Los chicos de Top Gear siempre dicen que no se es un verdadero amante de los coches si nunca has tenido un Alfa, y yo subo la apuesta: no se es un multimillonario loco por los coches si no se tiene al menos un Aston Martin en el garaje.
Potencia. Belleza. Alma.
Cada vez que enciendes un Vantage te vas a encontrar con las palabras “Power”, “Beauty”, “Soul” bien puestas en el cuadro, y eso mismo es lo que nos ofrece la marca que para mí hace los coches más bonitos del mundo.
Es cierto que quizás a veces pecan de falta de dinamismo, pero por norma general esas tres palabras se cumplen a la perfección y un Aston es una experiencia única, verdaderamente a otro nivel con respecto a muchos de sus rivales.
El V12, la clave
El Vantage original desarrollaba 380 CV con ocho cilindros, pero el modelo con motor V12 es que nos interesa de verdad. Es exactamente el mismo que el de su hermano DB9, lo que le permite acelerar de 0 a 100 en 4,1 segundos, así como superar los 300 Km/h de velocidad máxima.
Quizás el exceso de aislamiento y confort que nos propone el Vantage hace que los casi 1800 kg que pesa en vacío resulten excesivos, pero no nos podemos olvidar que se trata de un verdadero tanque, precioso por fuera -excelso si no fuera por el horrible capó- y atemporal por dentro.





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