La implantación del coche eléctrico en España sigue avanzando a un ritmo lento. Según una reciente encuesta, solo alrededor del 8% de los ciudadanos se ve comprando un coche de este tipo en los próximos cinco años. A pesar del ruido mediático y de los planes institucionales para impulsar la movilidad eléctrica, la mayoría de los conductores españoles continúa apostando por los motores tradicionales de combustión.
Estos datos dibujan un panorama en el que las intenciones de compra de eléctricos todavía son minoritarias, mientras que la presencia de coches de gasolina y diésel sigue siendo abrumadora. Al mismo tiempo, una parte importante de la población mira con buenos ojos que Europa mantenga cierta flexibilidad y permita seguir vendiendo coches de combustión después de 2035, lo que refleja las dudas existentes en torno a la transición energética en el transporte.
Radiografía del parque móvil: dominio de gasolina y diésel…

La encuesta revela que en torno al 77,2% de los encuestados dispone actualmente de un coche, lo que confirma la fuerte dependencia del vehículo privado en España. Cuando se analiza qué tipo de coche conduce cada persona, la fotografía es clara: la mayor parte de los vehículos siguen siendo de combustión interna convencional. Entre quienes sí tienen coche, un 30,3% declara conducir un gasolina y un 40,9% un diésel, de modo que siete de cada diez vehículos en manos de los encuestados funcionan con combustibles fósiles clásicos.
En cambio, las tecnologías alternativas continúan siendo claramente minoritarias. Dentro de estos coches menos contaminantes, solo un 9,9% pertenece a la categoría de híbridos y apenas un 2% son íntegramente eléctricos. Esto significa que los vehículos de cero emisiones representan, por ahora, una fracción muy reducida del parque automovilístico particular, pese al impulso regulatorio y a los incentivos económicos existentes.
Solo un 8% planea comprar un coche eléctrico a medio plazo…

Más allá de la foto fija del parque circulante, el estudio se centra en las intenciones de compra de cara a los próximos cinco años. Ante la pregunta de si tienen pensado adquirir un coche eléctrico en ese plazo, la mayoría de los encuestados descarta esa posibilidad. En concreto, solo un 8,1% afirma que sí contempla la compra de un vehículo eléctrico en los próximos cinco años. Frente a ellos, un amplio 56,4% responde que no tiene pensado adquirir uno, mostrando una resistencia importante.
De hecho, muchos son renuentes a dar el salto a esta tecnología en el corto y medio plazo. El resto de consultados, alrededor de un 33,6% indica que no entra en esos planes porque o bien no tiene coche en la actualidad o ya dispone de un coche eléctrico. Este grupo no se suma al potencial mercado futuro de nuevos compradores de eléctricos, por lo que la bolsa real de posibles nuevos usuarios sigue siendo reducida.
Motivaciones para cambiar de combustión a eléctrico…

La encuesta también profundiza en las razones de quienes, pese a todo, se plantean dejar atrás su coche de gasolina o diésel para pasarse a un eléctrico. Entre estas personas, las motivaciones no son exclusivamente económicas, y el componente ambiental tiene un peso muy relevante. Más de la mitad de estos conductores, concretamente un 51%, asegura que el motivo principal de su cambio son las razones medioambientales.
La preocupación por la calidad del aire, las emisiones de CO2 o el impacto climático del transporte parece estar cada vez más presente entre quienes barajan dar el salto a la movilidad eléctrica. En segundo lugar, un 21,8% alude al ahorro de combustible y energía como factor clave. El menor coste por kilómetro en uso diario y la previsión de que los precios de los carburantes sigan tensionados en los próximos años juegan a favor del coche eléctrico para este grupo de potenciales compradores.
Otros aspectos también entran en la ecuación, aunque con menor peso. Alrededor de un 8,5% cita como principal incentivo las ventajas de movilidad, como la posibilidad de acceder sin restricciones a las zonas de bajas emisiones en grandes ciudades o de evitar ciertas limitaciones al tráfico. Por último, cerca de un 4% se fija sobre todo en el menor coste de mantenimiento del vehículo eléctrico, desde revisiones más sencillas hasta la ausencia de elementos como el embrague o el escape.
Apoyo a prolongar la venta de coches de combustión en Europa…

El estudio también toma el pulso a la opinión pública sobre el calendario europeo para la transición del automóvil. En particular, analiza la reacción ante la decisión de la Comisión Europea de permitir que se sigan vendiendo coches de térmicos después de 2035 bajo ciertas condiciones, una medida que ha generado debate en toda la UE. Ante esta cuestión, el 46,8% de los encuestados se declara «muy de acuerdo» o «bastante de acuerdo» con que se mantenga abierta la puerta a la venta de coches de gasolina y diésel más allá de esa fecha.
Este apoyo casi alcanza la mitad de la población sondeada, lo que evidencia que muchos ciudadanos prefieren una transición más gradual. En el lado contrario, un 38,2% se muestra en desacuerdo con esa flexibilización, bien porque considera que alarga innecesariamente el uso de tecnologías contaminantes, bien porque teme que ralentice el despliegue de alternativas más limpias. El resto de los participantes en la encuesta se mueve entre la indecisión y la falta de una postura clara sobre este asunto.
Este reparto de opiniones sugiere que la sociedad española está dividida respecto al ritmo adecuado de la descarbonización del transporte. Mientras una parte acepta o incluso reclama más tiempo para adaptarse, otra exige mantener la presión regulatoria sobre los motores de combustión para acelerar el cambio hacia tecnologías de cero emisiones.
Nivel de satisfacción: combustión frente a híbridos y eléctricos…

Un aspecto llamativo del sondeo es que el grado de satisfacción con el coche actual es muy elevado tanto entre usuarios de combustión como entre quienes ya han optado por un híbrido o un eléctrico. Esta satisfacción generalizada podría estar influyendo en la baja intención de renovar el vehículo hacia opciones más sostenibles. Entre los conductores con coche de gasolina o diésel, el 92,7% se declara entre «muy satisfecho» y «bastante satisfecho» con su vehículo.
Es decir, la práctica totalidad de quienes usan motores tradicionales no muestra un malestar significativo que actúe como detonante inmediato para cambiar de modelo o tecnología. Por su parte, los usuarios de híbridos y eléctricos exhiben un nivel de satisfacción muy similar: alrededor del 92,1% se sitúa también en los tramos de mayor contento con su coche. Esto indica que quienes han dado el paso hacia tecnologías más eficientes o de cero emisiones, en general, no se arrepienten de su decisión.
El hecho de que la satisfacción sea alta en ambos grupos sugiere que la decisión de compra futura no responde solo a cuestiones de comodidad o prestaciones, sino a factores más complejos: desde el precio de adquisición y el acceso a puntos de recarga, hasta la incertidumbre regulatoria y las dudas sobre la autonomía en trayectos largos.
Un cambio de modelo que avanza despacio…

Con todos estos datos sobre la mesa, se dibuja un escenario en el que la transición hacia el coche eléctrico en España progresa, pero a un ritmo todavía moderado. El parque actual continúa dominado por motores de combustión, la intención de compra de eléctricos se mantiene en una horquilla muy reducida y la población se muestra dividida sobre la conveniencia de adelantar o retrasar el fin de las ventas de coches de gasolina y diésel.
Al mismo tiempo, las razones medioambientales empiezan a calar entre quienes se plantean dar el salto, y los motivos económicos ganan peso a medida que los consumidores comparan el coste de uso de uno y otro tipo de vehículo. La satisfacción de los usuarios con sus coches, tanto de combustión como electrificados, hace que no haya una urgencia percibida de cambio, más allá de las presiones normativas y las restricciones a la circulación.
En este contexto, el hecho de que solo un 8% de la población se vea comprando un coche eléctrico en los próximos años refleja las dificultades de una transformación que no depende solo de la oferta tecnológica. Factores como el precio de los vehículos, la red de recarga, la estabilidad regulatoria y la confianza de los ciudadanos marcarán el ritmo al que España y Europa consolidan la movilidad eléctrica como opción mayoritaria en las carreteras.