El ruido del circuito de F1 de Madrid desata la protesta vecinal

  • Las pruebas de Fórmula 3 en Madring registran una media de 102,7 decibelios, muy por encima del límite residencial de 55.
  • La plataforma Stop F1 Madrid denuncia que el ruido se percibe 27 veces más fuerte de lo permitido y prepara denuncias judiciales.
  • Los vecinos de Hortaleza y Valdebebas sufren molestias por el ruido, las obras y los cortes de tráfico desde hace meses.
  • El Gran Premio de España se celebrará del 11 al 13 de septiembre con un contrato de diez años, lo que preocupa a los residentes.

Las primeras pruebas de rodaje en el circuito Madring, que acogerá el Gran Premio de España de Fórmula 1, han encendido todas las alarmas entre los vecinos de los barrios colindantes. Los monoplazas de Fórmula 3 que estuvieron toda la semana pasada rodando a puerta cerrada han generado un estruendo que, según las mediciones de la plataforma Stop F1 Madrid, alcanza niveles muy superiores a los tolerados en zonas residenciales. Los residentes de Hortaleza, Valdebebas y otras áreas próximas a Ifema ya han comprobado que el ruido es «insoportable» y que la convivencia con el circuito será complicada.

La plataforma vecinal, que agrupa a colectivos como Ecologistas en Acción, ha difundido datos recogidos con un sonómetro calibrado instalado a la altura del número 14 de la calle Francisco Umbral, a escasos metros del trazado. Según su comunicado, a las 10:52 horas del lunes 24, cuando solo circulaban cinco coches de F3, se registró una media de 102,7 decibelios ponderados A, con picos máximos de 107,7 y un pico absoluto de 109,1. Estas cifras superan con creces el límite diurno de 55 decibelios establecido por la ordenanza municipal para el exterior de las viviendas.

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Un ruido 27 veces más fuerte de lo permitido

La organización vecinal ha explicado que, al tratarse de una escala logarítmica, esa media de 102,7 dBA equivale a una intensidad energética casi 59.000 veces superior al límite legal y se percibe aproximadamente 27 veces más fuerte. «Es un ruido espantoso», resume Constantino Bueno, portavoz de Stop F1 y vecino de Hortaleza. Los afectados aseguran que el sonido se escucha en un radio de varios kilómetros y que ha llegado a colarse en la Ciudad del Real Madrid, donde los jugadores del club blanco pudieron oír los motores durante su entrenamiento.

Estas mediciones no son oficiales ni homologadas, pero la plataforma tiene previsto instalar sensores con todas las garantías técnicas durante el fin de semana del Gran Premio, del 11 al 13 de septiembre, para recopilar pruebas que respalden las denuncias que preparan. El objetivo es demostrar que el circuito, que tiene contrato para albergar la F1 durante al menos diez años, es incompatible con la vida en los barrios próximos. «Será la Justicia la que determine si puede convivir con las viviendas», advierte Bueno.

Molestias que van más allá de los días de carrera

Los vecinos denuncian que el problema no se limita a los tres días de competición. El montaje y desmontaje de las infraestructuras, que comenzó en abril y se prolongará previsiblemente hasta octubre, ha generado cortes de tráfico, ocupación de viales, polvo y ruido constante durante meses. Muchos residentes aseguran que teletrabajar es imposible y que se sienten «encerrados» por las restricciones de movilidad. «Teletrabajamos en casa y evitamos los atascos, o nos vamos porque en casa es insoportable», explica Bueno.

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La situación preocupa especialmente de cara al inicio del curso escolar el próximo 7 de septiembre, cuando los niños de Educación Infantil comenzarán su periodo de adaptación. La plataforma teme que los más pequeños tengan que afrontar sus primeros días de colegio en un entorno «hostil» por las obras, el tráfico y el ruido. Además, señalan que barrios como Las Cárcavas, donde viven unas 10.000 personas, ven condicionados sus accesos por el trazado y las restricciones de circulación.

Escepticismo ante los beneficios económicos

Stop F1 Madrid también cuestiona que el Gran Premio vaya a suponer un beneficio económico real para el comercio local. Aunque Ifema prevé un aforo de unos 120.000 espectadores y que 350.000 personas pasen por el circuito durante el fin de semana, los vecinos recuerdan que en Las Cárcavas apenas hay una farmacia, un bar, una peluquería y una charcutería. Los asistentes dispondrán de oferta propia dentro del recinto y en otras zonas de Valdebebas, por lo que el impacto en los pequeños negocios será mínimo.

También rechazan la idea de que los residentes deban alquilar sus viviendas como alojamientos turísticos durante el evento. «Un hogar no se monetiza», defiende Bueno. En cuanto al transporte público, consideran insuficientes las alternativas para la zona norte del circuito, donde operan principalmente dos líneas de autobús y una estación de Cercanías (Valdebebas) que consideran poco accesible.

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Recursos judiciales y oposición vecinal

La plataforma mantiene dos recursos judiciales contra la modificación del Plan Parcial y contra la licencia urbanística que permiten la construcción del circuito. Bajo el lema «Nuestros barrios no son circuito», la organización asegura que continuará agotando todas las vías legales para frenar lo que consideran un «despropósito urbanístico y medioambiental». Entre otras quejas, denuncian la desaparición de más de 700 árboles en las inmediaciones del trazado y la pérdida de carriles de circulación.

El Ayuntamiento de Madrid, por su parte, defiende que las pruebas de F3 son «imprescindibles» para la homologación del circuito por parte de la FIA y que todas cuentan con licencia municipal y autorización específica en materia de ruido. El delegado de Urbanismo, Borja Carabante, ha asegurado que los ensayos se desarrollan en el escenario acústico más desfavorable, ya que los coches de F3 generan más ruido que los de F1, una afirmación que contrasta con la opinión de los vecinos, que temen que los monoplazas de la máxima categoría sean aún más ruidosos.

Con el Gran Premio a la vuelta de la esquina, la tensión entre los promotores del evento y los residentes no deja de crecer. Los vecinos se preparan para un fin de semana que consideran «el mayor desastre que Hortaleza ha sufrido», mientras las administraciones confían en que el evento genere un impacto positivo para la ciudad. Lo que está claro es que el ruido se ha convertido en el principal campo de batalla de una polémica que promete alargarse durante los próximos años.

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