
Ahora que tan de moda se están poniendo los vehículos eléctricos, y que el ministro de industria se empeña en hacernos creer que nos vamos a convertir, por arte de magia, en una potencia mundial en este tipo de automóviles, me gustaría recordar uno de los primeros vehículos eléctricos que se construyó en España.
Data de finales de la década de los ´70, y era una furgoneta sobre chasis Avia del tipo 1.250 propulsada por un motor eléctrico.
Fue desarrollada por el Departamento de Vehículos Eléctricos de la Sociedad del Acumulador Tudor, empresa que muchos recordaremos por fabricar las pilas del mismo nombre que dieron vida a muchos de nuestros coches de juguete, o las baterías que servían para arrancar coches de verdad.
La furgoneta de la foto es la unidad número 10 y, al igual que sus antecesoras, estaba destinada al servicio interno de la compañía o como vehículo de mantenimiento para alguna compañía de distribución eléctrica.
Los datos técnicos mostraban las limitaciones propias de estos vehículos (más teniendo en cuenta que estamos hablando de hace 40 años), y que, en menor medida, siguen afectando a los coches eléctricos actuales.
El peso total del vehículo estaba limitado a 1.500 kilos, lo que daba lugar a dos posibles versiones: la “standard” que, con 800 kilos en baterías disponía de una capacidad de carga de 700 kilos, y la de mayor autonomía, con una tonelada en baterías y, por tanto, solo media tonelada de carga.
La versión de “largo recorrido” llegó a realizar trayectos, por carretera, de hasta 110 km de distancia antes de agotar las baterías. Eso sí, a velocidades máximas del orden de 50 km/h.
La autonomía real para el uso al que iba destinada (reparto urbano) se quedaba en unos escuetos 60-65 kilómetros. La recarga de las baterías tardaba 6 horas.
Un interesante intento de la industria española que, como muchos otros de la época, quedó relegado al más absoluto ostracismo ante la pujanza y el “pugilismo” de la industria petrolera.


