El proyecto de los Porsche 718 Boxster y Porsche 718 Cayman eléctricos se ha convertido en uno de los asuntos más delicados dentro de la electrificación deportiva en Europa. Lo que hace unos años se presentó como el paso lógico hacia un futuro sin emisiones para los modelos de acceso de la marca, hoy está rodeado de dudas, rumores de cancelación y un silencio casi absoluto por parte de Porsche, que alimenta la sensación de que algo importante se está moviendo en Stuttgart.
En los últimos meses, distintos informes de medios como Bloomberg o publicaciones especializadas han apuntado a que la empresa podría estar valorando seriamente tirar a la basura la versión eléctrica de los 718 antes incluso de que llegue a la producción. Entre bastidores pesan más los costes disparados de desarrollo, los retrasos acumulados y un contexto de mercado europeo mucho menos entusiasta con el coche eléctrico que cuando se concibió el proyecto.
Porsche 718: De apuesta eléctrica total a un proyecto en la cuerda floja…

La hoja de ruta inicial de Porsche era clara: la nueva generación de los 718 Boxster y Cayman debía abandonar por completo los motores de combustión interna y nacer como deportivos cien por cien eléctricos, con un lanzamiento estimado alrededor de 2025-2026. El movimiento encajaba con el impulso regulatorio europeo hacia la descarbonización y con el optimismo general de la industria respecto a la demanda de eléctricos.
En paralelo, la marca decidió cesar la producción de los actuales 718 térmicos, que habían sido durante años la puerta de entrada al universo Porsche, con precios que partían en torno a los 70.000 euros. El mensaje era contundente: la próxima generación sería eléctrica y marcaría un antes y un después en la gama deportiva de acceso.
Sin embargo, la realidad ha ido por otro camino. El crecimiento de las ventas de coches eléctricos en Europa se ha enfriado, sobre todo en segmentos más de nicho como los deportivos biplaza, y la presión regulatoria se ha empezado a matizar con debates sobre plazos y tecnologías alternativas. A eso se suman problemas propios del proyecto: una arquitectura pensada de origen como monocasco eléctrico que después se ha intentado adaptar a versiones de combustión o híbridas, con el consiguiente caos técnico y económico.
El papel de Michael Leiters y la revisión de la estrategia…

La figura clave en este giro es Michael Leiters, nuevo consejero delegado de Porsche, que asumió el mando el 1 de enero. Según fuentes internas citadas por Bloomberg y otros medios, Leiters se ha encontrado un proyecto 718 EV con años de retraso, un presupuesto inflado y una rentabilidad muy cuestionable en el escenario actual.
El directivo tiene sobre la mesa un contexto complicado: caída de las ventas en China, presión en los márgenes de beneficio y un mercado europeo que ya no compra deportivos eléctricos al ritmo que se esperaba. La compañía ha tenido que ajustar a la baja sus previsiones de resultados, con impactos estimados que rondan los 1.800 millones de euros en el beneficio operativo de 2025, y eso obliga a recortar ambiciones.
En este escenario, Leiters estaría valorando suspender o redimensionar la gama 718 eléctrica para priorizar otros proyectos con un retorno más claro. El dilema interno es evidente: seguir inyectando cientos de millones en un deportivo eléctrico que llega tarde y con una demanda potencial dudosa, o reconvertir la arquitectura hacia fórmulas híbridas y de combustión que permitan mantener vivo el modelo con menos riesgo financiero.
Costes desbocados, problemas de suministro y una plataforma a medias…

Más allá del debate estratégico, el proyecto se ha topado con piedras muy concretas. El desarrollo de una plataforma específica para coches deportivos eléctricos es extremadamente caro, más aún cuando se busca un equilibrio delicado entre prestaciones, peso, autonomía y tacto de conducción digno de un Porsche. Cada iteración para corregir estos parámetros dispara tanto los costes como los plazos de validación.
A esto se suman los problemas en la cadena de suministro de baterías, con el citado caso de la quiebra de Northvolt como proveedor clave, que habría dejado el calendario de lanzamientos en una situación muy vulnerable. Un deportivo de este tipo depende no solo de tener baterías disponibles, sino de contar con celdas de alto rendimiento capaces de soportar usos intensivos sin degradarse en exceso.
Además, la decisión posterior de estudiar versiones híbridas enchufables o incluso variantes de combustión sobre una plataforma pensada originalmente solo para baterías ha complicado aún más las cosas. Rediseñar el chasis para que admita motores térmicos, sistemas de escape, depósitos de combustible y nuevas soluciones de refrigeración supone prácticamente rehacer el coche, con el consiguiente aumento del presupuesto y nuevos retrasos.
Audi entra en escena: preocupación por el sucesor eléctrico del TT…

El ruido en torno a la posible cancelación de los 718 eléctricos no afecta solo a Porsche. Audi, socio del grupo en materia de plataformas y desarrollo, se ha visto arrastrada al debate porque su futuro sucesor eléctrico del Audi TT está vinculado a la misma arquitectura técnica que se estaba desarrollando para los Boxster y Cayman EV.
La marca de los cuatro aros ya había confirmado un modelo de producción basado en el lujoso Concept C, con una versión definitiva prevista antes de 2027 y su llegada al mercado poco después. Para Audi, que ha utilizado este proyecto como escaparate de su ofensiva eléctrica, que Porsche eche el freno o cambie radicalmente de planes supondría un riesgo económico elevado y un golpe a su calendario de lanzamientos.
Ante las informaciones que apuntan al abandono del 718 eléctrico, en Ingolstadt han optado por restar importancia a los rumores, calificándolos de meras especulaciones. La división neerlandesa de Audi, por ejemplo, se ha limitado a recalcar que la compañía no comenta rumores, una fórmula habitual que, en la práctica, no aclara nada pero sirve para ganar tiempo mientras se decide el rumbo definitivo.
Rumores, estrategia multienergía y silencio de la marca…

El silencio de Porsche frente a los rumores sobre el Porsche 718 eléctrico ha alimentado una auténtica guerra de percepciones en el mercado. Mientras Audi ha salido a proteger su relato, la firma alemana evita confirmar o desmentir cancelaciones para no transmitir debilidad en su estrategia de electrificación. Esta postura implica un riesgo reputacional, pero también le permite mantener abiertas todas las alternativas de producto. Internamente, la marca ya dejó entrever que los modelos más accesibles tenderán a la movilidad eléctrica, mientras las variantes más puristas conservarán motores térmicos a medio plazo.
El contexto europeo muestra un enfriamiento del entusiasmo por el coche eléctrico puro y una transición hacia enfoques multienergía. Porsche parece orientarse a una gama deportiva donde convivan versiones eléctricas, híbridas y de combustión, siempre condicionadas por márgenes y demanda real. Modelos como el Taycan, junto a SUVs eléctricos, representan la ofensiva cero emisiones, mientras los deportivos Porsche mantienen opciones tradicionales para clientes de lujo. El gran desafío es equilibrar rentabilidad entre tecnologías sin comprometer la inversión en innovación ni la percepción de exclusividad.
La ausencia de prototipos del 718 eléctrico en fotos espía ha intensificado las especulaciones sobre retrasos o cancelaciones, aunque en la industria es habitual ocultar pruebas en circuitos privados. Esta falta de imágenes no confirma un freno definitivo, sino posibles ajustes estratégicos dentro del competitivo segmento de coches eléctricos premium. Sin comunicados oficiales, el futuro del Boxster eléctrico y del Cayman eléctrico sigue abierto. La decisión final influirá directamente en la credibilidad de la electrificación Porsche y en su posicionamiento dentro del mercado deportivo compacto.