
El gobierno alemán ha reaccionado de forma muy diferente al español a la hora de intentar aumentar las ventas de automóviles.
Mientras en España, con el paciente al borde del coma irreversible, todavía se preguntan si financiarle un
electroshock o regalarle una transfusión de sangre, los alemanes, al primer estornudo (las ventas en Alemania han descendido menos de un 2%), han echado mano de un mdicamento tan eficaz como la ayuda directa antes de que el paciente empeore.
El plan contempla una ayuda de 2.500 €uros por la compra de un coche que cumpla la normativa de emisiones de gases Euro-IV y vaya acompañada de la baja y achatarramiento de un vehículo de 9 ó más años de antigüedad. Así de fácil.
Los cálculos hablan de que la medida aumentará en unas 200.000 las matriculaciones previstas para este año.
Pero ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos, y las primeras críticas (algo surrealistas) no se han hecho esperar.
Algunos políticos califican la medida como un “programa coyuntural para Asia o Eslovaquia” ya que no ayuda a los consumidores alemanes a adquirir los caros modelos de la producción nacional.
La federación alemana de criminalistas (BdK) advierte, por su parte, de que la medida puede convertirse en una invitación para los falsificadores del crimen organizado de Europa del Este, interesados en maquillar documentaciones de coches viejos para poder beneficiarse de las ayudas.
Sea como fuere, Alemania ya se ha puesto las pilas para proteger a su querida industria automovilística. Y lo hace por el único camino lógico: ayudando al cliente de forma directa, sin malabares financieros.



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