Prueba Ford EcoSport 1.5 TDCi 90 CV, motor, conducción y consumos (con vídeo)

 

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Pequeño, grande, potente, limitado, atractivo, sencillo… todos tienen algo. Entre ese amasijo de hierros bien construido para darnos el lujo de poder desplazarnos sin demasiado esfuerzo, hay un alma, todos los coches la tienen. Y conducirlos, es lo que más te acerca a conocerla.

Nuestro invitado, el Ford EcoSport, por supuesto, también la tiene. Hasta ahora, hemos intentado adivinarla analizándolo desde fuera y desde dentro. Tocando, descubriendo. Pero llega la hora de la verdad, pulsar el botón start. Embrague, freno, todo preparado. Sin más, pongamos en funcionamiento el motor de 1,5 litros TDCi y 90 CV y salgamos a dar un paseo. ¿Tendrá un espíritu tan aventurero como asegura tener?

Un Fiesta inconformista

Por el momento, los cuatro cilindros comienzan a trabajar. Echo mano de la palanca de cambio para engranar la primera velocidad. El recorrido es corto, directo, buen comienzo. Piso el pedal del acelerador mientras mis manos bailan con el volante para salir del aparcamiento donde se encuentra estacionado mi próximo compañero de viaje. La tarea es más sencilla que ver a Pablo Iglesias en televisión gracias a una dirección suave y al sensor de aparcamiento trasero.

Con las ruedas en movimiento la primera misión es cruzar la ciudad Condal, donde me encuentro, no sin antes hacer una parada obligada en Las Ramblas. La esencia de utilitario que recorre las venas del EcoSport empieza a florecer. Su misión, dominar la ciudad y hacértelo pasar bien si quieres escaparte de picnic un fin de semana. Para lo segundo aún no tengo datos contrastados pero para lo primero, por el momento, puedo deciros que misión cumplida.

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Las primeras sensaciones envuelto en el caos que puede llegar a provocar una ciudad como Barcelona, son bastante buenas. El Ford EcoSport se comporta como su hermano urbano, ofreciendo además una vista privilegiada con la altura de la que disfruta. Por otro lado, el corazón que esconde el azul eléctrico que colorea la carrocería, el 1.5 TDCi de 90 CV, sin todavía haber soltado las piernas en carretera, mueve los 1.384 kg. de buena gana, dejando plasmado en el ordenador de a bordo 6,4 l./100 km.

Buen hermano

Sobre asfalto de autovía tenemos otro examen pendiente el EcoSport y yo. Es de recibo destacar la buena postura que te permite tener los asientos de este SUV. Además, el agarre que ofrecen, pese a no montarse en un habitáculo deportivo, es bueno. Éstos del óvalo saben hacer butacas. Desde que probé los del Fiesta STI, puedo imaginarme lo que sentía Hannibal Lecter amarrado a la cama.

Escuchando al apartado dinámico, la autovía tampoco es un terreno que le de miedo al del otro lado del charco. Pisa sin miedo, con contundencia, no faltándole aplomo. Si bien, es cierto, que después de probar las bondades de su hermano mayor, el Kuga, saltan las diferencias que conlleva tener una distancia entre ejes menor y un empaque más compacto. Pero estamos hablando de un coche que en ciudad, se mueve como pez en el agua.

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Con el Ford EcoSport descansando en mi garaje, el balance de los 1.200 km. que acabo de recorrer junto a él, nos deja interesantes resultados. En resumen, la urbe le gusta al americano, y la autovía no le disgustas en ningún momento. Contando con su altura, y la resistencia al aire que eso provoca, el consumo ha oscilado entre 6 y 6,6 l/100 km.

Asfalto, tierra, tú eliges

Tras el descanso, es hora de volver a ponernos en marcha. La ruta tendrá una variante interesante, la huida del asfalto para conocer cómo se comporta fuera del liso terreno de la carretera. Para empezar, la nacional es el primer destino. En ella, el intenso tráfico obliga a forzar el TDCi que resguarda el capó como madre a su bebé. Cuarta y acelerador, es un 90 CV montado sobre un coche no demasiado pesado pero tampoco excesivamente liviano. Las reacciones no son malas, pero quizás puedan parecerte demasiado tímidas.

Por otro lado, jugar con la dirección es más fácil que hacerlo con una pala y un cubo en la playa. Con asistencia en función de la velocidad, la dureza se adapta a cada situación haciéndote más segura la conducción. Además, es más directa de lo que imaginaba, una cualidad que siempre busco cuando agarro el volante.

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Intermitente derecho, y el asfalto por el retrovisor. Las piedras de una pista es todo lo que pisan ahora las gomas. En este terreno, la gran altura es nuestra mejor aliada, evitando que se nos quede la cara de la pintura El Grito si divisamos a lo lejos una piedra de generosas dimensiones. El control de estabilidad amarra bien la trayectoria, y la suspensión, pese a no ser demasiado blanda, hace cómodo el camino en busca de aventura. Con todo, el Ford EcoSport, limitándonos el nuestras reacciones con el pie derecho, nos deja menos de 6,2 l./100 km. de consumo en todo el paseo.

Mañana, el desenlace

Diferente, la misma palabra en mi cabeza. El Ford EcoSport no destaca en esta alternativa de su gama mecánica, pero si lo hace por ofrecer buenas sensaciones tanto pisando liso, como escabroso. No es un tracción total, y de eso no debemos olvidarnos, aunque si nos sacara una sonrisa si decidimos irnos a comer al campo. Diseño, conducción, aún queda una pieza para resolver este rompecabezas. Os espero mañana, en la última parte de la prueba.

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