El comportamiento real de las baterías de los coches eléctricos sigue bajo la lupa de conductores, flotas y fabricantes, especialmente en un contexto de crecimiento del vehículo eléctrico en España y Europa. Un análisis reciente de datos telemáticos a gran escala señala que la degradación media anual se sitúa en torno al 2,3%, una cifra algo más alta que la registrada en el informe anterior, pero todavía dentro de márgenes considerados razonables.
Este nuevo dato llega tras comparar varios años de información de uso real y apunta a que el principal responsable del ligero incremento no es un empeoramiento de la tecnología, sino un cambio en los hábitos de carga, con un uso mucho más habitual de la recarga rápida de alta potencia. Aun así, los resultados indican que las baterías modernas mantienen un rendimiento sólido durante gran parte de la vida útil del vehículo, tanto en coches particulares como en flotas profesionales.
Un estudio masivo con más de 22.700 coches eléctricos…

El análisis lo firma Geotab, empresa especializada en soluciones de vehículos conectados y gestión de activos, que ha cruzado datos reales de más de 22.700 vehículos eléctricos de 21 marcas y modelos. Estos coches se han seguido durante varios años mediante información telemática agregada, lo que permite obtener una radiografía bastante precisa del envejecimiento de las baterías en condiciones de circulación cotidiana.
Frente a los resultados del informe previo, que situaba la degradación media anual en torno al 1,8%, la actualización eleva la cifra hasta aproximadamente un 2,3% al año. Es decir, un incremento de unas cinco décimas que Geotab relaciona con una utilización más intensiva del vehículo y un mayor peso de las sesiones de carga rápida en corriente continua en la operación habitual.
Desde la compañía subrayan que, pese a este aumento, las baterías continúan superando con creces los ciclos de sustitución previstos por la mayoría de las flotas. Según Iván Lequerica, vicepresidente de EMEA en Geotab, la salud de las baterías sigue siendo «sólida» incluso cuando los coches se cargan más rápido y se usan de forma más exigente.
Qué significa una degradación del 2,3% al año en la práctica…

La llamada degradación de la batería es un proceso químico inevitable: con los años, disminuye la energía que las celdas pueden almacenar. Este desgaste se mide mediante el estado de salud (State of Health, SOH), que arranca en el 100% y se va reduciendo con el paso del tiempo y el uso.
Si se toma como ejemplo una batería de 60 kWh, un SOH del 80% implica que, en la práctica, ofrece una capacidad útil de unos 48 kWh reales. Con una degradación media del entorno del 2,3% anual, tras unos ocho años la batería conservaría todavía algo más del 80% de su capacidad inicial, una cifra que encaja con las garantías de muchos fabricantes en Europa, que suelen cubrir alrededor del 70% de capacidad durante 8 años o 160.000 kilómetros.
Los datos reunidos por Geotab muestran que, aunque hay diferencias entre modelos, patrones de uso y formas de cargar, la mayor parte de las baterías actuales siguen siendo plenamente aptas para el uso diario más allá de los plazos habituales de propiedad. De hecho, muchos vehículos analizados mantienen niveles de capacidad superiores al 80% incluso una vez superados los 200.000 kilómetros, algo especialmente relevante para las flotas comerciales y de servicios públicos en España y el resto de Europa.
La potencia de carga: el factor que más acelera el desgaste…

Entre todas las variables operativas estudiadas, la que más peso tiene en la salud de la batería es la potencia de carga utilizada de forma habitual. Los coches que recurren con frecuencia a carga rápida en corriente continua (DC) por encima de 100 kW registran una degradación sensiblemente mayor, que puede situarse de media en torno al 3% anual.
En el otro extremo se sitúan los vehículos que cargan principalmente en corriente alterna (AC) o en puntos de menor potencia, por ejemplo en casa o en el trabajo. En estos casos, el estudio sitúa la degradación media en torno al 1,5% por año, casi la mitad que en los escenarios de uso intensivo de la carga ultrarrápida. Esta diferencia, aparentemente pequeña a corto plazo, marca una brecha apreciable en el rendimiento a largo plazo si se piensa en periodos de ocho, diez o más años.
La conclusión que extraen los autores del informe es que la carga rápida es una herramienta muy útil —especialmente en viajes largos o para flotas que necesitan mantener el vehículo en servicio el máximo tiempo posible—, pero convertirla en la forma habitual de recarga tiene un coste en términos de envejecimiento de la batería. El propio Lequerica incide en la importancia de buscar un «equilibrio» y utilizar la menor potencia de carga que permita cubrir las necesidades operativas, de forma que se reduzca el desgaste sin comprometer la disponibilidad del coche.
Clima y uso intensivo: cuánto influyen realmente…

El estudio también analiza el papel de otros factores, como el entorno climático. Los datos confirman que los vehículos que operan en regiones de clima cálido sufren un desgaste algo mayor que aquellos que circulan en zonas templadas. La diferencia media ronda un 0,4% anual adicional, una cifra apreciable pero no tan determinante como la elección del tipo de carga.
En cuanto a la intensidad de uso, los coches que recorren más kilómetros o pasan más horas en carretera muestran una degradación ligeramente superior, de alrededor de un 0,8% extra al año con respecto a los vehículos con menor rodaje. Pese a ello, el impacto se considera asumible si se compara con las ventajas económicas y operativas de mantener el vehículo en servicio, algo crucial para empresas de reparto, taxis, servicios municipales o compañías de renting en mercados como el español.
En la práctica, estos datos sugieren que ni el clima ni el uso intensivo, por sí solos, convierten a la batería en un elemento problemático siempre que se apliquen estrategias de carga razonables y se eviten condiciones extremas de forma prolongada.
¿Es necesario ser extremadamente estricto con la carga diaria?

Otro de los puntos interesantes del análisis es que pone matices a las reglas más rígidas sobre carga diaria que se han popularizado en los últimos años. Los datos de Geotab indican que los coches que utilizan un rango amplio de porcentaje de batería —sin ceñirse siempre, por ejemplo, a un tope fijo del 80%— no presentan una degradación significativamente mayor.
Las excepciones se dan cuando el vehículo permanece de forma reiterada y durante largos periodos muy cerca del 100% de carga o, en el lado contrario, cuando se deja bajar con frecuencia a niveles cercanos al 0%. es lo que más castiga a las celdas, algo que tanto fabricantes como expertos aconsejan evitar en la medida de lo posible, también en España donde muchos coches duermen en la calle y están más expuestos a temperaturas extremas.
Incluso en el caso de los vehículos con uso más intensivo, la diferencia de desgaste —ese ~0,8% extra al año— se considera aceptable frente a los beneficios en términos de productividad y coste por kilómetro. Para muchas flotas, disponer de datos telemáticos detallados sobre el estado de la batería les permite ajustar mejor la rotación de vehículos y las pausas de carga.
Recomendaciones para ralentizar la degradación de la batería…

Los fabricantes señalan que los hábitos diarios influyen directamente en la vida útil de la batería y recomiendan evitar la exposición prolongada a temperaturas extremas. El frío intenso y el calor elevado aceleran el envejecimiento químico, por lo que conviene aparcar en garaje o zonas protegidas. En verano, mantener el coche enchufado puede ayudar a que el sistema de gestión térmica enfríe la batería, algo clave para el coche eléctrico en regiones con olas de calor cada vez más frecuentes.
En cuanto a la carga de vehículos eléctricos, se desaconseja agotar la batería a menudo o recargarla siempre al 100%. La recomendación más habitual es mantenerse entre el 20% y el 80% para preservar el estado de salud de la batería, una opción que muchos modelos permiten programar automáticamente. Además, para el uso diario es preferible la carga lenta o semirrápida (hasta 11 kW en AC), dejando la carga rápida de más de 50 o 100 kW solo para viajes largos o situaciones puntuales.
El estudio también indica que abusar de la carga ultrarrápida puede aumentar el desgaste, reflejándose en una degradación anual que puede pasar de alrededor del 1,5% al 3%. Para alargar la durabilidad, se recomienda una conducción eficiente, con aceleraciones suaves, frenadas progresivas y buen uso de la frenada regenerativa. También conviene no dejar el vehículo parado mucho tiempo con la batería casi llena o casi vacía y utilizar cables oficiales y puntos de recarga certificados para mejorar la seguridad eléctrica y garantizar una carga estable.
Impacto para el mercado español y europeo del coche eléctrico…

En España, la adopción del coche eléctrico avanza, pero más lento de lo previsto, y una de las principales dudas sigue siendo la vida útil de la batería. Muchos compradores temen que la degradación de la batería obligue a un reemplazo costoso antes de tiempo o reduzca el valor de reventa, convirtiéndose en una barrera clave para dar el salto a la movilidad sostenible.
El estudio de Geotab lanza un mensaje tranquilizador: la degradación media es de un 2,3% anual, una cifra considerada asumible y compatible con una duración prolongada. En Europa, donde los fabricantes suelen ofrecer una garantía de batería de 7 u 8 años, los datos reales respaldan que estas coberturas son suficientes y que muchas baterías podrían seguir funcionando correctamente durante más de 10 o incluso 15 años con un uso razonable, mejorando la percepción de la autonomía a largo plazo.
En el caso de flotas, taxis o empresas de reparto, el informe destaca que una estrategia inteligente de carga de vehículos eléctricos puede reducir el desgaste y optimizar el coste total de operación. Combinar recargas lentas en base con apoyos puntuales de carga rápida, junto con datos de telemática, permite asignar mejor cada vehículo y planificar su renovación. En general, se confirma que las baterías son más estables de lo esperado y que, evitando abusar de la carga ultrarrápida y protegiendo el coche de temperaturas extremas, el mantenimiento de baterías no tiene por qué ser el punto débil del eléctrico.