
Ni campañas publicitarias, ni anuncios impactantes en televisión, ni una plaga de radares… la mejor manera de disminuir el número de muertes en el tráfico rodado consiste en, simple y llanamente, subir el precio de los carburantes.
En Francia ya se dieron por enterados este verano, y ahora los ingleses han llegado a la misma conclusión: el precio de los combustibles es inversamente proporcional a la velocidad y sobre todo la agresividad de los conductores, redundando en menos accidentes de tráfico con víctimas mortales. Una mala noticia para el bolsillo que tiene su contrapartida en las estadísticas de siniestralidad.
Las cifras británicas de este verano muestran una disminución de muertos en carretera cercana al 20% en relación al año anterior. El mayor descenso de los últimos 20 años.
Mientras los analistas británicos lo relacionan con la subida del precio de los carburantes, en España siguen haciéndonos creer que todo se debe a los ubicuos radares.



