El consejero delegado de Volkswagen, Oliver Blume, ha dado la cara ante los trabajadores en un momento crÃtico para el gigante automovilÃstico alemán. En una tensa asamblea celebrada en la planta de Wolfsburgo, más de 10.000 empleados recibieron al directivo con abucheos y pitos, mientras los representantes sindicales de IG Metall mostraban pancartas con lemas como «¡Basta de romper el convenio!» o «¡Nuestros empleos no son el ajuste de vuestro balance!». Era la primera de nueve reuniones que Blume mantendrá con la plantilla para explicar el mayor programa de transformación de la historia del grupo, un plan que contempla la supresión de hasta 100.000 puestos de trabajo en los próximos cinco años.
El ambiente era tan tenso que la presidenta del comité de empresa, Daniela Cavallo, no dudó en reprochar al CEO que «no se puede trabajar con un consejero delegado que no dice la verdad a su gente». Cavallo, muy aplaudida por los asistentes, criticó que la cifra de 50.000 despidos adicionales «no es un cálculo teórico, sino un movimiento diseñado para agradar al mercado bursátil». A pesar de la hostilidad del público, Blume defendió la necesidad de un ajuste drástico para hacer frente a lo que él mismo calificó como «la mayor convulsión de la historia» de la industria automovilÃstica alemana, marcada por la competencia china, los aranceles estadounidenses y los riesgos geopolÃticos.
Costes muy superiores a los de sus competidores

El directivo reconoció que los costes fijos del fabricante son un 30% superiores a los de sus competidores, lo que se traduce en una desventaja permanente de unos 1.500 millones de euros anuales solo en Alemania. «Si continuáramos como hasta ahora, nos enfrentarÃamos a una desventaja permanente de alrededor de 1.500 millones de euros anuales. Precisamente por eso, estamos bajo una enorme presión para actuar», explicó Blume, que también admitió que la compañÃa arrastra un exceso de producción de 500.000 vehÃculos al año en Europa. El margen operativo del grupo se sitúa en el 3,8%, una cifra que el CEO considera insuficiente para financiar las inversiones en electrificación, software y nuevas plataformas.
Uno de los puntos más delicados del plan es el futuro de las plantas alemanas. Aunque Blume aseguró que «el cierre de fábricas siempre serÃa la última y más costosa solución», también reiteró que para los centros de Emden, Hannover, Zwickau y Neckarsulm «actualmente no vemos ninguna forma de que sigan siendo rentables en la década de 2030». Esta ambigüedad ha generado una enorme inquietud entre los trabajadores, que temen que la cifra de recortes pueda escalar hasta los 140.000 empleos si finalmente se confirman los cierres. La dirección, por su parte, insiste en que busca «perspectivas resilientes» para todas las ubicaciones y que las decisiones definitivas se tomarán en los próximos seis a doce meses.

En medio de este clima de confrontación, Blume reveló que la compañÃa está explorando «soluciones industriales» para las plantas donde pueda cesar la producción de automóviles. En concreto, mencionó que se encuentran en una fase avanzada de negociaciones con empresas del sector de la defensa para el uso de la fábrica de Osnabrück, cuya situación es incierta tras el fin del Volkswagen T-Roc Cabrio. Esta idea, que también ha sido sugerida por el ministro de EconomÃa de Baja Sajonia, Olaf Lies, como una alternativa al cierre, choca con la postura de los sindicatos, que rechazan de pleno cualquier medida que implique la pérdida de puestos de trabajo. La presión también viene de arriba: Porsche SE, el holding de la firma alemana Porsche, ha instado a la dirección a actuar con mayor rapidez, advirtiendo de que el grupo se encuentra en una «encrucijada histórica».
Trabajadores enfadados con VW
El malestar de la plantilla no se limita a los recortes. Una encuesta interna impulsada por el comité de empresa reveló que la principal queja de los trabajadores es la «comunicación desastrosa» de la dirección, por delante incluso de la preocupación por la seguridad en el empleo. Los empleados y sus familias se sienten «inseguros y asustados», según la Agencia de Prensa Alemana. Blume, que ya ha acordado 50.000 salidas voluntarias mediante jubilaciones y bajas incentivadas, hizo un llamamiento a la unidad: «Solo tendremos éxito si todos en la empresa apoyan este plan».

Sin embargo, la presidenta de IG Metall, Christiane Benner, prometió oponerse al cierre de fábricas y recordó que «los trabajadores de Volkswagen ya han tenido que aceptar recortes cuantiosos y dolorosos y ahora reciben otra bofetada».
El consejo de supervisión de Volkswagen, donde están representados accionistas y sindicatos, volverá a deliberar sobre el plan el próximo 4 de septiembre. Mientras tanto, la compañÃa estudia reducir a la mitad su lÃnea de modelos y recortar su capacidad productiva, disminuyendo un 75% las opciones de configuración. En España, esta simplificación afectará directamente a Seat y Cupra, con producción en Martorell, y cambiará la forma de configurar un renting o una flota corporativa. La incertidumbre es total, y los trabajadores de las nueve plantas alemanas del grupo celebrarán juntas extraordinarias en los próximos dÃas para exigir claridad sobre su futuro. La situación es, como reconoce el propio Blume, «más que crÃtica», y el desenlace de esta negociación marcará el futuro de la mayor industria automovilÃstica de Europa.