
Menuda carrera más extraña la que hemos vivido durante el día de hoy en el fantástico circuito de Hungaroring, con sorpresas que nadie esperaba y que nos dieron diversión a raudales.
Viva el agua
En la Fórmula 1 de hoy en día que llueva es sencillamente una bendición para el espectador. Más adelantamientos, más errores, más salidas de pista y más dudas en las estrategias, lo que acaba desembocando en un más espectáculo que a nosotros es lo que nos interesa.
Fernando Alonso terminó tercero, gracias a una carrera decente que solo estuvo empañada por algún error en el pilotaje, pero más o menos en la línea del resto de pilotos bajo estas condiciones.
Por su parte, Button hizo una carrera fantástica y se aprovechó de que Hamilton tiró a la basura su ventaja con un cambio inexplicable de neumáticos -puso intermedios sin haber suficiente agua- y con una penalización por recuperar un trompo poniendo en peligro a un Force India.
El campeón del mundo actual se preocupó de no meterse en líos, y hace bien, ya que con esa táctica lo tiene muy bien para ganar el mundial. Parece que alguien le ha dado tres o cuatro buenos consejos.


