Prueba Mercedes CLA 220 CDI, diseño exterior e interior (con vídeo)

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Y se hizo la luz. Como un sueño de una noche de verano, o un amanecer arropado en un invierno helado, todo cuadró. En ese momento nació algo en la casa de Mercedes-Benz. La todopoderosa estrella necesitaba frescura, buscaba el ingrediente perfecto, la cantidad exacta que diera vida a una nueva forma de entender las cosas. Y lo hicieron, entonces, la estrella brilló de verdad.

De esta guisa, la Clase A sufrió uno de los cambios más acusados que mi memoria recuerda. La caballería saltaba hacia la conquista del segmento C. Un primer intento al que le sobraban razones. De la inspiración que dio vida al Mercedes Clase A, ganador del premio al Coche del Año el Internet, se fraguó otro con pretensiones parecidas, pero más exquisitas. Esta semana probamos el Mercedes CLA. La tentación, ahora vive en Stuttgart.

No es un Clase A, pero tampoco es un Clase C

La sorpresa ha sido mayúscula. El nuevo estilo que luce la Clase A es, cuanto menos, apetitoso. Un compacto que muerde en su parte frontal, pero que se esconde bruscamente en la de atrás. En este sentido, el Mercedes CLA guarda su esencia en una carrocería con más armonía, en donde las notas comparten el mismo tono, y la silueta acaricia la vista gracias a su estampa de sedan.

El alemán también escucha a su hermano mayor. La figura de la Clase C, otra de las series con más atractivo que acaba de regresar más fuerte que nunca con una nueva generación, es sólo un poco más largo y ancho. Un detalle que sitúa al Mercedes CLA entre dos aguas, en la nada y en el todo, inaugurando un segmento dormido que cuenta cada vez con más caballeros. El mercado del Sedan Compacto Premium, una definición más larga que un día sin probar bocado de pan.

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Todo un canalla

Estamos ante una de las estéticas más seductoras del momento. La fusión de líneas encuentran agresividad y elegancia en una envoltura de 4.630 mm de longitud, 1.777 mm. de ancho, y 1.432 de alto. Todo números que arman al coche que posee un coeficiente de rozamiento envidiable: 0,23.

Le tenía ganas. Lo anunciaban con estas pretenciosas palabras: “espíritu indomable”. Y por lo pronto, su exterior no decepciona. Una generosa calandra comandada por la estrella se sitúa en el centro de un frontal que, bajo la atenta mirada de unos ópticos rasgados, transmite genio. Los nervios del largo capó, y las marcadas aristas del parachoques delantero, no hacen más sino que dotar a este Mercedes CLA de carácter, de mucho carácter.

Con más vértigo que en una montaña rusa, mi mano sigue recorriendo las curvas de nuestro invitado. El lateral ensanchado cual dorsal de Cristiano Ronaldo, la escasa superficie acristalada y la posición alta de la línea de cintura, se unen para seguir concediendo al espectador toda la deportividad que derrochaba al comenzar el recorrido.

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En la zaga, la rabia va diluyéndose con más pinceladas de elegancia. La tumbada luna trasera, que adivina un interior justo, descansa en una zona adornada por los pilotos en forma de “pico de águila”, y la doble salida de escape a ambos lados de difusor plateado. El negro metalizado que se luce como si por la alfombra roja estuviera desfilando, se ve destacado por las llantas de 18 pulgadas en un combinado color oscuro y metal.

Es curioso. Me considero gran amante de los diseños que salen de Ingolstadt, a excepción de algún despistado como el Q3. Pero ciertamente, si éstos no vienen vestidos con el paquete S, el llamado S-Line, parecen desnudos. En cambio, el Mercedes CLA, no necesita el kit AMG, que como en este caso, no lo equipa, para demostrar una apetecible ferocidad.

Precioso interior que se puede mejorar

No es la primera vez que comparo el interior de un coche con el de un avión, y espero, no sea la última. Pero en la mayoría de veces, el símil tenía un claro fondo de crítica negativa. En este caso, deciros que al subirme en el Mercedes CLA, he recordado a míticos aviones de caza como el F-16, no continúa por ese camino, si no por justo el de enfrente. Es exactamente lo que me pasó al subirme al Clase A, de quien hereda la mayor parte del habitáculo, y es que el peculiar diseño de las rejilla de ventilación, son un total acierto.

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No puedo decir lo mismo de la pantalla que se sitúa en la cima de la consola central. Colocarla, “tal que así”, tiene más peligro que Daniel el travieso con una caja de bombas. Al agarrarla suena algún crujido que advierte de la fragilidad de la misma y si, por un caso remoto, sufre un inesperado golpe, tiene todas las papeletas de salir rodando de allí. El resto, disfruta de una escasa botonería siempre recibida por mí, con los brazos bien abiertos.

Podía pasarme media prueba hablando de las butacas delanteras. Estas semi-bacquets, por lo que mi espalda está transmitiendo en estos instantes a mi cerebro, pueden alardear de una comodidad exquisita. El cuero beige de estos bonitos asientos de un solo cuerpo, contrasta con el negro y el plata de los cromados, y conforman una atmósfera cálida, con la elegancia y discreción propia de la marca. Además, los remates le regalan un toque juvenil.

Por otro lado, el puesto de conducción, como no podía ser de otra manera, nos sitúa en un centro de gravedad bajo, desde donde se puede amarrar bien el ancho volante que goza de un gran tacto. El selector de cambio que se esconde detrás del aro, dejando un túnel de transmisión más limpio, y el resto de opciones, son fáciles de gobernar ocupando la posición del conductor.

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Limitaciones propias compensadas por un buen maletero

Si ese día has desayunado con Dani Rovira, Leo Harlem u otro genio de la comedia, y te has contagiado de ese “género humorístico”, puedes pedirle a uno de tus amigos altos, que viaje en las plazas traseras, harás el chiste de la semana. Bromas a un lado, del mismo modo que no se pueden mezclar churras con merinas, una estética deportiva, aerodinámica, con un trazo de coupé, es demasiado complicado que case con un espacio sobresaliente en la retaguardia. Atrás tendrás lo justo, si no eres patilargo no habrá problema en dirigirte a abrir las puertas traseras. Es más, hacerlo lleva premio, si te gustan las puertas sin marco…

Cerrando el apartado visual, todo lo que no convence de las filas traseras, lo hace al echar un ojo a su maletero. El equipaje no debería ser un problema con 470 litros para llenar. Una cifra que supera a la del Clase C Coupé y que, por poco, lo hace con la berlina de la serie.

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Espectacular el ejercicio de diseño que los de Stuttgart han practicado. Una de las mejores bellezas del mercado aprueba con nota, como era de esperar, en la primera parte de la prueba. Pero no todo es una cara bonita, y su mecánica debe pasar revista.  Acompáñanos mañana, estudiaremos a este Mercedes CLA 220 CDI, 170 cv diésel y buenos genes para intentar convencernos.

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2 comentarios

  1.   sergio132 dijo

    Quería decir que en la frase que pones churras con meninas no es así: se diría churras con merinas. Creo. Pq se hace referencia a las orejas a las churras y a las merinas. Espero no haberme equivocado y quedar como un idiota.
    Por lo demás muy buen artículo.

    1.    Enrique León dijo

      Hola Sergio, en primer lugar, muchas gracias por comentar.
      Efectivamente, tienes toda la razón, es merinas. Lo he escrito mal sin darme cuenta. Ya está modificado.
      Muchas gracias de nuevo y me alegro que te haya gustado.
      Saludos.

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