La china Xpeng ha dado un salto relevante en la carrera por los robotaxis de conducción autónoma al arrancar la producción en serie de su primer modelo sin conductor. Lejos de limitarse a prototipos de laboratorio, la compañía ya está sacando unidades de la línea de montaje de su planta de Guangzhou, construidas sobre la base de su nuevo SUV GX de seis plazas.
Con este movimiento, el fabricante se posiciona como uno de los primeros en China en contar con un robotaxi de nivel 4 listo para explotación comercial, desarrollado con tecnología propia desde el hardware hasta el software. Aunque de momento el despliegue se concentra en el mercado chino, la estrategia tecnológica apunta claramente a una futura expansión a otras ciudades y, llegado el momento, a mercados internacionales donde Europa aparece como objetivo lógico a medio plazo.
Un robotaxi de nivel 4 basado en el SUV Xpeng GX…

El robotaxi de Xpeng se construye sobre la plataforma del GX, un SUV de seis plazas de 5,27 metros de longitud con un interior de corte lujoso que recuerda al estilo de un Range Rover. La clave, no obstante, no está en la carrocería sino en la profunda transformación tecnológica del vehículo para alcanzar conducción autónoma de nivel 4.
En lugar de diseñar un modelo específico desde cero, la marca ha optado por aprovechar una arquitectura ya existente, el GX, adaptándola como base de su taxi autónomo. De este modo puede reutilizar componentes, software y la misma línea de producción, reduciendo costes de desarrollo y fabricación y facilitando que, una vez superada la fase piloto, sea posible escalar rápidamente a cientos o miles de unidades.
Este enfoque industrial contrasta con propuestas más radicales, como la idea de vehículos biplaza sin volante ni pedales, y apuesta por un coche «total» capaz de servir como vehículo de uso familiar y robotaxi con distintas configuraciones de cabina e interior inteligente.
Arquitectura de IA propia: cuatro chips Turing y 3.000 TOPS…

El núcleo del sistema autónomo del robotaxi está formado por cuatro chips Turing de inteligencia artificial desarrollados por la propia Xpeng, como Volkswagen, que desarrollará sus propios chips para conducción inteligente. En conjunto ofrecen una potencia de cálculo a bordo de 3.000 TOPS, es decir, la capacidad de ejecutar del orden de 3.000 billones de operaciones por segundo para alimentar redes neuronales complejas.
Esta capacidad computacional muy superior a la de plataformas de generaciones anteriores se considera imprescindible en un servicio de robotaxi, ya que todas las decisiones se toman en el propio vehículo y en tiempo real, sin depender de la nube. El coche debe procesar continuamente datos de cámaras, interpretar el entorno urbano, anticipar movimientos de otros usuarios de la vía y actuar de forma segura en intersecciones, rotondas o zonas de tráfico denso.
Desde la firma insisten en que la conducción autónoma no depende únicamente de los teraflops disponibles, sino también de la calidad del software, del volumen de datos utilizados para entrenar los modelos y de la validación en condiciones reales. En cualquier caso, el salto a 3.000 TOPS sitúa al robotaxi de Xpeng en la parte alta del espectro de potencia de cálculo disponible en vehículos de producción.
Sin LiDAR ni mapas HD: apuesta por la visión pura…

Uno de los puntos más llamativos del proyecto es la decisión de Xpeng de prescindir de sensores LiDAR y mapas de alta definición. En su lugar, el robotaxi recurre a una solución de visión pura basada en cámaras y modelos avanzados de inteligencia artificial, una filosofía muy similar a la que defiende Tesla para sus sistemas de conducción autónoma.
Mientras otros actores del sector, como Waymo o varias compañías chinas, mantienen enfoques más conservadores con LiDAR para disponer de mediciones 3D directas y una capa de redundancia adicional, Xpeng sostiene que un sistema centrado en cámaras puede ser más económico y más sencillo de desplegar a gran escala, siempre que el software esté lo suficientemente maduro.
Este planteamiento, sin embargo, no está exento de desafíos. Los sistemas basados solo en visión necesitan algoritmos muy sofisticados para interpretar señales, peatones, obstáculos y cambios climáticos con la misma fiabilidad que combinaciones de sensores más complejas. La marca asume ese reto confiando en su plataforma de IA, alimentada con grandes cantidades de datos de conducción real y diseñada para adaptarse a entornos urbanos diversos.
Modelo VLA 2.0: visión, lenguaje y acción en un único flujo…

La toma de decisiones del robotaxi se articula en torno al modelo end-to-end VLA 2.0 (Visión-Lenguaje-Acción). Este sistema combina el análisis de la escena visual con representaciones de alto nivel y la ejecución directa de maniobras de conducción sin pasar por las clásicas tres etapas separadas (percepción, planificación y control) que emplean muchas arquitecturas.
Según Xpeng, VLA 2.0 elimina un paso de «traducción» intermedio, lo que permite reducir la latencia de respuesta por debajo de los 80 milisegundos. Esa rapidez es especialmente relevante en contextos urbanos llenos de imprevistos, donde fracciones de segundo marcan la diferencia entre una maniobra segura y una situación de riesgo.
Otra de las ventajas que destaca la compañía es la mayor capacidad de generalización urbana: el modelo está diseñado para adaptarse con relativa facilidad a nuevas ciudades e incluso a operaciones transfronterizas, sin necesitar que cada zona disponga de cartografía HD detallada. A nivel estratégico, esto abre la puerta a despliegues en mercados extranjeros cuando los marcos regulatorios lo permitan, un punto de interés evidente para Europa.
Diseño interior orientado al servicio sin conductor…

Más allá de la tecnología de conducción, el robotaxi se ha configurado con un habitáculo pensado para viajes sin conductor. Incluye cristales de privacidad, asientos de gravedad cero orientados al confort y pantallas traseras de entretenimiento para los pasajeros.
Durante el trayecto, los ocupantes pueden gestionar climatización, música u otros parámetros del vehículo a través de un asistente de voz integrado y de las pantallas multimedia. La idea es ofrecer una experiencia de viaje que resulte más cercana a un servicio premium de movilidad bajo demanda que a un taxi tradicional, aprovechando las posibilidades de un interior sin la figura del conductor en primer plano.
En paralelo, la compañía mantiene su apuesta por un ecosistema de movilidad inteligente más amplio, en el que encajan sus desarrollos en robots humanoides y vehículos voladores. El robotaxi se integra así como una pieza clave de un proyecto de largo plazo que va más allá del turismo eléctrico convencional.
Unit business específica y ecosistema abierto de robotaxis…

Para acelerar la llegada al mercado, Xpeng ha creado una unidad de negocio dedicada exclusivamente a los robotaxis. Esta división se encarga de definir el producto, coordinar la I+D, gestionar las pruebas y preparar las operaciones comerciales.
La compañía también ha apostado por abrir su tecnología a terceros mediante un SDK específico para robotaxis. El primer socio global de este ecosistema es Amap, la aplicación de movilidad propiedad del Grupo Alibaba, que actúa como agregador de vehículos de alquiler en China.
El acuerdo con Amap, junto con la colaboración ya existente con la plataforma de viajes compartidos Didi en otros proyectos, sugiere un modelo en el que Xpeng podría operar directamente la flota de robotaxis pero permitir que los usuarios reserven los desplazamientos desde distintas plataformas. De esta manera, el fabricante se posiciona no solo como proveedor de vehículos, sino como actor directo en la cadena de valor de la movilidad bajo demanda.
Calendario: pruebas piloto en este año 2026 y objetivo sin supervisor para el 2027…

Desde enero, Xpeng dispone de permiso para probar vehículos autónomos en vías públicas en Guangzhou, dentro del marco regulatorio local para coches conectados inteligentes, similar a la producción del Cybercab de Tesla. Gracias a ello, el robotaxi ha entrado formalmente en fase de pruebas de conducción autónoma de nivel 4 en entorno real.
La hoja de ruta de la compañía pasa por iniciar operaciones piloto de robotaxi en la segunda mitad del año. En esta primera etapa, los coches todavía circularán con un supervisor humano a bordo, preparado para intervenir ante cualquier incidencia y para recopilar datos de comportamiento del sistema y de reacción de los usuarios.
Si los resultados son satisfactorios, Xpeng aspira a alcanzar un funcionamiento totalmente autónomo, sin personal de seguridad dentro del vehículo, a principios de 2027. Paralelamente, directivos de la firma han adelantado que el objetivo de producción se sitúa entre varios cientos y varios miles de unidades en los próximos 12 a 18 meses, lo que indica una clara intención de pasar de la fase de demostración a una explotación comercial a escala relevante.
Fuente – Xpeng by Newspress Spain
Imágenes | Xpeng