de señales veticales en PVC o fibra de vidrio, no homologación de los denominados cascos quitamultas (por fin!!)…
También podrían proponerse una prueba de conducción algo decente, que los aspirantes sepan frenar con contundencia y de manera estable, conocer el trazado de curvas más que por los libros, etc. Vamos, lo mismo que muchos venimos pidiendo para el carnet de coche, “saber conducir” de verdad, no “saber aprobar”.


