Parece que los rumores sobre la jubilación anticipada de los grandes bloques de gasolina eran algo precipitados, al menos en la casa de Affalterbach. Mercedes-AMG ha decidido dar un golpe en la mesa al renovar su buque insignia en el segmento SUV, mostrando que al motor de ocho cilindros todavía le queda mucha cuerda. Esta renovación del Mercedes-AMG GLE 63 S 4MATIC+ no es un simple lavado de cara estético, sino una declaración de intenciones para quienes buscan el máximo rendimiento sin renunciar a la polivalencia de un vehículo de grandes dimensiones.
En un mercado europeo cada vez más restrictivo, la marca de la estrella ha sabido jugar sus cartas para que este mastodonte siga siendo una referencia en las carreteras españolas. Ya sea en su configuración SUV convencional o en la siempre llamativa variante Coupé, el nuevo modelo prescinde de la versión básica para centrarse exclusivamente en el acabado ‘S’, el más prestacional de la gama. Con una puesta a punto que toca todos los palos, desde la mecánica hasta la digitalización extrema, el nuevo GLE 63 S se prepara para aterrizar en los concesionarios con argumentos renovados.
Diseño exterior y una presencia imponente…

Por fuera, el cambio es evidente pero mantiene la elegancia bruta que se espera de un AMG. El frontal ha sido esculpido de nuevo, destacando una parrilla Panamericana que ahora puede estar iluminada, dándole un toque muy futurista al caer la noche. Las tomas de aire son ahora más generosas, algo vital para que el renovado V8 respire como es debido cuando le exigimos el máximo. En la zaga, el difusor deportivo enmarca unas salidas de escape trapezoidales que dejan claro que no estamos ante un diésel de paseo.
Para quienes quieran darle un toque personal, el catálogo de personalización Manufaktur incluye colores inéditos como el rojo Patagonia o el azul Mystic, que se pueden combinar con llantas de aleación que llegan hasta las 22 pulgadas. La firma lumínica también ha cambiado, con unos faros LED de diseño más estilizado que integran funciones inteligentes para no deslumbrar al resto de conductores mientras iluminan la carretera como si fuera de día. En España, donde este tipo de vehículos de la Clase GLE suelen configurarse con todo lujo de detalles, estas opciones de personalización serán un reclamo importante.
Un habitáculo premium digitalizado hasta el extremo…

Dentro del coche, la experiencia cambia por completo gracias a la llegada del sistema operativo MB.OS. La gran protagonista es la Superscreen, una superficie acristalada que alberga varias pantallas de alta resolución. Lo bueno es que AMG ha diseñado gráficos específicos para este modelo, donde podemos ver en tiempo real el reparto de par entre las ruedas, las fuerzas G que sufrimos en las curvas o la temperatura exacta de los componentes mecánicos.
El volante también es de nueva hornada, forrado en materiales como el cuero Nappa o la microfibra, e incluye los ya clásicos selectores redondos para cambiar el modo de conducción sin soltar las manos. La calidad percibida es altísima, con opciones de tapizados en colores muy exclusivos como el marrón trufa o el rojo carmín. Es un espacio que consigue mezclar esa atmósfera de lujo que define a Mercedes con la agresividad necesaria de un producto firmado por AMG.
Corazón V8 con genética de competición…

La verdadera joya de la corona se encuentra bajo el capó, donde el conocido bloque V8 biturbo de 4.0 litros ha pasado por el quirófano para convertirse en el M177 EVO. La gran novedad técnica, que tiene a los entusiastas frotándose las manos, es la sustitución del cigüeñal convencional por uno de tipo plano o flat-plane. Esta solución, heredada directamente del mundo de las carreras, reduce las masas que rotan y permite que el motor suba de vueltas con una alegría inusitada, cambiando de paso su firma acústica por una nota mucho más afilada y agresiva.
En términos de fuerza bruta, el motor sigue entregando unos imponentes 612 CV y un par motor de 850 Nm. Sin embargo, no viene solo, ya que se apoya en un sistema de hibridación ligera de 48 voltios. Este pequeño motor eléctrico aporta 23 CV adicionales y un empuje extra en momentos puntuales, lo que ayuda a mitigar cualquier retardo del turbo y suaviza las transiciones en el tráfico urbano. Gracias a este despliegue, el coche es capaz de parar el crono en el 0 a 100 km/h en apenas 3,9 segundos, una cifra que asusta si tenemos en cuenta el volumen del bicho.
Dinámica de conducción afinada y tecnología de chasis…

No todo es correr en línea recta, y por eso se ha puesto especial énfasis en cómo el coche digiere las curvas. El sistema de tracción total variable se coordina con un diferencial trasero electrónico que puede ajustar la potencia mil veces por segundo. Para evitar que la carrocería balancee demasiado en los apoyos fuertes, Mercedes-Benz ha instalado estabilizadoras activas electromecánicas que mantienen el coche plano, algo que se agradece enormemente cuando se decide circular por puertos de montaña revirados.
La suspensión neumática es de serie y permite variar la altura del vehículo según las necesidades. Podemos bajarlo para mejorar la aerodinámica en autopista o subirlo considerablemente si necesitamos superar algún obstáculo fuera del asfalto. Aunque los precios oficiales para el mercado español aún se mantienen bajo llave, se espera que partan desde los 182.000 euros. Este SUV de altas prestaciones llegará a nuestras carreteras poco después del periodo estival, consolidándose como una de las últimas oportunidades para estrenar un V8 de este calibre antes de que la electrificación total sea la única norma.
Fuente – Mercedes-Benz
Imágenes | Mercedes-Benz



