La expansión de los coches eléctricos se ha convertido en un factor clave para amortiguar el impacto económico de la crisis del petróleo provocada por el bloqueo del Estrecho de Ormuz y la consiguiente parálisis de las exportaciones de crudo iraní. Aunque el conflicto se libra a miles de kilómetros, sus efectos se sienten de lleno en los bolsillos de los conductores españoles y europeos, en forma de carburantes más caros y mayor presión sobre el coste de la vida.
De acuerdo con un análisis reciente del centro de estudios energéticos Ember, con sede en el Reino Unido, la flota global de vehículos eléctricos ya ha reducido el consumo de petróleo en 1,7 millones de barriles diarios. Es una cantidad que roza el 70% de la producción de Irán, estimada en 2,4 millones de barriles al día y ahora prácticamente bloqueada por las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico.
El bloqueo de Ormuz y su impacto en la economía global…

El Estrecho de Ormuz es uno de los mayores cuellos de botella del comercio energético mundial: por sus aguas transita alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas fósil licuado que se comercian a nivel global. La región del Golfo Pérsico aporta en torno al 29% del suministro mundial de crudo, de modo que cualquier interrupción en este paso estratégico se convierte en una sacudida directa al mercado.
El reciente cierre de facto de este corredor, en un contexto de tensiones militares entre EEUU, Israel e Irán, ha empujado el precio del barril Brent —referencia internacional— por encima de los 100 dólares durante varios días seguidos. Esto supone un incremento de en torno al 40% respecto a las cotizaciones anteriores a la amenaza de escalada bélica, un salto que se ha trasladado con rapidez al precio de la gasolina, el diésel y el queroseno, afectando a todo tipo de economías, desde Europa hasta Asia y África.
Ember recuerda en su informe que cada subida de 10 dólares por barril dispara la factura anual de importaciones netas de petróleo en unos 160.000 millones de dólares. En un mundo donde aproximadamente el 79% de la población vive en países importadores de crudo, esta volatilidad se traduce en más tensión inflacionista, menos margen fiscal y un golpe especialmente duro para los hogares con menos recursos.
Los países más vulnerables, los que más sufren…

Los efectos de este encarecimiento no se reparten por igual. Mientras las grandes economías tienen más capacidad para absorber el shock, Estados con escasos recursos y alta dependencia del petróleo ven cómo una parte significativa de su riqueza se esfuma en importar combustibles fósiles a precios disparados. Según los datos recogidos en el análisis, en países como Namibia o la República Democrática del Congo las importaciones de carburantes llegan a superar el 15% del producto interior bruto, una proporción que deja poco margen para sanidad, educación o infraestructuras.
La situación también pone contra las cuerdas a regiones altamente dependientes de las rutas de Ormuz, como buena parte de Asia, que canaliza alrededor del 40% de sus compras de petróleo a través de este estrecho. China es uno de los países más expuestos, tanto por volumen de consumo como por peso industrial, lo que multiplica la relevancia de cualquier alternativa que reduzca su necesidad de crudo importado.
Europa y España ante el encarecimiento del petróleo…

En Europa, el encarecimiento del Brent se ha reflejado con rapidez en los surtidores. En España, la gasolina 95 ha escalado hasta una media en torno a 1,77 euros por litro, lo que supone un aumento de alrededor del 18% en apenas un mes. El diésel, más ligado al transporte de mercancías y a flotas profesionales, ha sufrido aún más: el precio medio supera ya los 1,9 euros por litro, tras un incremento superior al 26% en el mismo periodo.
Este repunte de los carburantes se extiende también al queroseno de aviación en el mercado europeo, donde los precios han llegado a encarecerse cerca de un 70% desde el inicio del conflicto. El impacto no solo afecta a quienes llenan el depósito cada semana, sino también a las cadenas de suministro, al turismo y, en última instancia, a la inflación generalizada de bienes y servicios.
En Estados Unidos, uno de los países implicados en la escalada, la gasolina también se ha encarecido más de un 25%, alcanzando niveles que no se veían desde el otoño de 2023. Esto refuerza la idea de que incluso los grandes productores sufren cuando el mercado del crudo se descontrola por tensiones geopolíticas, y que la dependencia del petróleo es un riesgo compartido.
Coches eléctricos: una alternativa real a la volatilidad del petróleo…

En este contexto, el informe de Ember subraya que, al contrario de lo que ocurría en las crisis petroleras de la década de 1970, hoy existe una alternativa tecnológica madura: la electrificación del transporte. Los vehículos eléctricos no solo han mejorado en autonomía y prestaciones, sino que además se han vuelto cada vez más competitivos en precio frente a los coches de gasolina y diésel.
Daan Walter, director del centro de estudios, sostiene que la volatilidad del crudo convierte al vehículo eléctrico en una opción lógica para los países que quieren blindarse frente a futuras crisis energéticas. Sustituir el petróleo importado que se destina al transporte por carretera por coches y furgonetas eléctricas podría rebajar en más de un tercio la factura de importaciones de los Estados dependientes, lo que se traduciría en un ahorro global cercano a los 600.000 millones de dólares anuales.
La clave, según Ember, es que las tecnologías de electrificación ya están disponibles para más de tres cuartas partes de la demanda energética mundial. Combinadas con fuentes renovables —sobre todo eólica y solar— permiten reducir drásticamente la necesidad de importar combustibles fósiles, algo especialmente relevante en Europa, donde la diversificación de suministros se ha convertido en un eje central de la política energética tras las últimas crisis.
El ahorro energético ya es medible: China, Europa e India…

El estudio pone cifras concretas al efecto que tiene la flota de vehículos eléctricos sobre la balanza energética. Con el petróleo a 80 dólares el barril, China logra evitar importaciones por más de 28.000 millones de dólares al año gracias únicamente a sus coches eléctricos actuales. Es un ahorro que se genera todos los ejercicios, sin necesidad de nuevos descubrimientos de petróleo ni de comprometerse con proveedores inestables. En Europa, Ember calcula que la flota eléctrica ya instalada permite ahorrarse en torno a 8.000 millones de dólares anuales.
India, por su parte, todavía presenta un mercado de coches eléctricos mucho más modesto, pero incluso así el ahorro asociado a su flota actual se sitúa alrededor de los 600 millones de dólares al año. Para un país con una gran dependencia de la energía importada y grandes necesidades de inversión en desarrollo, cada dólar que deja de destinarse a comprar petróleo supone un pequeño alivio para sus cuentas públicas y su balanza de pagos.
Cuotas de venta de coches eléctricos: Asia toma la delantera…

El despliegue de los vehículos eléctricos nuevos es muy desigual según el país, y la brecha es especialmente visible si se compara Asia con otras regiones. China encabeza el ranking con una cuota de ventas de coches eléctricos en torno al 50% del total de matriculaciones nuevas, una proporción que refleja tanto el empuje industrial del país como el respaldo de sus políticas públicas.
Otros mercados asiáticos también se están moviendo con rapidez: Vietnam alcanza aproximadamente un 38% de cuota de vehículos eléctricos en las ventas nuevas, Tailandia ronda el 21% e Indonesia se sitúa en torno al 15%. Estas cifras contrastan con las de otras grandes economías donde la adopción avanza, pero a menor ritmo, lo que condiciona el potencial de ahorro en importación de petróleo y la capacidad de resistencia frente a crisis como la actual.
Hay también casos de grandes países industriales que se han quedado rezagados. India apenas alcanza el 4% de cuota de coches eléctricos nuevos, y Japón se queda alrededor del 3%, pese a contar con una larga tradición en tecnologías de electrificación parcial, como los híbridos. Esta diferencia de ritmo podría influir en su vulnerabilidad futura ante nuevos repuntes de los precios del crudo.
Europa y España: avances en electrificación, pero a dos velocidades…

En la Unión Europea, la cuota de ventas de coches eléctricos nuevos se sitúa en torno al 26%, lo que coloca al bloque en una posición intermedia entre los líderes asiáticos y mercados potentes como Estados Unidos, donde la penetración ronda el 10%. Esta proporción contribuye ya a reducir la demanda de gasolina y diésel, pero aún queda un amplio margen para minimizar la exposición a crisis ligadas al petróleo.
España, sin embargo, se mantiene claramente por debajo de la media europea, con una cuota cercana al 9% en las matriculaciones de coches eléctricos. Esta diferencia a dos velocidades implica que el país sigue siendo especialmente vulnerable a los vaivenes del precio del crudo, al depender en gran medida de un parque móvil de combustión y de importaciones de petróleo para cubrir su movilidad diaria.
La combinación de altos precios en las gasolineras y una adopción más lenta del coche eléctrico hace que muchos conductores españoles vean cómo se encarece cada desplazamiento, mientras otros países vecinos ya empiezan a beneficiarse de un parque más electrificado. La decisión de acelerar o no este cambio tendrá implicaciones directas sobre la factura energética nacional y sobre la capacidad de amortiguar futuros bloqueos de exportaciones, como el que afecta ahora a Irán.
Más allá del transporte: calefacción y generación eléctrica…

La electrificación del transporte es la prioridad inmediata por ser la tecnología más madura, pero el informe de Ember destaca otros frentes clave. La climatización de edificios mediante bombas de calor y sistemas eléctricos permitiría sustituir las calderas de gas clásicas, reduciendo drásticamente el consumo de combustibles fósiles. Asimismo, cambiar centrales térmicas por instalaciones de energía renovable, como la eólica o la solar, disminuiría la necesidad de importar hidrocarburos. Este cambio estructural liberaría recursos económicos vitales y reduciría la exposición a conflictos geopolíticos en regiones productoras de petróleo.
Esta transición se traduce en una menor vulnerabilidad ante crisis externas, como la paralización de exportaciones iraníes que evidencia la fragilidad del sistema actual. Cuanta más demanda se cubra con electricidad limpia generada internamente, menor será la exposición a bloqueos o sanciones internacionales. Ember estima que una electrificación masiva del transporte y la calefacción permitiría a los países importadores rebajar su factura energética en casi un 70%. La soberanía energética se convierte así en un pilar fundamental para garantizar la estabilidad económica frente a las oscilaciones del mercado del crudo.
El análisis subraya que el auge de los coches eléctricos funciona como una herramienta de seguridad estratégica global. Actualmente, esta flota ahorra al mundo 1,7 millones de barriles diarios, una cifra cercana al volumen que Irán coloca habitualmente en el mercado. Acelerar la adopción de vehículos cero emisiones y fomentar la eficiencia energética no elimina la dependencia de un plumazo, pero ofrece a economías como la española un margen de maniobra inédito. Reducir la factura exterior y recortar la exposición a crisis lejanas es hoy una posibilidad real gracias al avance tecnológico.
Fuente – Ember
Imágenes | Archivo Actualidad Motor