Si el descenso del 49,6% de las ventas de turismos en noviembre supuso una de las peores noticias de la historia del mercado automovilístico español, ahora tenemos también los datos de las ventas de vehículos comerciales, que creo, son aún más importantes para entender la verdadera magnitud del problema económico al que nos enfrentamos.
En la web de ANFAC se puede ver que las ventas de vehiculos comerciales en noviembre cayeron nada menos que un 62,7% respecto al mismo mes del año pasado. El acumulado anual (y solo nos queda diciembre) es de 156.790 matriculaciones, un 37,4% menor que el año pasado.
La cifra es, en términos absolutos, mucho menos importante que el número de turismos vendidos (un millón de unidades). Pero hablamos de vehículos concebidos como herramienta de trabajo; por tanto, su disminución muestra, con mucha más claridad, el enlentecimiento de la actividad económica en el país.
Sin embargo, nos dejamos llevar por las noticias que aparecen en los medios de comunicación, que dan la sensación de que las únicas víctimas de esta hecatombe son los bancos y los fabricantes de coches.
Estos desplomes en las ventas de furgonetas merecen un capítulo aparte, porque no hay duda de que es menos preocupante que una madre de familia no pueda disponer de un coche nuevo para llevar a los niños al cole a que un negocio familiar (la mayoría de este país) no pueda permitirse tener al día sus vehículos de trabajo.



