
Emilio Pérez Touriño (presidente de la xunta de Galicia), Ernest Benach (presidente del parlamento de Cataluña), Milagrosa Martínez (presidenta de las corte valencianas), Alberto Ruiz-Gallardón (alcalde de Madrid).
Todos ellos tienen en común el ser altos cargos públicos (léase “altas cargas para el erario público”) con una debilidad manifiesta por el Audi A8. Ya se sabe que “todo personaje que consigue un cargo público sufre una irrefrenable atracción por los coches de lujo”.
¿Será que la ambición política y la inclinación por el A8 tienen un origen genético compartido? No lo sé, aunque queda claro que, de ser así, es una herencia genética que no va ligada al sexo, ni a la tendencia política.
Y, ¿qué tiene el Audi A8 que no tengan otras berlinas de su misma categoría? Después de revisar su ficha técnica y su inmensa lista de opciones, no he encontrado nada que pueda marcar la diferencia.
Por tanto, hay que concluir que la coincidencia se debe a la pura casualidad, ya que, casualmente, ninguno de ellos tiene que pagar el coche de su bolsillo, cueste lo que cueste. Lo adquieren (vía compra, leasing, renting o caraduring) con el dinero de los contribuyentes, o sea, de los que estamos hasta los mismísimos de oírles decir que lo mejor es utilizar el transporte público.
Siempre eligen los más caros, lo que en otros modelos más sensatos solía ser la versión GTI, pero que en este caso se basa en el pack de equipamiento JoDeTe.
Foto: Madrididario


