
Entre los atracciones que empleó Bentley para celebrar su fiesta anual hace unas semanas figuraba un tren compuesto de varios vagones de lujo para agasajar a los clientes con un viaje al estilo Orient Express mientras degustaban exquisitas viandas preparadas el célebre restaurador Anton Mosimann.
La idea resultó todo un éxito, hasta el punto de que Bentley está valorando la posibilidad de contar con un tren de estas características para trasladar a los compradores de un coche nuevo desde Londres hasta la factoría en Crewe a recoger su vehículo.
Una forma muy glamourosa de ir a recoger un auto nuevo. Dos horas y media de ferrocarril con ventanas panorámicas, sillones de esos que abrazan y un menú de cinco tenedores. Toda una experiencia para un cliente típico de Bentley, que no creo que esté muy acostumbrado a viajar en Cercanías.
Aunque sospecho que la hora de la digestión no parece el mejor momento para darle zapatilla a un coche de más de 500 C.V., por mucha flema británica que se tenga.


