Todos sabemos el revuelo que hay alrededor del mundo por la crítica situación de los precios y la distribución de la gasolina; el mismo revuelo que hay cada vez que hay alguna situación política inestable en el oriente medio o algún país de madurez frágil (pero amplias reservas de crudo) cambia de administración.
Pues bien, parece que los americanos no aprendieron de la crisis de la gasolina de los 70 y solo de un par de años para acá se han preocupado por dejar de hacer inútiles motores de 5 litros para uso urbano y buscar una alternativa barata y ecológica.
Parece mentira que en un mundo que se llena la boca por los logros de la globalización la industrias se congratulen al establecer como meta a mediano plazo (para 2025, segun la publicación U.S News) que se pueda adquirir coches en EE.UU. que tengan un consumo de 3.92 l a los 100 (o 60 millas por galón, hablando en yanqui), o lo que es igual decir, lo mismo que consume un sencillo Volkswagen Polo TDI 1.4 de 80 caballos que se venden a día de hoy los concesionarios de su pueblo o ciudad, amigo lector, y que no cuentan con ningún artilugio futurista, ni motorización hibrida ni carrocería de fibra de carbono.
Y lo más curioso es que esta iniciativa de buscar la “súper eficiencia de combustible” esta tomada a nivel gubernamental hasta el punto de destinar partidas para el desarrollo de estas industrias.
Aquí surgen preguntas como ¿Por qué no simplemente comercializan coches pequeños y prácticos? ¿Para qué esperar década y media por una tecnología que es común en toda Europa desde hace más de un lustro? Y, uno de los aspectos más importantes a mi parecer, ¿Por qué se burlan de la inteligencia del consumidor?




