Créditos estatales multimillonarios para los fabricantes norteamericanos

Los tres grandes fabricantes de Estados Unidos (General Motors, Chrysler y Ford) han tenido más suerte que los bancos a la hora de pedir limosna al congreso.

Ellos también se durmieron en los laureles del éxito industrial y no se percataron de la que se les venía encima. Ellos tampoco mostraron preocupación por el medio ambiente, la contaminación, el despilfarro de recursos energéticos, etc. y siguieron a su bola fabricando lo único que saben hacer: coches inmensos con motores inmensos y consumos desmesurados.

Pero el congreso sí ha escuchado sus plegarias y les ha ofrecido ayuda financiera por valor de 25 mil millones de dólares (la mitad de lo que ellos pedían) para que adapten sus factorías a la fabricación de coches más sensatos.

Los fabricantes ya habían recibido el visto bueno a su petición el año pasado, pero aún quedaban puntos por concretar. Frente al plazo de 2 meses que habían solicitado, el gobierno ha dado un margen de entre 6 y 18 meses, tal y como informaba el “Wall Street Journal” este fin de semana.

La caída en picado de las ventas de los Big Three de Detroit los coloca en una situación delicada: por fin se han dado cuenta de que necesitan con urgencia desarrollar vehículos más ahorradores e incluso movidos por energías alternativas, pero sus arcas no están en condiciones de asumir los costes de su reestructuración.

El “liberal” mercado financiero norteamericano solo estaba dispuesto a conceder los créditos a cambio de elevados intereses, en vista de las sospechas de insolvencia y riesgo de bancarrota que acechan a los tres grandes consorcios automovilísticos.

Pero “papá estado” ha corrido a solucionarles la papeleta, concediéndoles créditos subvencionados para que puedan poner la casa en orden. Los ciudadanos, con sus impuestos, salvarán el culo de los grandes ejecutivos, esos que siempre consiguen mantenerse a flote aunque el barco se esté hundiendo.

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