El salto de Ferrari al coche eléctrico ya tiene nombre y una primera puesta en escena muy clara. La firma italiana ha revelado el interior y la interfaz de su primer deportivo 100% a baterías, un modelo que se llamará Ferrari Luce y que abre una etapa nueva dentro de la marca, tanto en lo tecnológico como en lo conceptual.
Este estreno no se ha hecho en Maranello, sino en San Francisco, una elección que subraya la intención de Ferrari de dialogar con el mundo del diseño digital y la tecnología de consumo. Allí se ha mostrado un habitáculo que, más que un simple interior de coche, quiere ser una reinterpretación completa de la relación entre conductor y máquina.
Ferrari “Luce”: la electrificación como medio, no como meta…
Ferrari ha dejado atrás el nombre provisional de Elettrica y ha optado por Luce, que en italiano significa luz. No es un apodo puesto al azar. La marca lo presenta como un símbolo de claridad, energía y nueva visión sobre el coche eléctrico. La electrificación se entiende como herramienta para replantear diseño, ergonomía y experiencia de uso, no como un fin comercial en sí misma.
La compañía insiste en que este modelo no quiere ser “el Ferrari eléctrico” sin más, sino el comienzo de un capítulo distinto en su historia, donde se mantienen la deportividad y el carácter de la marca, pero se rehacen los códigos para un contexto regulatorio y de mercado muy distinto al de hace solo una década, tanto en Europa como en el resto del mundo.
Un lanzamiento en tres actos entre Italia y Estados Unidos…

El proyecto Ferrari Luce se ha planteado como una presentación por fases. La primera tuvo lugar en octubre de 2025 en el e-building de Maranello, donde la marca desgranó la base técnica de su nueva plataforma eléctrica. La segunda fase es la que se ha mostrado ahora en San Francisco: el interior y la interfaz de usuario, que son la verdadera carta de intenciones del coche.
La tercera y última etapa llegará en mayo de 2026 en Italia, cuando la firma revele al completo el diseño exterior. Hasta entonces, Ferrari centrará el discurso en el habitáculo y la tecnología que lo rodea, consciente de que ahí está buena parte del atractivo para los potenciales clientes europeos de un eléctrico de lujo de este nivel.
LoveFrom y Ferrari: un interior firmado por Jony Ive…

Detrás del Luce hay una colaboración poco habitual en la industria. Ferrari se ha aliado con LoveFrom, el colectivo creativo fundado por Sir Jony Ive, histórico responsable de diseño de Apple, y por el diseñador Marc Newson. Llevan cinco años trabajando junto al Centro Stile Ferrari, dirigido por Flavio Manzoni, para dar forma a una interfaz y a un entorno interior que sean coherentes de principio a fin.
El objetivo de ese trabajo conjunto ha sido lograr una arquitectura de interfaz clara y entendible, donde los principios básicos de entrada (controles) y salida (pantallas) estén bien definidos. Ive ha explicado que lo primero fue ordenar la estructura de la HMI (interfaz hombre-máquina), algo que en muchos coches modernos no es evidente, y que a partir de ahí se desarrollaron tanto el hardware como el software como un solo producto integral.
Contra las mega pantallas táctiles: regreso a los mandos físicos clásicos…

En un momento en el que buena parte de los eléctricos de alta gama, también en el mercado europeo, apuestan por grandes paneles táctiles, el Ferrari Luce toma un camino casi opuesto. En lugar de llenar el salpicadero de cristal negro, recupera el protagonismo de los controles mecánicos: botones, interruptores, palancas y ruletas con recorrido y sonido propios.
Ferrari y LoveFrom sostienen que la sencillez es lo más difícil de conseguir en un coche moderno. Por eso, la interfaz del Luce se ha diseñado para que la mayoría de funciones clave se puedan controlar sin apartar la vista de la carretera. Los mandos son físicos, tienen una respuesta háptica cuidada y están agrupados de forma lógica, inspirándose tanto en deportivos clásicos de la marca como en los mandos de un monoplaza de Fórmula 1 o de la aviación.
Un habitáculo limpio, pensado para reducir distracciones…

La cabina se ha concebido como un volumen único y muy depurado, sin exceso de líneas ni recargos estéticos. La arquitectura busca reducir la carga visual y mental del conductor, algo especialmente relevante en un coche con prestaciones muy elevadas. Nada parece improvisado: desde la disposición de los aireadores hasta la forma en que se integran las pantallas en el conjunto.
Ferrari explica que se ha trabajado para separar de forma clara las zonas de control y de visualización. El resultado es un interior que recuerda por momentos a la instrumentación de los GT clásicos de Maranello, pero con una claridad gráfica y una coherencia espacial más cercanas a un producto tecnológico bien resuelto que a un prototipo futurista.
Materiales: aluminio reciclado y vidrio de alta tecnología…

Este acabado no solo aporta un aspecto metálico muy marcado y una textura agradable al tacto, sino también una gran resistencia al desgaste. Muchos elementos que en otros coches serían plástico enmascarado aquí son piezas de aluminio visto, desde el soporte de la pantalla central hasta los radios del volante o partes de la estructura del salpicadero.
Junto al metal aparece el vidrio Corning Fusion5, un material desarrollado para ofrecer una alta resistencia a golpes y arañazos, con propiedades ópticas muy cuidadas. Este vidrio se utiliza en zonas clave como la consola central, la palanca de cambios, determinados paneles de control y la propia llave del coche. En la palanca, por ejemplo, los gráficos se graban mediante láser perforando miles de microorificios, lo que permite una señalización muy precisa y duradera.
Un volante neo-retro que aligera peso…

El volante del Ferrari Luce es uno de los elementos más llamativos del interior. Reinterpreta el clásico volante Nardi de los Ferrari de los años 50 y 60, con tres radios y estructura de aluminio vista, pero adaptado a las necesidades actuales. Está construido con una aleación de aluminio reciclado y formado por 19 piezas mecanizadas individualmente.
Según la marca, esta solución permite ahorrar alrededor de 400 gramos respecto a un volante estándar de la gama. Los mandos se agrupan en dos módulos analógicos situados en los radios, con diales para seleccionar modos de propulsión (por ejemplo Range, Tour y Performance) y un manettino específico para el chasis, además de otros controles cotidianos como el limpiaparabrisas o ajustes de suspensión.
Las levas situadas detrás del aro también se han calibrado con especial cuidado: una gestiona funciones de entrega de par, como el llamado Torque Shift Engagement, y la otra regula la intensidad de la frenada regenerativa. Todo se ha afinado para que el tacto sea consistente y fácil de interpretar, sin recurrir a soluciones excesivamente complejas para el usuario.
Tres pantallas, pero al servicio de la conducción…

El Ferrari Luce cuenta con tres pantallas principales. El cuadro de instrumentos tras el volante, un panel central y una pantalla adicional orientada a los ocupantes traseros. A pesar de ello, la idea no es convertir el interior en un videowall, sino usar la tecnología de forma más discreta y funcional.
El cuadro de instrumentos es probablemente la pieza más singular. Va solidario a la columna de dirección, de manera que se mueve con el volante al ajustar la posición de conducción. Está formado por dos pantallas OLED superpuestas, desarrolladas junto a Samsung Display, con recortes estratégicos que generan un efecto de profundidad tridimensional. Sobre esa base se superponen agujas físicas de aluminio anodizado, retroiluminadas por varios LED.
La gráfica se inspira en instrumentos históricos de Ferrari como los Veglia y Jaeger. La disposición es la de un reloj clásico: velocímetro central, información de potencia o funciones equivalentes al cuentarrevoluciones a un lado, y datos como fuerzas G o estado del sistema eléctrico al otro. Todo se ha diseñado con un enfoque minimalista, con tipografías claras y animaciones contenidas para que la información se lea de un vistazo.
Multigráfico tipo reloj y pantalla central orientable…

En la consola central se integra un elemento curioso al que Ferrari denomina multigráfico. Es un dispositivo con tres agujas de aluminio accionadas por motores independientes, capaz de funcionar como reloj, cronógrafo, brújula o indicador asociado al control de lanzamiento. Las transiciones entre funciones recuerdan al comportamiento de un cronógrafo mecánico de alta relojería, más que al de un simple widget digital.
La pantalla central está montada sobre una rótula esférica, lo que permite orientarla tanto hacia el conductor como hacia el pasajero. Bajo ella hay un reposapalmas para facilitar el uso del táctil sin necesidad de ir “picando” la pantalla con el dedo mientras el coche se mueve. Ferrari destaca que la interacción principal se sigue haciendo mediante mandos físicos, reservando la pantalla para funciones secundarias y visualización.
La llave de vidrio y el ritual de arranque…

Uno de los detalles más peculiares del Ferrari Luce es su llave de vidrio Corning Fusion5, que integra una pequeña pantalla de tinta electrónica (E Ink). Esta tecnología solo consume energía al cambiar el estado de la imagen, de modo que la llave puede mostrar información básica del vehículo sin agotar la batería interna.
Al insertarla en la consola central, se activa una secuencia luminosa sincronizada en todo el habitáculo: la llave cambia de color, la iluminación interior se ajusta y las pantallas cobran vida. La marca define este momento como una transición de la quietud al movimiento, casi un pequeño ritual pensado para subrayar que se está poniendo en marcha algo más que un simple medio de transporte.
Un diseño que mira a la aviación y a la relojería…

Más allá de la instrumentación principal, muchos elementos del interior del Luce se inspiran en la aviónica clásica y en la relojería de alta gama. Los mandos superiores, situados cerca del retrovisor, recuerdan a paneles de un avión, e incluyen por ejemplo el control del launch control. Todo se ha tratado como si fueran objetos independientes de precisión, que luego se integran en un conjunto único.
Jony Ive ha llegado a señalar que el equipo abordó cada componente como si estuvieran diseñando “cámaras o relojes”, con un grado de obsesión por tolerancias, materiales y tacto poco frecuente en el sector. Incluso partes que no quedan a la vista se han trabajado con esmero, con tornillería específica y soluciones técnicas que buscan evitar la sensación de producto efímero o de electrónica de consumo con fecha de sustitución cercana.
Más de 1.000 CV, batería de 122 kWh y enfoque GT

En el plano mecánico, Ferrari ya había adelantado que el Luce se asentará sobre una plataforma eléctrica de muy altas prestaciones. Bajo el piso se esconde una batería de 122 kWh integrada en el chasis, con arquitectura de 800 V y 15 módulos, cada uno formado por 14 celdas conectadas en serie. Este esquema está pensado para admitir recargas de alta potencia y mantener un peso y un reparto de masas razonables para un GT deportivo.
La configuración de la cadena cinemática incluye motores eléctricos síncronos de imanes permanentes en ambos ejes, con tecnologías derivadas de la experiencia de la marca en Fórmula 1. La potencia total supera los 1.000 CV, con una aceleración estimada de 0 a 100 km/h en torno a 2,5 segundos y una velocidad máxima que rondará o superará los 310 km/h.
En términos de eficiencia, Ferrari apunta a una autonomía superior a los 530 km según ciclo WLTP, una cifra relevante para un coche de este nivel de potencia, especialmente pensando en los trayectos por autopista habituales de muchos clientes europeos. El reparto activo de par en cada rueda y soluciones como un subchasis trasero elástico o suspensiones activas persiguen combinar estabilidad, agilidad y confort en uso cotidiano.
Un Ferrari pensado para el día a día y para nuevos públicos…

El contexto regulatorio de la Unión Europea, con objetivos de emisiones cada vez más estrictos, ha empujado a muchas marcas deportivas a replantearse su gama. En el caso de Ferrari, el Luce no solo responde a esos requisitos, también busca llegar a un tipo de cliente distinto al del clásico V12 o V8 de combustión.
La marca sugiere que este modelo puede ser un coche utilizable a diario, más cercano a un GT eléctrico de lujo que a un superdeportivo radical de uso esporádico. En mercados como Europa, donde las ciudades limitan cada vez más el acceso a vehículos de combustión y donde los eléctricos de alto nivel compiten también en diseño y conectividad, el Luce se posiciona como una alternativa de carácter más “chic”, sin renunciar a prestaciones de primer orden.
En este sentido, el proyecto dialoga con movimientos como el del Ferrari Purosangue, que ya supuso una apertura a un tipo de uso más cotidiano y a un cliente que prioriza tanto la imagen y la practicidad como la tradición deportiva. El Luce sigue esa línea, pero la traslada por completo al terreno de la electrificación.
Tradición reinterpretada en clave eléctrica…

A lo largo de la presentación, los responsables de Ferrari han insistido en que el Luce no pretende ser solo el primer eléctrico de la casa, sino una declaración de principios. En lugar de copiar el enfoque dominante del sector —pantallas masivas, minimalismo extremo y un interior casi de dispositivo electrónico—, la marca ha optado por un lenguaje donde pesan la tactilidad, el ritual y una cierta nostalgia controlada por el pasado.
Controles mecánicos, gráficos que evocan instrumentos clásicos, aluminio trabajado como si fuera joyería funcional y un uso medido de la tecnología apuntan a una idea concreta: mantener al conductor en el centro de la experiencia, incluso cuando el motor deja de ser el protagonista sonoro y visual. Con el Luce, Ferrari intenta demostrar que el lujo eléctrico puede construirse desde la calma, la precisión y el detalle, sin caer en el exhibicionismo tecnológico.
Fuente – Ferrari
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