Prueba Alfa Romeo 4C, bendito concierto de imperfecciones

Prueba Alfa Romeo 4C

Estoy parado a un lado de la calle. Lo he hecho apresuradamente, me he dado cuenta de que no he probado todavía la radio ni sé cómo funciona. Nunca me ha resultado tan complicado usar unos estúpidos botones pero, ¿sabéis qué? No me importa. A nadie le importa cómo funciona el poco intuitivo sistema multimedia del Alfa Romeo 4C. El problema, que no lo es tanto, es que tras 1.000 km de prueba, hasta ahora no me había preocupado lo más mínimo.

El coche en el que estoy sentado es un remate de año redondo, un regalo de Navidad adelantado. Cuando las llaves del 4C cayeron en mi mano me estremecí. “Me acaban de dar las llaves de un deportivo de menos de 5 segundos”, pensé. En un mundo en el que los deportivos muestran sus cifras de prestaciones como si de un justificante se tratara, tal vez pienses que los 4,5 segundos en el 0-100 km/h del Alfa 4C son una unidad de medida fiel. Te equivocas, es sólo un añadido.

ADN Alfa Romeo

Prueba Alfa Romeo 4C

Frente a mí reposa, aún dormido, un deportivo que no parece un Alfa Romeo. Al menos eso me han insistido las decenas de viandantes que me han visto pasar. “¡Oh, Ferrari!”, gritaban algunos. “Menudo supercoche”, erraban otros. Y digo erraban porque el 4C no es ni una cosa ni la otra. Aunque les entiendo. Sus líneas fluidas y curvas nos dirigen la mirada hacia Italia, cuna del superdeportivo. Pero el que grita superdeportivo no ha entendido bien la filosofía de este coche.

El Alfa Romeo 4C es bajo, sólo mide 1,18 metros de alto, pero lo que sorprende es lo tremendamente corto que resulta. Sólo son 3,98 metros de largo. Hay utilitarios con mayor medida que esa. Son 1,86 metros de ancho, pero su escasa altura y sus caderas marcadas enfatizan esa sensación. Es bello, ya sin entrar en lo subjetivo. Es bello. Si quitamos los detestables faros delanteros, claro. Y además cumple los cánones de coche exótico, lo que sorprende una vez más cuando vemos el precio de catálogo. Sólo 66.000 euros.

Prueba Alfa Romeo 4C

El frontal es Alfa Romeo puro, con su calandra central de la que nacen las nervaduras del capó y que esculpen el resto de la carrocería. Un capó delantero, por cierto, que no se abre a menos que tengamos un rato, herramientas concretas y tiempo para hacer… nada. Porque ahí debajo no hay nada que nos pueda interesar realmente. Para ir al maletero tenemos que abrir el capó trasero, que también deja al descubierto el motor. Es un hueco de sólo 110 litros en los que hay que administrar con tiento el espacio.

La forma del parabrisas, llámame iluso, me recuerda al Lancia Stratos, una forma curva y panorámica ataviada con unos pilares A en negro. A partir de ahí todo cae hacia una trasera redondeada, con un pequeño alerón en la cola. El motor está a la vista a través del cristal. La zaga se corta para dejar paso a dos pilotos redondos, dos colas de escape relativamente discretas y a un difusor que deja ver parte del fondo plano.

¿Lujos? ¿Qué lujos?

Prueba Alfa Romeo 4C

Abrir la puerta del conductor del Alfa Romeo 4C es tener miedo. Miedo a meterse en un hueco en el que hay que pensar varias veces cómo hacerlo. Si te soy sincero, tras una semana aún no he aprendido a entrar con decoro. Pero te tiras al asiento y caes en un hueco que parece más inspirado en la competición que otra cosa. Las piernas van estiradas, y más vale que vayan así, pues los pedales están colocados completamente en vertical. Apenas hay espacio para los pies.

Los asientos no sé si son bonitos, pero sujetan de maravilla a pesar de que su aspecto engañe. Y nos agarramos a un volante que no ha pasado por el Centro Stile Alfa Romeo, pero que será nuestro más preciado amigo en cuanto nos pongamos en marcha. Y quédate con esto. El salpicadero es un bloque sólido, con la parte central orientada hacia nosotros donde se coloca un genérico sistema multimedia Parrot. Ahora llega de serie y sí, es el sistema con el que me ando todavía peleando.

Prueba Alfa Romeo 4C

No hay pomo del cambio. No porque no haya cambio manual, que no lo hay de ninguna manera, sino porque los controles son cuatro botones. Si queremos un manejo manual habrá que tirar de levas tras el volante. Unas levas que, por cierto, gustarían de un mayor tamaño y una posición más holgada. Entiendo que sean de plástico, de verdad, lo he logrado entender y casi me parece hasta un derroche de material. La calidad interior es tan justa como el peso.

Una lucha contra el gramo

Prueba Alfa Romeo 4C

La razón no es otra que la filosofía de este coche, de la que hablábamos al principio. La ligereza. El chasis se fabrica en fibra de carbono y pesa sólo 65 kilos. “Unos pocos menos que yo”, pienso. A él se acoplan unos subchasis delantero y trasero en aluminio. Todo se ha pensado para reducir al mínimo el trabajo de la aguja en la báscula. Los paneles de la carrocería son ligeros, los cristales más finos de lo habitual, sólo hay un limpiaparabrisas, no hay hidráulicos para sujetar la puerta del maletero… Tanta es la obsesión que tú mismo empiezas a contar los gramos. Tal vez debería de revisar mi dieta, lo tengo claro.

El motivo de reducir tanto el peso, que queda en unos 920 kilos en total, es la posibilidad de montar un motor en posición central de pequeño tamaño. No es otro que el 1.75 TBi turbo de cuatro cilindros que también está presente en el Alfa Romeo Giulietta QV. Rinde 240 caballos de potencia y 350 Nm de par, cifras que no asustarían a ningún deportivo actual. Pero déjame que te diga que le sobra para cerrar el 0-100 km/h en 4,5 segundos y alcanzar los 260 km/h de punta. La cosa cambia.

Nacido para divertir

Prueba Alfa Romeo 4C

¿Arrancamos?

Arranco y me quedo tan frío como el motor, que aún debe coger temperatura. Es un arranque muy suave, demasiado. Sobre todo cuando luego escuchamos el ralentí ya estabilizado. No hay apenas aislamiento. De hecho si me dicen que lo hay siempre lo rebatiré. Pero hablo de aislamiento acústico y de confort. El coche vibra al ralentí y me introduzco en una atmósfera de competición que ni yo mismo me esperaba al girar una simple llave. No hay botón de arranque ni cosas de esas propias de vulgares electrodomésticos.

Engrano primera, o el “1” en los controles y suelto el pedal de freno. No avanza. Hay que acelerar para que el coche salga, un guiño tal vez a la ausencia de cambio manual, pero un guiño que agradezco desde un primer instante. Voy cogiéndole el tacto los primeros metros, no es un coche que quiera destruirte nada más avanzas. De hecho es bastante sencillo de conducir, si no fuera porque no hay dirección asistida. El volante tiene tanta asistencia como tú vayas al gimnasio. Suerte que pesa poco y con algo de maña me hago a la mejor dirección que jamás he agarrado.

Prueba Alfa Romeo 4C

Lo primero que hago es enfilar hacia un puerto de montaña, esto hay que probarlo. 50 km de viaje que me hacen desear bajarme. Tengo las piernas entumecidas y hasta algo de dolor de cabeza. ¡Y pensaba irme a la playa de viaje con él! Es incómodo por todos lados. No es el coche con el que quieres salir de viaje, pero entonces llegué a mi destino, a su hábitat natural, las curvas, y lo entendí todo.

¿Alguna vez has cogido un coche en el que notes la suspensión trabajar? Pues en el Alfa Romeo 4C la notas. El chasis de carbono es tan rígido que sientes el trabajo de cada eje muy de cerca. Es una suspensión extremadamente rígida, sin controles electrónicos ni artificios. Me sorprende porque no me ha resultado nada seca para lo que podría esperar. El balanceo es imperceptible, gracias también al bajo centro de gravedad.

¿Olvidaste lo que eran las sensaciones?

Es tan ágil que hay que tener cuidado, y no te lo tomes a broma. Cambia de dirección tremendamente rápido, y es que la dirección es absolutamente magnífica. Los primeros grados de recorrido son algo más suaves y luego se endurece, pero lo interesante es que transmite todo lo que ocurre en las ruedas delanteras. Quiero decir, en este coche sabes que vas al límite porque lo notas en las manos, no porque el coche pierda la trayectoria.

Por si fuera poco, es ultra directa, tanto que hay que estar con las dos manos en el volante constantemente. Un aviso a navegantes, nada de bromas de soltar el volante ni un instante, el coche se va de inmediato. Es más, le recomiendo a la DGT que se haga con una flota de Alfa Romeo 4C para recorrer las carreteras españolas y descubrir las imperfecciones que hay. El 4C las busca y se las traga todas.

Prueba Alfa Romeo 4C

Mientras tanto un sonido mecánico retumba tras mi cabeza. Y cuando digo sonido mecánico me refiero a una sinfonía de ruidos que ya no sabes ni de dónde vienen. Hay sonido de inyectores, del turbo, de válvulas… y de escape. ¡Qué sonido! Alfa Romeo ha entendido muy bien cómo debe de sonar un coche deportivo. Por Dios, si el futuro son mecánicas de tres y cuatro cilindros que suenen así. Por poner una pega me gustaría que hubiera petardeos en reducciones. Que ya los hay, y menudos, al subir de marcha a altas vueltas.

La caja de cambios TCT no es lo más rápido que he probado en terreno doble embrague. Pero cumple su cometido. Y lo mejor de todo es que su modo manual es agradecido contigo. Te permite apurar las marchas por arriba y por abajo, emulando así el comportamiento de un cambio manual. En ese sentido me ha gustado y al final he acabado usándolo más en modo secuencial que automático. Incluso a ritmos tranquilos.

Prueba Alfa Romeo 4C

El motor es un claro motor turbo en su funcionamiento. Ya desde abajo empuja con ganas y tiene una parte media completamente llena. Con esto quiero decir que no es necesario estar constantemente por encima de las 5.000 vueltas para obtener rendimiento. Es de esos motores que te permite errores, te permite entrar con una marcha de más en una curva y no tener la necesidad de reducir. Se nota algo el retardo de la entrada del turbo, pero lo cierto es que una vez aceleras se te olvidan esas tonterías.

El Alfa Romeo 4C corre demasiado para una carretera de montaña. Corre demasiado para usar el recorrido completo del pedal derecho. Cuando lo haces te das cuenta de que no lo necesitas porque pronto estás jugueteando con los ciento y tantos. Ciento y tantos altos. Para exprimirlo al máximo merece más la pena irse a un circuito, con más espacio y más seguridad. Y será allí donde apurar el modo Race que ofrece el Alfa DNA y donde los controles pasan a un muy segundo lugar.

Sin embargo, hay adherencia a raudales. No es un coche fácil de descolocar de su parte trasera. De hecho hay que buscarlo desactivando controles y siendo bruto con el pie derecho, algo que merece la pena pensarse a tenor de lo rápido que pasan las curvas. Y no creas que esta adherencia viene dada sólo por los neumáticos, unos Pirelli P-Zero con una medida atrás de 235 de ancho. Una cifra ridícula para el rendimiento del conjunto, pero que se comporta a las mil maravillas.

Prueba Alfa Romeo 4C

Para frenar todo esto se acude a unos discos perforados en el eje delantero y trasero de 305 mm y 292 mm respectivamente. Olvídate de discos cerámicos, ni siquiera el tamaño de los discos es exagerado. Pero es que el Alfa Romeo 4C pesa tan poco que es fácil pararlo. La deceleración es brutal. Y lo mejor de todo es el tacto del pedal, tiene poca servoasistencia, y junto a ese pedal completamente vertical al que hay que pisar como si odiáramos tener que usarlo, volvemos a recordar la competición en un coche que lleva matrículas.

Es divertido porque es puro. Es uno de los pocos coches con los que me he reído como un completo estúpido mientras encaraba curvas. No hay artificios, no hay exceso de electrónica. No es cómodo. No hay elementos inútiles como pantallas o botones que nos alejen de lo importante, que es conducir. Si te digo la verdad a partir de 100 km/h el ruido interior empieza a ser ya muy importante. A ver cómo le vendes a alguien un coche así, que no tiene ni dirección asistida. Pues a alguien que busque un coche en su máxima expresión.

Sólo para entendidos

https://www.youtube.com/watch?v=fW2uDHVlqAo

Imagino que a estas alturas decirte que el Alfa Romeo 4C me ha dejado enamorado no es ninguna novedad. Cierto es que te atrae sólo si te gusta conducir lejos de artificios. No es un coche para la generación actual que busca estar constantemente conectado. Pero sé que hay aún un pequeño rescoldo de amantes de los coches de verdad. Esos son los que van a interesarse por el último deportivo de Alfa.

Si eres creyente te diré una cosa. El Alfa Romeo 4C es el coche que Dios conduciría en la tierra. No me cabe la menor duda. No es como un Ferrari 458, es como un Ferrari 458 Speciale. Pero a un precio salvajemente menor. 66.000 euros no es un precio asequible, pero si miramos lo que nos ofrecen por ese precio entonces da que pensar. Chasis de carbono, estética exótica, prestaciones, pureza. Y no, el Porsche Cayman no tiene nada que ver. Probablemente se parezcan en la posición del motor. Incluso el Porsche Cayman GT4, más caro que el Alfa, no está del todo jugando en la misma liga.

Es un Lotus Elise, o un Exige, un coche pequeño, ligero, con un motor de potencia media y ganas de pasárselo bien. Pero el 4C además es bello y evoca a la historia automovilística italiana. Desde luego que muchos correrán despavoridos del concesionario cuando le vendan un coche inútil. Inútil para los que piensan en un coche como un medio de transporte, un electrodoméstico, más o menos caro, más o menos bonito. El Alfa Romeo 4C es un coche, de los que pocos quedan. Pero me ha devuelto la ilusión y ahora sé que conducir no es todavía algo del pasado.

Equipamiento Alfa Romeo 4C

https://www.youtube.com/watch?v=fW2uDHVlqAo

El Alfa Romeo 4C llega al cliente con un equipamiento muy básico, pero hay varios elementos opcionales a disposición del cliente tanto en el apartado confort como en el apartado personalización. El paquete Racing, o al menos las llantas de orificios y el tubo de escape Racing me parecen dos opciones imprescindibles. La dotación de serie es la siguiente.

  • Asistente de arranque en cuesta
  • Diferencial Q2 electrónico
  • Control de crucero
  • Faros BiLED
  • Modos de conducción Alfa DNA
  • Aire acondicionado
  • Elevalunas eléctricos
  • Cuadro de mandos digital
  • Tapicería en tejido negro con costuras en rojo
  • Volante en piel
  • Radio CD MP3 con Bluetooth
  • Llantas de aleación de 17 pulgadas delante y 18 detrás

Precios Alfa Romeo 4C

https://www.youtube.com/watch?v=fW2uDHVlqAo

Carrocería Motor Precio
4C Coupé 1.7 TBi 240 CV TCT 66.200 euros
4C Spider 1.7 TBi 240 CV TCT 79.550 euros

Opinión del editor

Alfa Romeo 4C 240 CV
  • Valoración del editor

  • Puntuación 5 estrellas
66.200 a 79.550

    • Alfa Romeo 4C 240 CV
    • Reseña de:
    • Publicado el:
    • Última modificación: 16 de diciembre de 2015
    • Diseño exterior
      Editor: 95%
    • Diseño habitáculo
      Editor: 70%
    • Plazas delanteras
      Editor: 70%
    • Maletero
      Editor: 40%
    • Mecánica
      Editor: 90%
    • Consumos
      Editor: 95%
    • Confort
      Editor: 35%
    • Precio
      Editor: 90%

    Resumen: El Alfa Romeo 4C es un deportivo ligero con chasis de carbono sin concesiones al lujo o al confort. Con sólo 920 kilos, su motor 1.7 TBi de 240 caballos le permite altas prestaciones y grandes dosis de placer a un precio relativamente contenido.

    Pros

    • Diseño exótico
    • Diversión
    • Precio relativamente contenido

    Contras

    • Faros delanteros detestables
    • Maletero muy escaso
    • Calidad interior muy justa

    Galería de imágenes

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    Un comentario

    1.   José Luis Ramos dijo

      Excelente articulo 😉

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