El FBI incauta una millonaria colección de MotoGP a un narco canadiense

  • El FBI y las autoridades mexicanas decomisan cerca de 50 motos de competición valoradas en unos 40 millones de dólares.
  • La colección se atribuye a Ryan James Wedding, exatleta olímpico canadiense y uno de los diez fugitivos más buscados por el FBI.
  • Entre las motos figuran prototipos de MotoGP y mundial de velocidad de Rossi, Márquez, Lorenzo, Dovizioso o Capirossi.
  • Estados Unidos ofrece hasta 15 millones de dólares por información que lleve a la captura de Wedding, acusado de narcotráfico y homicidio.

La afición por las motos de competición ha quedado ligada en esta ocasión a una de las grandes operaciones contra el crimen organizado de los últimos tiempos. Las autoridades mexicanas, junto al FBI y a cuerpos policiales de Estados Unidos y Canadá, han localizado e incautado una espectacular colección privada de motos de MotoGP y del mundial, escondida en un garaje en México y valorada en torno a los 40 millones de dólares.

El hallazgo ha causado un enorme impacto entre los aficionados al motociclismo en España y en toda Europa, porque entre las cerca de 50 motos decomisadas hay piezas históricas pilotadas por figuras como Valentino Rossi, Marc Márquez, Jorge Lorenzo o Andrea Dovizioso. Todo este «museo» rodante se vincula a Ryan James Wedding, exdeportista olímpico canadiense, hoy considerado uno de los criminales más peligrosos del continente.

Una operación internacional que acaba en un garaje de México

Según ha explicado la oficina del FBI en Los Ángeles a través de un comunicado publicado en la red social X, la incautación se produjo tras la ejecución de varias órdenes de registro en territorio mexicano. En la operación participaron las autoridades de México, el propio FBI, la Policía Real Montada de Canadá (RCMP) y el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD).

El mensaje difundido por el FBI detalla que, durante este mes, los agentes mexicanos realizaron múltiples cateos y se hicieron con una gran cantidad de motocicletas con un valor estimado de aproximadamente 40 millones de dólares. Las motos se encontraban almacenadas en un garaje, apiladas sin demasiado cuidado y con un mantenimiento aparentemente deficiente, algo que ha sorprendido incluso a expertos del sector dada la relevancia de algunas de las unidades.

La agencia estadounidense sostiene que la colección pertenecería a Ryan James Wedding, incluido en la lista de los diez fugitivos más buscados. La operación, subraya el comunicado, es fruto de una larga investigación conjunta y de la cooperación policial entre tres países.

Una colección de ensueño con motos de Rossi, Márquez y Lorenzo

Más allá del trasfondo criminal del caso, lo que ha disparado el interés público es la dimensión deportiva de la colección. En las imágenes difundidas por el FBI se puede ver un auténtico muestrario de motos de Gran Premio de las últimas décadas, muchas de ellas asociadas a éxitos mundiales.

Entre las joyas más reconocibles destaca la Moto2 con la que Marc Márquez se proclamó campeón del mundo en 2012, uno de los hitos que marcaron el salto del piloto español a la élite absoluta del motociclismo. También aparece una Aprilia de 125cc con la que Valentino Rossi conquistó el título del octavo de litro a finales de los noventa, pieza muy valorada por los coleccionistas europeos.

Las vitrinas improvisadas del garaje escondían además varias Ducati Desmosedici oficiales de MotoGP, pilotadas en su día por figuras de la talla de Valentino Rossi, Jorge Lorenzo, Andrea Dovizioso, Loris Capirossi o Andrea Iannone. Algunas de estas motos corresponden a campañas icónicas de la marca italiana, muy seguidas por los aficionados españoles durante la época en la que Lorenzo y Dovizioso peleaban por el título frente a Honda y Yamaha.

En diversos reportes también se mencionan otras máquinas de altísimo valor histórico y deportivo: modelos de Superbikes como Kawasaki ZX-7R de finales de los 90, varias Ducati 916/996/998, unidades de Honda VFR750R RC30 y distintas superbikes japonesas de competición, además de motos de grandes nombres del paddock mundialista como Dani Pedrosa. Para cualquier coleccionista europeo, esta selección supone un catálogo casi irrepetible.

Un fugitivo olímpico acusado de narcotráfico y homicidio

El propietario de esta colección, siempre según las autoridades, sería Ryan James Wedding, un exatleta olímpico canadiense especializado en snowboard que llegó a competir en los Juegos de Invierno representando a su país. Su nombre, sin embargo, ha dejado de asociarse al deporte para pasar a formar parte de los grandes expedientes del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Los documentos oficiales atribuyen a Wedding un amplio abanico de delitos graves. Entre los cargos figuran conspiración para distribuir y poseer cocaína con intención de distribuirla, conspiración para exportar cocaína, blanqueo de capitales, así como conspiración para manipular y tomar represalias contra testigos, víctimas o informantes. Las autoridades estadounidenses también le señalan por conspiración para cometer homicidio en el marco de una organización criminal dedicada al narcotráfico.

Diversos responsables de la justicia norteamericana han descrito a Wedding como presunto líder de una de las redes de narcotráfico más prolíficas y violentas del mundo. Se le considera, además, uno de los principales distribuidores de cocaína en Canadá y se le vincula con el asesinato de un testigo federal que colaboraba en un caso en su contra, según han explicado fuentes oficiales en Estados Unidos.

Recompensa millonaria por información sobre Wedding

Pese al éxito de la operación contra su patrimonio, Ryan James Wedding sigue en paradero desconocido. El FBI mantiene activo un amplio dispositivo de búsqueda y ha reforzado el llamamiento a la colaboración ciudadana en Norteamérica y a nivel internacional.

En su comunicado, la agencia recuerda que existe una recompensa de hasta 15 millones de dólares —unos 12 o 13 millones de euros al cambio— por cualquier información que conduzca a su localización, arresto o posterior condena. El organismo insta a quienes dispongan de datos relevantes a contactar a través de sus canales oficiales: oficinas locales del FBI, embajadas o consulados de Estados Unidos, así como las vías telemáticas habilitadas en su portal de recepción de pistas.

En el mensaje difundido en X, el FBI ha acompañado el texto con fotografías del interior del garaje mexicano, donde se aprecia el medio centenar de motos apretadas entre sí, algunas con signos de uso intenso y otras aparentemente en mejor estado. Para muchos especialistas, la sola imagen del conjunto permite hacerse una idea del extraordinario valor económico y simbólico de la colección.

El lado oscuro del mercado de la memorabilia de MotoGP

El caso ha servido para poner de nuevo el foco en el mercado de la memorabilia del motorsport, un sector cada vez más activo también en Europa. En este ámbito se comercializan motos, cascos, monos, guantes, piezas de motor y todo tipo de material original empleado en competición, tanto en MotoGP como en otras categorías.

Marcas como Ducati y la propia organización de MotoGP cuentan con canales oficiales para la venta de prototipos y material histórico, de forma controlada y trazable. Aun así, los precios que se manejan, aunque altos, suelen estar por debajo de los que se ven en la Fórmula 1, donde las subastas de monoplazas y equipamiento mueven cifras desorbitadas.

Paralelamente, los expertos advierten de la existencia de un mercado negro en el que se negocian piezas especialmente codiciadas, similar a las subastas vinculadas al narcotráfico. En ese entorno menos transparente es donde encajaría una colección como la de Wedding, compuesta en buena parte por motos oficiales de fábrica, campeonas del mundo o asociadas a pilotos legendarios, cuyo origen legal resulta, como mínimo, difícil de justificar.

La forma en que estas motos llegaron a manos del fugitivo sigue sin aclararse. No se ha hecho público si las adquirió a través de intermediarios, subastas privadas o mediante operaciones ilícitas. Lo que sí queda patente es que la incautación ha revelado hasta qué punto el coleccionismo de alto nivel puede entrelazarse con redes de blanqueo y financiación del crimen organizado, algo que preocupa a los organismos internacionales y a las propias marcas implicadas.

Impacto para los aficionados europeos y futuro de las motos incautadas

En Europa, donde el seguimiento de MotoGP y del mundial de velocidad es masivo, especialmente en países como España e Italia, la noticia ha generado reacciones encontradas. Por un lado, muchos aficionados se muestran fascinados por la concentración de motos míticas en un mismo lugar; por otro, existe una sensación de disgusto al comprobar que piezas tan valiosas hayan terminado ocultas en un garaje vinculado a un presunto narcotraficante.

Fuentes cercanas a la investigación señalan que, ahora que las autoridades han asegurado la colección, se abre un debate sobre qué hacer con estas motos. Entre las posibilidades que se barajan en este tipo de casos figuran su conservación como prueba judicial mientras duren los procesos, su eventual subasta pública una vez resueltos los procedimientos o, en escenarios menos deseados para los aficionados, su destrucción si se considera que su mantenimiento o comercialización podría estar legalmente comprometido.

En el ecosistema europeo del coleccionismo, no se descarta que, si las motos acaban en una puja legal, grandes museos, marcas y coleccionistas privados de España, Italia, Reino Unido o Alemania se interesen por recuperar parte de este patrimonio deportivo. La posibilidad de que un equipo oficial o una marca trate de recomprar algunos de sus prototipos históricos también sobrevuela las conversaciones informales del paddock.

Mientras se decide el destino final de las motos, el caso deja una estampa difícil de igualar: cerca de medio centenar de máquinas únicas, campeonas del mundo y símbolos de una era dorada del motociclismo, decomisadas de golpe en un operativo antidroga internacional. Lo que para muchos aficionados sería una colección de ensueño, se ha convertido para las autoridades en la prueba más visible de hasta dónde llega el alcance económico y simbólico de las organizaciones criminales.

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