El nuevo Tesla Roadster vuelve a situarse en el centro del debate tras las últimas declaraciones de Elon Musk, que ha puesto por fin una nueva fecha sobre la mesa para mostrar el superdeportivo eléctrico de segunda generación. El modelo, anunciado por primera vez en 2017 y convertido casi en leyenda urbana dentro del sector, regresa a la actualidad cargado de promesas técnicas, pero también de dudas muy sólidas sobre su llegada real al mercado.
En diferentes intervenciones públicas y podcasts, el CEO de Tesla ha mezclado anuncios espectaculares con advertencias poco habituales en un lanzamiento de este calibre. Aceleraciones casi de ciencia ficción, posible tecnología derivada de SpaceX y una filosofía abiertamente alejada de la seguridad como eje central han dejado a analistas, potenciales clientes y aficionados europeos preguntándose hasta qué punto el Roadster será un coche de producción o simplemente un gran ejercicio de marketing y demostración tecnológica.
Una fecha oficial que cae en Día de los Inocentes…

Según Musk, la presentación oficial del Tesla Roadster de segunda generación está fijada para el 1 de abril de 2026. El detalle no es menor: se trata del April Fools Day, el equivalente anglosajón al Día de los Santos Inocentes en España. Y teniendo en cuenta su trayectoria, la elección del día muchos la han interpretado como un guiño irónico, o directamente como un motivo más para poner la fecha en cuarentena.
El modelo actual deriva de aquel primer prototipo presentado en noviembre del año 2017 junto al camión Tesla Semi. Desde entonces, el Roadster ha vivido más de titulares click bait y tuits que de avances visibles en su desarrollo industrial definitivo. En Europa y España, donde la electrificación avanza con fuerza pero con una regulación más dura en seguridad y homologaciones, no son pocos los que consideran que el calendario anunciado es, como mínimo, optimista.
Lo cierto es que Tesla aceptó reservas del Roadster hace años, con depósitos que rondaban los 50.000 dólares y campañas de referidos con las que se prometieron unidades gratuitas a algunos clientes fieles. Casi una década después, el vehículo sigue sin fabricarse en serie y ha desaparecido del configurador oficial, lo que contribuye a la sensación de proyecto congelado o, como mínimo, relegado frente a otras prioridades del grupo.
Prestaciones prometidas: cifras de hiperdeportivo eléctrico…

En el plano técnico, las cifras comunicadas para el Tesla Roadster se mueven en territorio de hiperdeportivo. Tesla habla de un 0 a 100 km/h en torno a 1,9 segundos, una autonomía teórica de hasta 965 kilómetros y un par motor anunciado en el entorno de los 10.000 Nm, todo ello acompañado de una posible velocidad máxima que podría rondar los 400 km/h.
Para lograrlo, la arquitectura prevista incluye un sistema de tres motores eléctricos y tracción total, con una potencia conjunta superior a los 1.000 CV. Sobre el papel, estas cifras situarían al Roadster en la misma conversación que los modelos más extremos de firmas como Bugatti, Koenigsegg o los hiperdeportivos eléctricos europeos que están empezando a asomar en el mercado.
Uno de los elementos más llamativos es la posible incorporación, como opción, de propulsores de gas comprimido desarrollados por SpaceX. Estos sistemas funcionarían como pequeños cohetes auxiliares, pensados para mejorar aún más la aceleración y ofrecer breves impulsos adicionales. En declaraciones anteriores, Musk llegó incluso a sugerir que el coche podría realizar «pequeñas ráfagas de vuelo», algo que en Europa suscita serias dudas sobre su viabilidad en términos de homologación y uso en carretera abierta.
En cualquier caso, la gran incógnita es hasta qué punto todas estas especificaciones pasarán del papel al producto final. La experiencia reciente con otros modelos de Tesla, como el Cybertruck, demuestra que las cifras iniciales y los plazos proclamados por Musk pueden alejarse bastante de la realidad industrial y de las versiones que acaban llegando a manos de los clientes.
«Si la seguridad es tu prioridad, no compres el Roadster»…

Más allá de los números, han sido las palabras de Musk sobre la filosofía del coche las que han generado más polémica, especialmente entre quienes siguen la evolución del vehículo eléctrico en Europa, donde la seguridad activa y pasiva es un argumento de venta fundamental.
Durante su paso por el podcast tecnológico Moonshots, Musk fue explícito al afirmar que la seguridad no es el objetivo principal del Tesla Roadster. Llegó a recomendar que quienes coloquen la seguridad como criterio número uno de compra no opten por este modelo, comparando su enfoque con el de compradores de marcas como Ferrari o de otros deportivos de alto rendimiento, donde el disfrute al volante suele primar sobre el confort y la protección máxima.
Ante la polémica suscitada, el directivo matizó que Tesla no busca fabricar un coche peligroso, pero mantuvo la idea de que el Roadster no está concebido como un escaparate de seguridad pasiva, sino como una máquina extrema para entusiastas. En tono irónico, llegó a decir que la empresa «aspira a no matar a nadie» con este coche, una frase que, si bien encaja con su estilo comunicativo, no ayuda precisamente a reforzar la confianza de los posibles compradores más prudentes.
Musk también ha descrito al Roadster como «el mejor de los últimos coches conducidos por humanos», presentándolo como una especie de despedida de los vehículos en los que el conductor sigue teniendo un papel protagonista, antes de la hipotética generalización de la conducción totalmente autónoma. Esta visión encaja con su insistencia en que el futuro de Tesla pasa cada vez más por la inteligencia artificial y el software, y menos por los volúmenes de producción tradicionales.
Un proyecto eternamente retrasado y cada vez más simbólico…

La historia reciente del Roadster está marcada por los aplazamientos continuos. Tesla empezó a aceptar reservas en 2017 y desde entonces las fechas objetivo se han ido moviendo, tanto en lo referente al inicio de la producción como a las demostraciones públicas prometidas. Musk llegó a anunciar una demostración antes de finales de 2025, algo que finalmente no se llevó a cabo.
En paralelo, la compañía ha redirigido buena parte de sus recursos y su discurso hacia la conducción autónoma y la inteligencia artificial. Proyectos como el Roadster, el camión Tesla Semi o el hipotético «Tesla barato» han ido quedando en segundo plano ante la prioridad de desarrollar sistemas de autoconducción avanzados y plataformas de software que, según Musk, serán el verdadero corazón del negocio a medio plazo.
Este cambio de foco ha reforzado la percepción de que el Roadster puede estar pensado más como escaparate de capacidades que como producto de alto volumen. En Europa, donde los fabricantes tradicionales están lanzando eléctricos cada vez más sofisticados con calendarios relativamente predecibles, el contraste con la trayectoria errática del Roadster resulta llamativo.
A día de hoy, el modelo ya no figura en la web oficial de Tesla como producto configurable, y las condiciones de las reservas iniciales siguen rodeadas de incertidumbre. Para los clientes europeos que en su día se interesaron por el coche, el proyecto se percibe como una promesa lejana en el tiempo, sometida tanto a la voluntad de Musk como a la evolución regulatoria y tecnológica del sector.
Impacto potencial en el mercado europeo y retos por delante…

Si el Tesla Roadster se presenta en 2026 y llega a producción, podría convertirse en uno de los coches eléctricos más radicales del mercado. Su rivalidad no estaría en los turismos generalistas, sino en los hiperdeportivos eléctricos de nicho desarrollados por marcas consolidadas y nuevas firmas de alta gama, con un enfoque centrado en prestaciones extremas.
En Europa y España, su posible llegada abriría un doble debate. Por un lado, sería un escaparate de innovación tecnológica y hasta dónde puede llegar la electrificación en rendimiento puro. Por otro, surgen dudas sobre su encaje en un entorno con normativas de emisiones más estrictas, exigencias de seguridad elevadas y una presión social creciente hacia una movilidad más sostenible y racional. Además, hipotéticos sistemas inspirados en SpaceX tendrían que superar una homologación europea especialmente compleja, ya que soluciones tipo “cohetes de apoyo” no encajan fácilmente en los marcos actuales.
Con este contexto, el Roadster podría quedar como un producto muy minoritario y de imagen de marca, más orientado a reforzar el aura de Tesla y la figura de Musk que a generar grandes volúmenes de ventas. Tras años de anuncios y retrasos, se ha convertido en un símbolo de ambición, plazos volátiles y mensajes provocadores. Si la presentación prevista para el 1 de abril de 2026 se cumple y llega a Europa, se verá si es un auténtico superdeportivo eléctrico o un ejercicio de demostración con más impacto mediático que comercial.
Fuente – Elon Musk
Imágenes | Tesla