El grupo Volkswagen ha decidido poner el pie en el freno y congelar los planes para levantar una planta de Audi en Estados Unidos mientras no cambie el escenario arancelario provocado por Donald Trump. La compañía alemana considera que, con la carga impositiva actual a las importaciones de vehículos europeos, el proyecto ha dejado de tener sentido económico.
La decisión es un giro relevante en la estrategia industrial del consorcio en Norteamérica y envía un mensaje directo a Washington. Sin una rebaja de los aranceles y unas reglas del juego más estables, no habrá grandes nuevas inversiones productivas por parte de Audi en territorio estadounidense.
Una planta clave para Audi que se queda en pausa…

Volkswagen llevaba desde 2023 estudiando con detalle la posibilidad de abrir una fábrica específica para Audi en Estados Unidos, con el objetivo de producir localmente y esquivar así los gravámenes a los vehículos importados desde Europa. El proyecto encajaba en la estrategia global del grupo de reforzar su presencia en uno de sus mercados más importantes y de impulsar la producción de vehículos eléctricos e híbridos en la región.
En el arranque de ese análisis, el contexto parecía favorable. Las subvenciones federales y estatales a la producción local, especialmente de modelos electrificados, ayudaban a cuadrar los números de una inversión de gran envergadura. La combinación de incentivos públicos y el tamaño del mercado estadounidense hacía que, pese al elevado coste inicial, la idea resultara atractiva para la matriz alemana.
Los estudios preliminares señalaban que la nueva instalación podría ubicarse en el sur del país, cerca de las plantas de Volkswagen en Chattanooga (Tennessee) y Blythewood (Carolina del Sur). Esta elección permitiría aprovechar una red de proveedores ya asentada y ciertas ventajas logísticas y laborales de la región, siguiendo la pauta de otros fabricantes que también se han decantado por el llamado «cinturón del motor» del sur de EE. UU.
El golpe de los aranceles de Trump…

El entorno cambió de forma brusca con la imposición de aranceles adicionales por parte de la Administración Trump a los coches europeos. Esa subida de tasas, del orden del 15% a la importación de vehículos, ha trastocado las cuentas del grupo. Oliver Blume, consejero delegado de Volkswagen, explicó al diario alemán Handelsblatt que estas medidas han supuesto un lastre financiero de primer orden.
Según las cifras que maneja el propio consorcio, los aranceles han supuesto para Volkswagen unos 2.100 millones de euros de coste adicional solo en los nueve primeros meses de 2025. Esta factura se suma a otras presiones sobre los márgenes, como las inversiones necesarias en electrificación, software y nuevas plataformas tecnológicas.
En el caso concreto de Audi, la situación es todavía más delicada, ya que la marca de los cuatro aros tiene producción propia en Estados Unidos. Todos sus vehículos para ese mercado llegan importados, de modo que el impacto arancelario recae de lleno sobre sus cuentas. La compañía sigue generando beneficios a nivel global, pero la rentabilidad se ha visto deteriorada.
Los datos internos de la firma apuntan a que, en los nueve primeros meses del último ejercicio con cifras disponibles, Audi ha sufrido un impacto de unos 900 millones de euros por las tasas. Como consecuencia, su margen operativo se ha reducido de forma notable, pasando aproximadamente de un 4,5% a un 3,2%. Para el conjunto del grupo, las estimaciones apuntan a un perjuicio cercano a los 5.000 millones de euros ligado a la política arancelaria, cifra que se verá reflejada en las cuentas de cierre de 2025.
“No es financieramente viable una gran inversión adicional”

En este contexto, la valoración de Volkswagen es clara. Oliver Blume ha sido tajante al señalar que, con la carga arancelaria actual, no es financieramente viable acometer una inversión industrial de esa magnitud en Estados Unidos. El directivo considera que el riesgo es demasiado elevado y que los plazos de amortización de la planta se dispararían hasta hacerse poco asumibles.
Blume insiste en que el grupo necesita una reducción de costes a corto plazo y unas condiciones comerciales estables a largo plazo para justificar un proyecto productivo como el que tenía en estudio para Audi. Los cambios bruscos de rumbo en la política comercial estadounidense de los últimos años han aumentado la incertidumbre y complican la planificación a medio y largo plazo.
La conclusión, por ahora, es que Volkswagen ha congelado los planes para la nueva fábrica de Audi en EE. UU. a la espera de un entorno más previsible. No se trata tanto de un abandono definitivo como de un paréntesis condicionado a una eventual revisión a la baja de los aranceles y a un marco regulatorio más estable.
Objetivo del 10% de cuota, fuera del radar…

A pesar de las dificultades actuales, el grupo alemán no da por perdida su apuesta por el mercado estadounidense. Blume ha hablado de una «estrategia de futuro» para el negocio de Volkswagen en EEUU, en la que todavía ve margen para crecer. Sin embargo, ha reconocido que algunas metas fijadas en el pasado ya no son realistas con el escenario actual.
Entre esos objetivos que han quedado aparcados está el de alcanzar una cuota de mercado del 10% en Estados Unidos, una cifra que el propio consejero delegado considera hoy fuera de alcance en el corto y medio plazo. En su lugar, la hoja de ruta pasa por un crecimiento por etapas, ajustando las apuestas de producto y de inversión a la evolución de la demanda y de las reglas comerciales.
Este replanteamiento tiene efectos directos sobre la capacidad de Audi para reforzar su posición frente a sus rivales premium alemanes y estadounidenses en Norteamérica. La falta de producción local la coloca en desventaja frente a competidores que sí ensamblan vehículos en Estados Unidos, tanto por cuestiones de coste como de percepción política y comercial.
