La compra de un vehículo eléctrico, especialmente cuando se trata de modelos de ocasión, suele generar bastantes dudas sobre la salud real de su acumulador. Hasta hace nada, los interesados tenían que confiar ciegamente en la palabra del vendedor o en las promesas del fabricante sobre cuántos ciclos de carga le quedaban al componente. Para acabar con esta incertidumbre y profesionalizar el sector, la Unión Europea ha impulsado el denominado Battery Pass.
Este sistema funcionará como un auténtico DNI digital para las baterías, permitiendo que cualquier persona pueda conocer el historial completo de la pieza. No se trata de una sugerencia, sino de una norma que será obligatoria para cualquier medio de transporte que monte una batería de 2 kWh o más. Esto significa que, además de los turismos eléctricos e híbridos, también se verán afectados los patinetes, bicicletas, motos y furgonetas que circulen por territorio europeo.
Detalles de la implementación y plazos…

La normativa entrará en vigor plenamente el 18 de febrero de 2027. A partir de esa fecha, no se podrá vender ningún vehículo en la UE que no cuente con esta documentación digital. Para facilitar el acceso, el pasaporte estará vinculado al número de bastidor (VIN) del coche y se podrá consultar escaneando un código QR situado en puntos estratégicos, como el capó, la puerta del conductor o el propio puerto de carga.
En cuanto al coste, no habrá que pagar una tasa directa para consultar la información. Sin embargo, la gestión de estos datos conlleva un gasto técnico que los fabricantes probablemente trasladarán al precio del coche. Según estimaciones de la firma Circulator, este sobrecoste se situaría entre los 8 y los 15 euros, una cifra bastante razonable si se tiene en cuenta la transparencia que aporta al consumidor.
¿Qué información exacta contiene el Battery Pass?

El documento digital se divide en bloques informativos muy detallados para que tanto usuarios como mecánicos tengan el control total del componente:
- Datos del fabricante y origen: Incluye la categoría, el modelo, la fecha de producción, el peso y el lugar donde se fabricó la batería.
- Química y composición: Detalla el uso de materiales críticos como el litio, cobalto o níquel, el porcentaje de materiales reciclados y la presencia de sustancias peligrosas.
- Rendimiento y salud: Especifica la capacidad nominal, el voltaje, la vida útil prevista en ciclos y la eficiencia energética, permitiendo conocer el estado de salud (SoH) del dispositivo.
- Seguridad y mantenimiento: Ofrece pautas para un almacenamiento seguro, instrucciones de manipulación y un historial de incidencias o averías detectadas.
- Impacto ambiental y reciclaje: Recoge la huella de carbono generada durante la fabricación y las instrucciones paso a paso para desmontar la batería de forma segura al final de su vida útil.
Este avance es fundamental para impulsar la economía circular en España y el resto de Europa. No solo ayuda a saber si un coche usado mantiene su autonomía, sino que facilita que las baterías puedan tener una segunda vida en sistemas de almacenamiento doméstico o industrial antes de ser recicladas definitivamente, asegurando que los materiales se recuperen de la manera más eficiente posible.