De lo que aconteció en la venta de dos coches exactamente iguales
Escrito por: Fernando Moreno
30 de Noviembre del 2008

Permítanme que les cuente una anécdota, por no llamarlo por su verdadero nombre, en la que me ví envuelto durante mi breve etapa laboral como vendedor de coches:
Por casualidades de la vida, dos clientes adquirieron el mismo modelo casi al mismo tiempo. A pesar de mis incuestionables dotes de vendedor, huelga decir que ninguno me lo había comprado a mí.
Ambos coches (mismo color, misma versión, mismo equipamiento, distinto número de chasis) llegaron al concesionaro en el mismo camión portacoches. Se bajaron, se revisaron y se guardaron en la nave junto al taller.
Unos días después se entregaba uno de ellos a su futuro dueño. Se recogió la documentación (depósitada en el banco) y se cursó la orden de taller para que los mecánicos lo sacaran de la nave y realizaran las tareas de pre-entrega.
El viernes por la tarde -la mayoría de coches nuevos se suelen entregar en ese momento- el auto, un “descapotable” de capricho, estaba listo para que su propietario viniera a recogerlo. Regocijo, caras de satisfacción, enhorabuenas y el consabido “que lo disfrute con salud“.
Por motivos que no recuerdo, el segundo coche no se entregó hasta cerca de dos meses después. Cuando llegó el momento, el jefe de ventas me sorprendió ocioso por la exposición y me pidió el favor de sacar el coche de la nave y llevarlo al taller para la consabida pre-entrega.
Con toda diligencia, tomé la documentación del vehículo y me dispuse a llevar el coche ante las hábiles manos de los mecánicos. Antes de arrancarlo, tuve la precaución de contrastar el número que figuraba en los papeles con el que había grabado en el chasis del auto.
Lo han adivinado: para mi sorpresa, los números no coincidían.
Mientras me dirigía al despacho del jefe de ventas, surgió mi verdadero talento natural (agente del CSI) y, con las escasas pruebas de las que disponía, ya era consciente del entuerto: se había entregado el coche equivocado al cliente equivocado.
Durante casi dos meses nadie, ni siquiera el dueño, se había percatado del error. Un error que se podía haber evitado empleando apenas dos minutos de tiempo de un obrero especializado (de esos que no tienen remilgos en cobran 40 ó 50 €uros la hora de mano de obra) en hacer algo tan complicado como levantar el capó y comparar un puñado de números.
Cuando el primer cliente recibió la noticia por teléfono, no salía de su asombro. Pero el disgusto le duró poco: ante el lógico enfado de haber circulado durante todo ese tiempo en un vehículo con la documentación “falsa” se imponía el sorpresivo “honor” de poder estrenar dos coches por el precio de uno.
Esa misma tarde le llevé el auto nuevo hasta la puerta de su domicilio, sustituí las placas de matrícula intentando balbucear alguna excusa convincente (manda huevos, tener que disculparme por los errores de los demás) y volví al concesionario con la capota puesta a pesar de que hacía un sol radiante. Asomando insidioso entre los aros del volante, el odómetro confesaba que el coche había recorrido ya más de 8.000 kilómetros.
Sin tiempo que perder, el auto se llevó a una empresa especializada en limpieza de automóviles para eliminar todo rastro de que ya estaba usado. Si no recuerdo mal, la sesión de rejuvenecimiento costó algo más de 40.000 pesetas (esto ocurrió hace 10 años).
Los mecánicos desmontaron, con lógica pericia, el cuadro de mandos. Alguien lo llevó a no sé que oscura nave industrial. Al día siguiente lo enviaron de vuelta, y según el cuentakilómetros electrónico, el coche que lo iba a recibir solo había dado la vuelta a la manzana.
Ese viernes, mientras el vendedor responsable se disponía a entregar el coche a su “nuevo” propietario (que en ningún momento sospechó que se llevaba un coche usado), opté por esconderme en un bar cercano. A cada rato, comprobaba mi reflejo en un espejo que habría tras la barra, convencido de que en mi frente se podía distinguir, sin género de dudas, un 8 seguido de tres ceros. Y estoy seguro de que el camarero también los vió…




on Diciembre 1st, 2008 8:08 pm
Impresionante anécdota! me gustaría poder reproducirla en mi blog siempre y cuando me des permiso claro…
on Diciembre 1st, 2008 10:36 pm
Que bueno!!
Aunque…yo conozco a uno que se compró un coche, se lo dieron con un número cambiado en la matrícula y se enteró en la primera ITV (sisi, varios años después)
Me pregunto cómo se lo habría explicado a la policía si alguna vez en todo ese tiempo le hubieran parado…
on Diciembre 2nd, 2008 6:08 am
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