
Rainer Behrendt y Jan Bongers han completado un recorrido poco habitual entre el extremo sur de Argentina y el norte de Alaska. El alemán, de 54 años y presidente del Porsche Club Maguncia, y el neerlandés, de 57, son amigos desde hace más de tres lustros y ya habían compartido rutas por los Alpes. En esta ocasión se marcaron un objetivo mayor: unir Tierra del Fuego con Alaska al volante de un Porsche Cayenne diésel.
El proyecto #ThePanamericana100Project no era solo un desafío automovilístico. La suegra de Behrendt había fallecido el año anterior por ELA, una enfermedad neurodegenerativa irreversible y mortal. Ambos quisieron aprovechar la travesía para dar visibilidad a la esclerosis lateral amiotrófica y recaudar fondos para investigarla. El coche lucía un vinilado con el lema «Race against ALS» y un código QR para donar.
De Ushuaia a Deadhorse: 41.600 kilómetros y 15 países
La salida se produjo en marzo de 2026 en Ushuaia, conocida como el fin del mundo, y la meta estaba en Deadhorse, Alaska. En total, 41.600 kilómetros, 15 países y una duración prevista de 100 días, sin contar los desplazamientos de ida y vuelta. La ruta cruzó Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá.
El itinerario combinó carreteras de montaña, salinas, desiertos y selva. Tras cruzar el círculo polar ártico, el sol dejó de ponerse y la tundra sustituyó a los bosques. El final en Deadhorse, un núcleo de contenedores ligado a la industria petrolera, dejó a los protagonistas una sensación agridulce: habían cumplido el sueño, pero el viaje tocaba a su fin.
Un Cayenne diésel al límite en los Andes
El vehículo elegido fue un Cayenne diésel de segunda generación con depósito de 100 litros. En los tramos andinos por encima de los 4.500 metros, la falta de oxígeno impidió que el filtro de partículas se regenerase con normalidad. El coche entró en modo de emergencia y quedó limitado a unas 2.000 revoluciones, lo que complicó las subidas y obligó a conducir con paciencia.
A la dificultad mecánica se sumó un problema de salud. Jan Bongers sufrió mal de altura entre Salta, en Argentina, y San Pedro de Atacama, en Chile. Tuvo náuseas, mareos y pensamientos acelerados. Como llevaba medicación tras consultar a un especialista en medicina del viajero, pudieron bajar a San Pedro de Atacama, a unos 2.500 metros, y descansar tres días hasta recuperarse.
En Bolivia aparecieron problemas para repostar: la venta de carburante a extranjeros está regulada y no todas las estaciones disponían de diésel. En una jornada recorrieron seis gasolineras hasta encontrar una. Después cruzaron el Salar de Uyuni y llegaron a La Paz, a 4.000 metros. Allí destacaron cómo el sistema de teleféricos ha reducido trayectos de una hora a unos diez minutos.
Salir de La Paz exigió mucho al coche, que seguía con prestaciones reducidas. Tras unos 1.500 kilómetros hasta Lima, los técnicos del centro Porsche peruano regeneraron el filtro, instalaron una sonda lambda nueva y dejaron atrás el modo de emergencia. Durante la espera conocieron a Luis Fischer, presidente del Porsche Club Perú, que les ayudó a organizar la visita a Machu Picchu, una de las nuevas maravillas del mundo.
AdBlue, fronteras y averías camino del norte
Al llegar a Ecuador, el paisaje cambió y también lo hizo el problema: faltaba AdBlue. La solución de urea para motores diésel era casi desconocida en talleres y tiendas locales. Con menos de 1.000 kilómetros de margen antes de que el sistema bloqueara el arranque, evitaron apagar el motor incluso en las paradas. Finalmente localizaron el producto en Quito y pudieron continuar.
En Colombia pasaron por Medellín, ciudad que hoy presenta una imagen moderna pese a la huella del narcotráfico. Visitaron la Casa Museo Pablo Escobar, polémica por su enfoque, y llegaron a saludar a Roberto Escobar, hermano del capo y antiguo responsable de finanzas del cartel, que estuvo más de once años en prisión. Para cruzar a Panamá tuvieron que embarcar el coche, ya que el tapón del Darién impide el paso por tierra.
Clubes Porsche, volcanes y carreteras americanas
La travesía estuvo salpicada de encuentros con clubes Porsche y personas locales. En Chile, Perú, Panamá, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala y México les recibieron aficionados que les ayudaron con la logística, les mostraron su cultura o les guiaron por el tráfico. En Nicaragua, la situación política complicó los controles fronterizos, pero los vecinos les trataron con cercanía. En Guatemala subieron al volcán Acatenango para ver el Fuego activo.
En Estados Unidos la entrada fue sencilla. En Los Ángeles probaron el circuito todoterreno del Porsche Experience Center y en Laguna Seca un instructor les dio una vuelta rápida en un Taycan. Después llegaron a Canadá, donde recorrieron la isla de Vancouver, vieron osos, alces y bisontes, y se detuvieron en las Montañas Rocosas y el lago Louise. En junio alcanzaron Alaska y cruzaron el círculo polar ártico, aunque Honda congela su gran planta de coches eléctricos en Canadá.
La ELA: el motivo que dio sentido a la aventura
El viaje tenía un componente solidario claro. La esclerosis lateral amiotrófica daña de forma irreversible las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal; es mortal y su investigación depende en gran medida de donaciones. Behrendt quiso homenajear a su suegra y, junto a Bongers, mantuvo la campaña de recaudación incluso después de llegar a Deadhorse.
El vinilado del Cayenne y el código QR facilitaron donaciones espontáneas. En San Diego, un hombre les contó que la ELA había afectado a su familia en tres ocasiones. En Fairbanks, un camionero les dio 20 dólares durante el desayuno. Otra pareja, también afectada indirectamente por la enfermedad, les pagó la cuenta de un restaurante. Fueron gestos pequeños que dieron peso a la expedición.
Al final, Behrendt reconoció que la meta no fue lo más importante. Deadhorse le pareció un lugar frío y funcional, y el final le dejó cierta melancolía. Bongers, en cambio, habló de orgullo y de haber entendido mejor el mundo. Ambos coincidieron en que la experiencia les cambió la perspectiva y en que la lucha contra la ELA seguirá después del viaje.
El relato completo se difundió a través de la revista Christophorus, número 420, con texto de Matthias Kriegel y fotografías de Tobiah Lui, Musuk Nolte, freedom_wanted y archivo personal. La historia combina crónica de viaje, datos técnicos y el propósito solidario que movió a sus protagonistas.
La expedición #ThePanamericana100Project dejó una mezcla de aventura, solidaridad y problemas técnicos. Dos amigos cruzaron América en 100 días con un Cayenne diésel, soportaron la altitud, la falta de AdBlue y los controles fronterizos, y utilizaron el recorrido para apoyar la investigación de la ELA. El resultado fueron 41.600 kilómetros, 15 países y una campaña que no terminó en Alaska.


