Con el perro de copiloto

Con el perro en la playa

En contra de lo que mucha gente piensa, tener perro no significa renunciar a viajar en coche o a pasar unos días fuera de casa. Sí que es cierto que a la hora de planificar un viaje, aunque sea cruzar la ciudad con un perro, han de tenerse en cuenta una serie de aspectos que mucha gente considera tediosos pero que, los que tenemos mascota, hacemos ya de forma automática.

En este artículo os daré una serie de consejos, siempre desde mi experiencia personal, para viajar en coche con un perro. Cierto es que todas las mascotas pueden viajar sin problemas algunos aunque lo normal es que lo hagan de una forma muy específica. Por ejemplo, un caballo viajará inexorablemente en un remolque específico y un canario lo llevaremos en una jaula que taparemos con una tela opaca. Sin embargo, en el caso de los perros existen varias alterativas tan cómodas como seguras para nosotros, para nuestra mascota y para nuestro bolsillo.

De una lectura estricta de la normativa vigente podemos deducir que la única forma de viajar con un perro sería llevándolo en un remolque específico para animales o en un trasportín que deberá ir correctamente sujeto en el interior del vehículo. Para los que sólo tenemos un perro y tampoco lo llevamos a diario en el coche, la opción del remolque puede resultar tan cara como engorrosa y la inversión necesaria para la adquisición, mantenimiento y aparcamiento del remolque puede llevar a mucha gente a echarse atrás. Por otro lado hay que tener en cuenta las limitaciones de velocidad a la hora de circular con un remolque y la nula seguridad que ofrecen éstos en caso de accidente; ya sean los que llevan ruedas o los que van suspendidos en la parte trasera del vehículo, un golpe fuerte por detrás sería incompatible con la supervivencia de nuestra mascota.

Remolque para mascotas

Al paso que voy eliminando alternativas sólo nos queda llevar al perro dentro del habitáculo, pero claro, si llevamos a nuestra mascota suelta dentro del coche la Guardia Civil nos recuerda lo peligroso que es con una multa de 100 euros, que puede llegar a los 200 euros si el animal está dentro del área vital del conductor.

Con el perro en el coche

Para viajar con el perro en coche, las dos propuestas más aceptadas, o al menos conocidas, son el trasportín o la red separadora de maletero.

El trasportín deberá ser adecuado al tamaño de la mascota y estar construido en material rígido. Además se deberá llevar conveniente sujeto para evitar que se mueva durante la conducción. Por su parte, la red separadora de habitáculo, que muchos familiares llevan como equipo se serie, permite llevar al perro suelto en el maletero del coche sin riesgo de que acceda al habitáculo.

Con el perro en el maletero

Estas dos propuestas son válidas en materia de seguridad tanto para el perro como para los pasajeros del vehículo pero presenta un problema. ¿Qué pasa si tenemos un utilitario de menos de 300 litros de capacidad de maletero? Pues que nos quedamos sin capacidad.

Grandes fabricantes como Volvo ofrecen en su catálogo de accesorios la posibilidad de equipar el maletero de sus familiares con una red separadora convencional y otra rígida longitudinal que separa el maletero en dos mitades. Esta solución permite viajar con dos mascotas o bien con sólo una y equipaje, pero claro, hablamos de un maletero que en su configuración básica alcanza los 560 litros de capacidad.

Una alternativa viable, cómoda y adecuada a la normativa de seguridad es llevar al perro en el habitáculo correctamente sujeto al cinturón de seguridad. Realmente si muchos consideramos al perro como uno más de la familia tampoco es descabellado equiparar su nivel de seguridad al nuestro, ¿no?

Perro con cinturón de seguridad

En cualquier tienda de accesorios para mascotas se pueden encontrar cinturones de seguridad para animales a un precio aproximado de 10 euros. Estos dispositivos son simplemente una cinta de tamaño regulable que se encaja por un lado en el enganche del cinturón y por otro al arnés del perro. He dicho arnés porque para viajar con el animal en el coche y sujetarlo al enganche del cinturón de seguridad nunca se debe usar un collar que, en caso de accidente o simplemente maniobra evasiva, podría causar daños en el cuello del animal que podrían ser incompatibles con la supervivencia.

Otro detalle muy importante a recordar es que a nuestras mascotas no les sienta bien las corrientes de aíre aunque les encantan. Sé que puede resultar muy simpático ver a un perro con la cabeza sacada por la ventanilla del coche pero, además de constituir un motivo de multa, le puede causar problemas oculares como una conjuntivitis, que durante una semana causarán molestias a la mascota, a los que cuidamos de la mascota… y al bolsillo de los que cuidamos de la mascota. El perro se sentirá incómodo e inquieto, nosotros estaremos preocupados y dormiremos más bien poco y el veterinario nos cobrará encantado unos cincuenta euros de visita y unos veinte euros de medicamento ocular. Me lo ha dicho un amigo…

Todos hemos visto a mucha gente llevar perros pequeños en el regazo y con la cabeza sacada por la ventanilla. Yo sufro cada vez que lo que veo y me gustaría decirle a esa gente que en caso de que se despliegue el airbag, algo que puede suceder en un accidente urbano, la mascota fallecería aplastada de forma casi instantánea.

Una forma muy peligrosa de viajar con el perro

Unos consejos útiles

Personalmente os puedo decir que yo llevo a mi perro en la parte posterior derecha del coche con su correspondiente cinturón y nunca he tenido problemas de ningún tipo, ni con el perro ni con las autoridades. Eso sí, os doy tres consejos muy importantes que os pueden evitar muchos disgustos.

Poned siempre una manta para proteger la tapicería del vehículo. Las tapicerías de tela son más resistentes pero más difíciles de limpiar. Por su parte, las tapicería en cuero son más fáciles de limpiar pero también más delicadas. Yo uso una manta que cuesta 4 euros y que se puede lavar en la lavadora sin ningún tipo de temor. Lo que debéis evitar siempre son los protectores de material plástico porque el animal volará literalmente en cada curva. Por cierto, también me lo ha dicho un amigo…

Llevad siempre la cartilla sanitaria del animal. Cierto es que la cartilla del perro la debemos llevar siempre encima aunque salgamos a pasear alrededor de casa pero no es menos cierto que muy poca gente lo hace. Sin embargo en un viaje es muy recomendable llevarla y además prestar especial atención a la legislación sanitaria vigente tanto en nuestro destino como en los territorios por los que vayamos a pasar. Por ejemplo, en Cataluña y en el País Vasco la vacuna de la rabia no es obligatoria para los perros, pero claro, hasta que la teletransportación sea efectiva, en un viaje en coche entre estas dos comunidades pasaremos por otras comunidades, como por ejemplo Aragón, en la que esta vacuna sí es obligatoria.

El último consejo que os doy es que llevéis siempre un bebedero para el animal y que le deis agua en cada parada. La Dirección General de Tráfico recomienda hacer las paradas cada dos horas o doscientos kilómetros. Yo he de ser sincero y reconocer que cuando viajo sólo con el perro hago las paradas cada 3 horas y aproximadamente 300 kilómetros y que en cada parada, mientras dejo que el motor del vehículo gire al ralentí un par de minutos le doy agua al perro.

Con el perro en el restaurante

A diferencia de lo que sucede en gran parte de los países europeos, en España aún es anecdótico que te dejen entrar con el perro en un restaurante y los dueños de mascotas acabamos conociendo todas las terrazas del barrio. En los últimos años cada vez son más los restaurantes o cafeterías que te dejan pasar con un perro y, en lo que a mi propia experiencia se refiere, debo decir que hay muchos sitios cerca de mi casa que, sin permitir explícitamente pasar con animales, me conocen, saben que mi perro es “civilizado” y nos dejan entrar.

Con el perro en un restaurante

Os hago este último matiz porque con un poco de educación se llega más lejos que contemplando constantemente la legislación vigente. Con esto os quiero decir que nunca entréis en un sitio en el que no se permita de forma explícita el acceso con animales sin preguntar primero y cuando preguntéis hacedlo con un poco de humildad y sin olvidar jamás que estáis pidiendo un favor.

Si por el contrario es un sitio que autoriza la entrada de animales o, como me sucede a mí, sois clientes habituales de una cafetería donde sí os dejan pasar tampoco hace falta que preguntéis cada día pero recordad que nuestras mascotas no deben molestar bajo ningún concepto al resto de la clientela y que nosotros seremos responsables de cualquier cosa que hagan.

Con el perro en el hotel

Ir a pasar unos días a un hotel y llevarnos a nuestro perro tampoco supone un problema. A día de hoy todos los grandes buscadores permiten buscar establecimientos donde sí admiten mascotas  además existen también buscadores específicos para este tema. Eso sí, os recomiendo siempre que antes de efectuar la reserva habléis directamente con el hotel para evitar problemas de última hora debido a cambios en la política del establecimiento o a errores en los buscadores. Nuevamente os comento que me lo ha dicho un amigo…

Cuidado con los hoteles

La experiencia acumulada y vivida me permite distinguir entre alojamientos que permiten mascotas y aquellos que sólo las “soportan”.

Entre los primeros me he encontrado hoteles en los que el perro es considerado como un huésped más y, con la lógica que impone el sentido común, podían moverse por las instalaciones con libertad. Incluso he estado en hoteles en los que la mascota tenía una zona específica dentro de la habitación, con su manta, su cojín y su comedero como me ha pasado en un hotel en la región del Ampurdán catalán.

Con el perro en un hotel

Sin embargo también me he encontrado con hoteles que dicen admitir mascotas y una vez que llegas te indican que te dan una habitación en la plata baja porque el perro no puede usar el ascensor, que debo entrar y salir por la puerta trasera de emergencia porque el perro no puede pasar por la puerta principal y que incluso deje el coche en una determinada zona del aparcamiento para que el resto de clientes no vean que hay un perro en sus instalaciones. Esto que suena a chiste me tocó vivirlo en un conocido hotel de Santa Coloma de Farnés (Gerona) al que acudí atraído por la buenas críticas que había leído de él y porque en una llamada telefónica me aseguraron que sí admitían mascotas.

A tener en cuenta

Nunca he exigido ningún tipo de comodidad o deferencia para mi perro ni nunca he hecho ningún tipo de comentario o protesta en aquellos hoteles que cobran la estancia de nuestras mascotas, pero tampoco nunca me tuvieron que llamar la atención al orden y en este aspecto debemos recordar nuevamente que la responsabilidad sobre el animal es totalmente nuestra y de la que depende en gran medida las decisiones futuras que adopte el establecimiento hotelero.

Con total independencia del tipo de hotel al que vaya, siempre llevo una bolsa con comida suficiente, correa, cepillo y una manta en la que dormirá el perro en una esquina de la habitación. Nunca he tenido que pedir nada en recepción y creo haber evitado siempre la más mínima molestia. Considero que así deberíamos actuar todos los que viajamos con mascotas para hacer ver tanto a los hoteles como a la sociedad en general que viajar con un perro y pasar unos días en un hotel no tiene porqué ser molesto ni para la mascota, ni para el dueño ni para el resto de clientes alojados.

Con tu mascota en el hotel

Lugares vetados a animales

Existen lugares en los que el acceso con animales está totalmente prohibido, como por ejemplo un hospital o un museo. Esto puede llegar a ser molesto para los que viajamos con la mascota, sobre todo en lo que se refiere a los museos, pero es nuestra obligación respetar estas prohibiciones.

Dicho esto os recomiendo que cuando vayáis a organizar un viaje con la mascota os informéis claramente si aquellos lugares que pretendéis visitar admiten o no la visita de nuestros compañeros peludos, sobre todo a los que, como a mí, no os gusta dejar al perro atado en una farola.

Mi recomendación en estos casos es que estacionéis en un aparcamiento cubierto, a poder ser vigilado, y que dejéis al perro dentro. Nunca se os ocurra dejar al perro dentro de un coche aparcado al sol y, por ejemplo en invierno, tened cuidado si lo dejáis en la vía pública porque siempre habrá quien lo sobre excite a través de los cristales o incluso quien llame a la policía para alertar de que el perro lleva horas encerrado (aunque hayan sido cinco minutos).

Mascota en el coche

Personas que vetan a los animales

Con el paso de los años cada vez se admite más compartir un espacio público con un perro. Cierto es que esto se debe en parte a la demostración científica de los beneficios físicos y psíquicos que aporta la convivencia con mascotas, lo que hace que la sociedad cada vez se muestre más abierta en este sentido aunque es justo reconocer que por ahora los que han salido ganando han sido los perros. Yo sería el primer sorprendido si veo a alguien paseando a un hámster y reconozco el asco que les tengo a los reptiles, por lo que no sé si me gustaría estar en casa de nadie que tenga una serpiente como mascota, por muy segura que sea la vitrina y por muy “domesticado” que esté el bicho.

A pesar de esto aún existe un amplio segmento de población a los que no sólo no les gustan los animales sino que además se esfuerzan en demostrarlo de forma constante. Al respecto no voy a llegar hasta el maltrato animal, algo que me repugna, sino que me voy a quedar simplemente en los problemas de la convivencia diaria.

Reconozco que es una suerte vivir en una finca de 11 vecinos con 6 perros censados, sobre todo si tenemos en cuenta que el resto de vecinos siempre se han mostrado muy abiertos, nunca me han dado problemas y siempre han sido cariñosos con mi perro hasta el punto de ofrecerse para cuidarlo algún fin de semana, pero esto no sucede siempre así. De hecho existen comunidades en las que en sus propios estatutos se prohíbe de forma explícita la tenencia de cualquier tipo de mascota.

No sé hasta qué punto esta decisión de algunas comunidades puede ser legal y desconozco los problemas que puedan derivarse de su desobediencia, pero tampoco entiendo la finalidad de prohibir a los vecinos tener mascota. Comprendo que no debe ser muy cómodo que tu vecino del rellano tenga dos rinocerontes en casa, pero vamos a ver, que un gatito no creo yo que moleste mucho…

Pues aunque tú y tu gatito viváis en el primero, seguro que la vecina protestona del octavo le molestará que tú tengas una mascota. Esto es así y no va a cambiar en muchos años. Ante esto lo mejor que podemos hacer es mostrarnos sumamente educados en todo momento y no enfrentarnos nunca con nadie pero, no nos engañemos tampoco, tendremos que buscar cómplices entre los vecinos que no se sientan tan ofendidos, que una cosa es ser educado y otra cosa ser tonto. Si a los vecinos colindantes no les molesta nuestra mascota, los que vivan en otras plantas no tendrán argumentos en contra.

Con el perro en un museo

Sí es muy importante, ya sea en casa, en un hotel o en un restaurante, distinguir entre las personas a las que de forma sistemática les molestan las mascotas y las que muestren algún tipo de temor ante un animal. La razón impone que ante éstas últimas no se debe hacer ninguna tontería con nuestra mascota, primero por educación y segundo porque no sabemos cómo puede reaccionar una persona ante un ataque de pánico.

Sin embargo, a estas alturas de le película, los que tenemos mascota y hacemos una vida social activa con ella sabemos que siempre hay quien se queja de forma sistemática ante la presencia de un perro, por ejemplo, en una cafetería. En este sentido, si es que estamos en un sitio donde se permite la presencia de perros, nuevamente os pido paciencia y educación; paciencia para hacer oídos sordos a la cantidad de tonterías que se pueden oír de quien rezonga a tus espaldas y educación cuando os deis la vuelta para decirle a esa persona todo lo que pensáis de su madre y nunca nadie se atrevió a decirle. ¡!!Es broma!!!

Bueno, quizás no del todo. Creo que todos los propietarios de mascotas que actuamos con educación y respeto hacia los demás y nunca nos metemos donde no debemos con nuestros perros debemos también exigir respeto cuando estemos en sitios en los que sí está autorizada la presencia de mascotas.

A veces hay que dejar al perro encerrado en el coche

A este sentido aprovecho para denunciar públicamente que a pesar de todos los viajes que he hecho por España, no he encontrado ningún área de descanso en el que se permita acceder con una mascota. Uso principalmente autopista de peaje, suelo parar en las áreas de descanso, no llevo bocadillo sino que lo compro en la cafetería a precio de estrella Michelin y además suelo aprovechar para llenar el depósito del coche a un precio del que también podríamos hablar mucho, pero mi perro tiene que esperar a la puerta. Eso sí, si va una familia de cinco miembros, aparca a la puerta, se saca la fiambrera del maletero y sólo entra en la cafetería para usar los aseos (porque son gratis) (por ahora) y mirar en la tienda sin comprar nada al final son bienvenidos. No sé, que nadie se rasgue las vestiduras, pero no me parece correcto.

Eso sí, reconozco que después de tantos años haciendo la ruta entre Barcelona y Asturias, ya tengo “mí” área de descanso donde tras preguntar una vez un responsable muy amable me dijo que él “no veía ningún perro”. Este señor sabe que cada vez que cruzo la península paro en su área de descanso.

No es difícil viajar con una mascota

Mi perro forma parte de mi vida y, en contra de lo que mucha gente pueda pensar, no me resulta una carga a la hora de buscar un alojamiento o un restaurante. Cierto es que debo tener precaución cuando por ejemplo estoy buscando un hotel pero después de tanto tiempo ya lo hago de manera sistemática.

En el monte con el perro

Reconozco que mi perro es un imán para los niños y para los no tan niños y que a mí no me importa en absoluto que se acerquen a él. También es cierto que me habían dicho que con perro se liga más, así que yo seguiré viajando con él a la espera de ese momento tan especial…

Por cierto, los protagonistas de este reportaje se llaman Mambo y Tango y sí, son encantadores.

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Miguel Galán

Soy un asturiano afincado en Barcelona que aprendió a conducir muy joven y desde entonces no he parado. De pequeño conocía los coches por el... Ver perfil ›

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