La razón del sinrazón

Llega la semana santa, llegan las primeras vacaciones del año, llegan los atascos y llegan, desgraciadamente, las nuevas cifras de víctimas en carretera. No nos asustemos, los estudiosos del tema de la DGT ya han dado con la solución; mínima velocidad, poca potencia, mucho temor a perder los puntos y poca enseñanza.

Desgraciadamente, quienes han diseñado las políticas de la DGT han mirado muy poco sus propias estadísticas o, en el peor de los casos, las han obviado. Según los datos de accidentes de la Dirección General de Tráfico, el porcentaje de accidentes con víctimas mortales en los que se superaban los límites de velocidad se ha situado, durante los últimos diez años -sin contar el 2006, que aún no está disponible- en un 4% aproximadamente. Sin embargo, la conducción desatenta o distraída ha estado presente, en el mismo período, en más de un 20% de los accidentes.

Decididamente somos nosotros, como conductores, los que tenemos que responsabilizarnos y realizar una conducción segura y atenta, señalizar las maniobras, poner los cinco sentidos en la conducción y recordar que, para bien o para mal, la conducción es la tarea más peligrosa que la inmensa mayoría de los habitantes de las sociedades civilizadas realizamos a diario. Los muertos en la carretera son siempre una tragedia, aunque hemos de recordar que la total desaparición de las víctimas es una utopía socialmente atractiva y virtualmente imposible.

Por otra parte, intentar echar todas las culpas sobre los conductores no es sólo una mentira, también es una hipocresía cuando no se hace nada con los puntos negros, cuando las señalizaciones siguen siendo defectuosas, cuando la atención médica en carretera tarda muchísimo más que en otros países desarrollados, cuando los motoristas deben hacer manifestaciones sangrientas para recordar que una caída tonta en moto puede asemejarse a la guillotina. Y encima nos quitarán los puntos por conducir a 150 en vías de cuatro carriles y sin tráfico porque, a pesar de que dicha acción no sea punible en otros países donde hay muchas menos víctimas en carretera aquí, a 150, no se salva nadie…

Seamos sensatos y, sobre todo, razonables. No se trata de permitir a cualquiera que circule a la velocidad que le dé la gana, sino de adecuar la legalidad a la realidad. Existen muchos puntos (que desgraciadamente suelen coincidir con los lugares donde se sitúan los radares) donde superar la velocidad legal no sólo es razonable sino, por el bien de la atención al volante y por tanto de la seguridad, recomendable.

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