
La marca de lujo por excelencia de las tierras británicas tiene preparado un capricho para la gente adinerada. Poder conducir un Rolls-Royce sin necesidad de chófer y además, según el fabricante, de forma ágil, pero sin perder un ápice de elegancia. Todo lo ágil que pueda ser un coche de 5,4 metros de largo. Está claro que para callejear por el casco antiguo no lo han diseñado.
Lo que sí encontraremos en un coche amplio basado en la serie 7 de BMW que, aunque no utilicen la misma plataforma, comparten un 20% de los componentes. Es un Rolls-Royce moderno, una adaptación a los tiempos que corren del clasicismo que caracteriza a la marca. Eso sí, nada de propulsores alternativos, todo un V12 bajó el capó para un coche de alrededor de 5000kg. Eficiencia y contención no están en el diccionario de la fábrica de Goodwood.
Detalles casi inamovibles como la parrilla o las puertas de tipo suicida están presentes también en este concept car conocido hasta ahora como RR4, así como la pintura bitono, la doble salida de escape o las luces tipo LED, que le dan un aire más desenfadado. Lástima que no se hayan mantenido las lineas que trazaban los bocetos en la trasera y se acabaran decidiendo por un acabado más conservador. Tendremos que esperar quizás una decada más para ver algo rompedor por parte de Rolls-Royce.
En el interior, podemos apreciar multitud de equipamiento, como el limitador de velocidad, luces automáticas, volante multifuncional, equipo de CD, climatizador dual y un selector similar al i-Drive de BMW. Todo aderezado con madera e inserciones color negro piano, además de un feeling analógico de última tecnología, ya que a simple vista no hay ninguna pantalla ni indicador LCD.












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