La carrera por las baterías de estado sólido, consideradas por muchos como el «Santo Grial» de la movilidad eléctrica, ha dado un paso de gigante en las últimas semanas. Los dos mayores fabricantes de baterías del mundo, el chino CATL y BYD, han movido ficha casi al mismo tiempo, y ambos han fijado sus miras en 2027 como el año en el que comenzarán a producir sus primeras celdas a pequeña escala. No es casualidad: la tecnología promete resolver algunos de los grandes problemas del coche eléctrico actual, como la autonomía, el peso o la seguridad, pero su llegada al mercado de masas aún se antoja lejana.
La coincidencia de fechas no es fruto del azar. Mientras CATL confirmaba a sus inversores que iniciará líneas piloto de producción en 2027, BYD recibía varias patentes relacionadas con esta tecnología, lo que evidencia que ambos gigantes chinos compiten codo con codo por liderar la próxima generación de baterías. Sin embargo, los expertos advierten de que la producción piloto no significa que veamos coches con estas baterías en los concesionarios el año que viene. Queda un largo camino por recorrer, y los primeros en beneficiarse serán los modelos más caros del mercado.
Qué ha patentado BYD y por qué es importante
BYD ha publicado un total de siete patentes relacionadas con baterías de estado sólido, todas ellas orientadas a resolver uno de los mayores quebraderos de cabeza de esta tecnología: mantener un contacto fiable entre los materiales sólidos durante miles de ciclos de carga y descarga. El primer documento, fechado el 28 de julio de 2026, describe un electrodo positivo que combina halogenuros en partículas pequeñas con sulfuros en partículas más grandes. Las otras seis patentes desarrollan soluciones complementarias, como una capa intermedia para evitar reacciones químicas no deseadas, un sistema para controlar el calor en condiciones exigentes o un electrodo dividido en dos zonas con materiales distintos.

Una de las propuestas más llamativas es la de un cátodo de doble capa que combina materiales monocristalinos, más resistentes a las grietas, con materiales policristalinos, que ofrecen mejor rendimiento en cargas rápidas. Además, BYD contempla utilizar una cantidad mínima de líquido en puntos muy concretos de la celda, solo para mantener el contacto eléctrico, en una suerte de solución híbrida que no renuncia a las ventajas del electrolito sólido. El objetivo es que la batería aguante miles de ciclos sin perder prestaciones, algo fundamental para que la tecnología sea viable en un coche real.
El calendario de CATL y BYD: 2027, año de pruebas
CATL, el mayor fabricante de baterías del mundo con una cuota de mercado del 43,2% en China, ha confirmado que comenzará la producción piloto a pequeña escala de celdas de estado sólido en 2027. La compañía, que actualmente se encuentra en el nivel 4 de 9 en la escala TRL (Technology Readiness Level), espera alcanzar los niveles 7 u 8 para entonces, lo que permitiría iniciar las primeras validaciones en condiciones reales. Por su parte, BYD planea montar sus primeras celdas de prueba en vehículos experimentales, previsiblemente camuflados, también en 2027.

El científico jefe de BYD, Lian Yubo, ha respaldado este calendario, aunque ha recordado que la producción masiva sigue siendo el gran escollo. No basta con que la tecnología funcione en el laboratorio: tiene que hacerlo durante al menos una década, en todo tipo de climas y sin que el precio se dispare. De hecho, CATL sitúa el umbral de la producción a gran escala en un millón de vehículos al año, una cifra que no espera alcanzar antes de 2030.
Precios y mercado: los primeros serán los modelos premium
Las limitaciones técnicas y de fabricación harán que los primeros lotes comerciales de baterías de estado sólido se reserven para modelos de gama alta. Según ha explicado la propia CATL, los primeros coches con esta tecnología tendrán precios a partir de 250.000 yuanes, unos 30.000 euros al cambio. Aunque pueda parecer una cifra razonable para el mercado español, en China ese presupuesto da para dos coches de acceso como el Jaecoo 7. La producción a gran escala y los costes competitivos seguirán siendo un desafío durante varios años más.
La carrera, sin embargo, no se limita a CATL y BYD. Fabricantes como Dongfeng o Changan, y empresas emergentes como Pure Lithium, también han entrado en la pugna, sabiendo que esta tecnología podría reordenar el actual mapa de poder en la industria de la automoción. La transición a las baterías de estado sólido no solo promete más autonomía y menos peso, sino que también podría abrir la puerta a nuevos actores que resuelvan los problemas específicos de esta tecnología emergente.
Qué significa para el conductor europeo

Para el conductor europeo, la llegada de las baterías de estado sólido supondría un cambio de paradigma. Con una densidad energética que podría duplicar la de las baterías actuales, un coche eléctrico medio podría pasar de 500 a 1.000 kilómetros de autonomía homologada sin aumentar el tamaño del pack. La ansiedad de recarga, ese miedo irracional a quedarse tirado, se reduciría drásticamente. Pero los expertos recomiendan prudencia: los 2.000 kilómetros de los que habla BYD son un horizonte técnico, no una cifra que vayamos a ver en la ficha técnica de un modelo concreto.
Mientras tanto, la tecnología actual ya permite viajes largos con una planificación adecuada. Las baterías sólidas llegarán, pero no conviene esperar a 2030 para dar el salto al coche eléctrico. La industria está trabajando para que la pregunta no sea «¿llego o no llego?», sino «¿cuándo salimos?». Y aunque el camino aún es largo, la publicación de estas patentes demuestra que la tecnología de estado sólido está cada vez más cerca de convertirse en una realidad tangible.