Con la llegada del verano, las carreteras se llenan de vehículos y el calor aprieta. Los neumáticos, que son el único punto de contacto con el asfalto, soportan temperaturas extremas. Aunque están diseñados para aguantar, un mal mantenimiento puede convertirlos en un peligro. Por eso, conviene saber qué es cierto y qué es mito sobre su comportamiento en épocas de calor.
Uno de los mitos más extendidos es que un neumático puede reventar simplemente por el calor. Los expertos lo desmienten: un neumático en buen estado, con la presión correcta y sin daños, está preparado para soportar las temperaturas que se alcanzan en carretera. El verdadero peligro suele estar en una presión incorrecta, un deterioro o una pérdida lenta de aire, que pueden provocar un fallo mucho antes que una ola de calor.
¿Qué causa realmente un reventón?
Según los especialistas, la causa más frecuente es una pérdida de presión por un pinchazo o un daño que permite escapar el aire poco a poco. Muchas veces el conductor no se da cuenta, y al circular con baja presión, los flancos se flexionan en exceso, generan calor y deterioran la estructura interna hasta que se produce la rotura. También puede ocurrir por un impacto contra un bordillo o un bache severo. El calor solo hace que la presión aumente ligeramente, pero ese incremento es normal y no supone un riesgo por sí mismo.
La presión, clave para la seguridad

La recomendación unánime es comprobar la presión con los neumáticos en frío, al menos una vez al mes y siempre antes de un viaje largo. Hay que ajustarla a la carga que llevará el vehículo, ya que si viaja muy cargado, la presión debe ser mayor según las indicaciones del fabricante. Además, conviene inspeccionar el dibujo y los flancos en busca de cortes, deformaciones o desgastes irregulares. Un neumático con poca profundidad de dibujo pierde agarre y aumenta el riesgo de aquaplaning, especialmente en las tormentas típicas de verano.
¿Qué mira la ITV?
Muchos conductores creen que la ITV rechaza los neumáticos por su antigüedad, pero no es así. La normativa no establece una edad máxima. Lo que se evalúa es el estado: desgaste por debajo de 1,6 mm, grietas profundas, cortes, deformaciones o desprendimientos. El código de cuatro cifras que aparece en el lateral indica la semana y el año de fabricación, pero no es una fecha de caducidad. Aun así, el caucho envejece con el tiempo, por lo que se recomienda revisar cuándo cambiar los neumáticos a partir de los cinco o seis años, aunque tengan dibujo suficiente.
Consejos para viajar seguro

- Comprobar la presión en frío y ajustarla a la carga.
- Revisar visualmente el estado de la banda de rodadura y los flancos.
- Asegurarse de que el dibujo tiene al menos 1,6 mm de profundidad.
- Evitar sobrecargar el vehículo y moderar la velocidad en horas de calor.
- Aparcar a la sombra siempre que sea posible.
En definitiva, el calor no es el enemigo de los neumáticos, sino el descuido. Un mantenimiento preventivo, con revisiones periódicas de presión y estado, es la mejor garantía para afrontar el verano con seguridad. Los fabricantes insisten en que un neumático en buen estado aguanta perfectamente las altas temperaturas, pero solo si se le presta la atención que requiere. Así que, antes de salir de vacaciones, dedica unos minutos a revisar las ruedas: puede marcar la diferencia entre un viaje tranquilo y un susto en la carretera.