Citroën “pasa” del Salón del Automóvil de Barcelona, y con razón

Escrito por: Fernando Moreno

13 de Octubre del 2008

Si alguno de vosotros confiaba en poder ver al natural el GT By Citroën en el próximo salón de Barcelona, se va a llevar un tremendo disgusto.

Citroën ha emitido un comunicado de prensa en el que anuncia que no asistirá al próximo Salón del Automóvil de Barcelona, que se celebrará (aunque ya veremos con cuántos expositores) en Mayo de 2009.

Las causas aducidas para justificar esta decisión son fáciles de intuir: recortes de los gastos comerciales debidos a la crisis que sufre el sector del automóvil; además, justificada con la ausencia de nuevos modelos a presentar en el momento de la celebración del certamen.

Una decisión tajante que, desde mi modesto punto de vista, esconde el rechazo a la situación actual que se vive en el negocio de las ferias de muestras, sobre todo si lo que se enseña son vehículos.

Los Salones de automóviles nacieron para mostrar al púbico lo mejor de cada fabricante. Como sucedía en las carreras de coches de antaño, la idea era enseñar el nivel de cada marca, en comparación con la que se exponía al lado. Se trataba de crear imagen de marca, no de vender coches.

Hoy en día, esto ha cambiado. Acudir, como expositor, a este tipo de actos se contempla como una monstruosa campaña de marketing cuyo único fin es vender coches. Para atraer al posible cliente, se gastan auténticas fortunas en espectáculos excesivos, en recepciones superfluas, montajes sin sentido; en definitiva, en marketing exagerado.

Que nadie malinterprete mis palabras. Me parece plenamente válido que las marcas automovilísticas aprovechen cualquier oportunidad para aumentar sus ventas. Y que intenten deslumbrar más que la competencia. Pero en la moderación está la virtud, y me explico…

El problema es que todo esto se ha convertido en una espiral ascendente a la que no había más remedio que poner fin.

Los gerentes de los recintos feriales (que también son un negocio) velan por sus intereses, cobrando cifras desmesuradas por los espacios reservados para exponer las mercancías.

Exhibir automóviles no es lo mismo que enseñar un muestrario de sortijas de oro; hacen falta muchos metros cuadrados, que se cobran a precios monstruosos. Si añadimos los demás gastos (decorados, montadores, panfletos, banderitas, posters, pegatinas, camareros, azafatas, algún famosillo de turno, canapés, botellas de buen vino, hoteles y restaurantes de lujo para los directivos, y demás parafernalia propia de estos “fiestas”) resulta que exhibir un vulgar utilitario sobre una plataforma giratoria sale por una pico. Y. simplemente, no compensa.

Cuando participé en el primer Salón de Madrid (fuí uno de los comerciales honrado por la marca en laque trabajaba para representarla en tan magno evento) descubrí que nuestra misión no era dar a conocer la marca y sus modelos y, de paso, contactar a potenciales clientes para luego poder negociar con ellos en el concesionario. Nuestra única misión en aquella feria era vender (allí mismo) todos los coches que pudiéramos ya que había que amortizar los enormes gastos asumidos por la importadora (y eso que nuestras azafatas eran las que no habían querido los demás).

Por supuesto, los máximos representantes de la empresa (como de las otras) acudieron al evento, pero su único interés estaba en gorronear en los stands de la competencia y perseguir a las azafatas para llevárselas al hotel.

Huelga decir que me vine con las manos vacías (en todos los sentidos): no conseguí vender un solo coche, ni que una sola azafata me dedicara una sonrisa.

Lo de no vender, ni siquiera un utilitario, resultó bastante decepcionante. Pero lo realmente doloroso fue lo de las azafatas: volví a casa con la desgarradora sensación de que no es que no me hubieran mirado, …es que ni siquiera me habían visto.

Así que, al igual que ahora Citroën, yo hace años que paso de los salones de automóviles.

Me temo que la decisión de Citroën tendrá seguidores en otros fabricantes. Los salones españoles de los próximos años tendrán dos alternativas: o realizarse con solo unas pocas marcas expositoras, o hacerse más austeros, más racionales, más asequibles y, con toda probabilidad, más divertidos.

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