El pasado fin de semana, un ejemplar del Mazda 767B, uno de los prototipos rotativos más icónicos de la historia del automovilismo, protagonizó un incendio en el paddock del circuito californiano de Laguna Seca. El suceso ocurrió durante los preparativos de la Rolex Motorsports Reunion, una cita que reúne a las joyas de competición más valiosas del mundo. Afortunadamente, no hubo que lamentar heridos, pero el vehículo quedó fuera de todas las actividades programadas para la semana, generando una gran conmoción entre los aficionados presentes.
Las llamas se desataron cuando el personal encendió el motor Wankel 13J para una exhibición previa. Según las primeras investigaciones, un fallo en el procedimiento de arranque provocó que el combustible ardiera fuera del motor, alcanzando la carrocería, el bloque y los componentes plásticos como las fundas de los cables y otros elementos eléctricos. Las imágenes del prototipo envuelto en humo no tardaron en viralizarse en redes sociales, generando una ola de preocupación entre los seguidores de la marca japonesa y de los coches históricos.
Un prototipo con historia: el chasis 767-003
El vehículo siniestrado es el chasis 767-003, el último de los tres que Mazda construyó en 1988 para competir en el Grupo C de los prototipos deportivos. Este ejemplar en particular participó en las 24 Horas de Le Mans en 1989 y 1990, y tras un breve período en la sede de Mazda Motorsports, fue vendido en Japón, donde permaneció en manos de un coleccionista privado hasta 1991. Posteriormente pasó por varios propietarios hasta que el piloto Anthony McIntosh, actualmente compitiendo en el WEC con un BMW M4 GT3 Evo del equipo WRT, lo adquirió para restaurarlo y devolverle su decoración original, la misma que lució en Le Mans 1990.
El coche, que llevaba el dorsal 203, fue llevado al evento por el equipo Ghost Riders Squad, que lo mantiene activo en exhibiciones y track days en Estados Unidos. El piloto neozelandés Brendon Leitch estaba previsto que lo pilotara en las vueltas de reconocimiento, pero el incendio truncó cualquier posibilidad de verlo rodar. A pesar de la magnitud del siniestro, el equipo y Mazda Motorsports confirmaron que el coche será restaurado, pues posee un valor histórico incalculable para la compañía.
El parecido con el mítico 787B
Uno de los aspectos que más confusión genera es la similitud visual entre el 767B y el 787B, el prototipo que hizo historia al ganar las 24 Horas de Le Mans en 1991 con Johnny Herbert, Volker Weidler y Bertrand Gachot al volante. Ambos comparten la decoración verde y naranja y el característico sonido del motor rotativo, lo que ha llevado a más de uno a confundirlos. Sin embargo, el 767B es un modelo anterior, y aunque nunca logró una victoria absoluta en La Sarthe, sí consiguió destacar en la categoría IMSA GTP, donde logró triunfos en 1990, sentando las bases técnicas para el posterior éxito del 787B.
De los tres chasis del 767B, el 767-001 pertenece al coleccionista japonés Senji Hoshino y ha participado en exhibiciones en Asia y Oceanía, mientras que el 767-002 es propiedad de Todd Flis y suele aparecer en eventos organizados por Mazda Motorsports. El 767-003, ahora dañado, era el único que aún se mantenía en plena forma en circuitos, y su restauración es una prioridad para la marca, que ya ha anunciado que iniciará los trabajos para devolverlo a su estado original.
La reacción del equipo y el futuro del prototipo
Tras el incidente, el equipo Ghost Riders emitió un comunicado en el que aseguraba que “el coche es especial para cada miembro del equipo y para la historia. Su historia no ha terminado: el #203 será restaurado una vez más y volverá a cantar”. Aunque no se detalló el alcance exacto de los daños, la restauración se considera viable, lo que ha sido recibido con alivio por parte de los seguidores del motor rotativo.
Mazda Motorsports también se ha comprometido a supervisar el proceso, ya que el 767B es un eslabón clave en la historia de la competición de la marca. A diferencia de otros casos trágicos como el del concept Mazda Furai, que ardió por completo en una sesión de fotos y nunca fue reconstruido, este prototipo tiene la suerte de que el fuego no lo consumió por completo, y los daños, aunque graves, son reparables.
La relevancia en Europa y España
Para el aficionado español, este suceso tiene un eco particular, ya que la cultura de los coches clásicos de competición también está muy viva en Europa. Citas como el Le Mans Classic o el Goodwood Revival ofrecen experiencias similares, y cada vez son más los coleccionistas y museos que apuestan por mantener en funcionamiento sus unidades. En España, circuitos como el Jarama o Montmeló acogen eventos de históricos donde se pueden ver prototipos similares, aunque los Mazda rotativos son piezas raras y muy valoradas.
El hecho de que un coche con más de tres décadas de historia pueda arder en un evento tan cuidado como la Monterey Motorsports Reunion recuerda que estos vehículos son máquinas vivas, sometidas a esfuerzos reales en pista, y que los riesgos mecánicos forman parte de su naturaleza. Aun así, la comunidad del motor ha mostrado una solidaridad enorme, y la noticia de que el 767B volverá a rodar es el mejor alivio posible. Mientras tanto, los asistentes a la Monterey Car Week pueden consolarse con la presencia del 787B ganador de Le Mans, que sí seguirá dando vueltas y recordando por qué aquella victoria de 1991 sigue siendo una de las más celebradas del automovilismo japonés.
La rápida intervención de los bomberos y del equipo evitó que el fuego se extendiera, y aunque los daños son significativos, la restauración del chasis 767-003 devolverá al mundo una pieza única que forma parte de la leyenda de los motores Wankel. La historia del Mazda 767B no termina aquí; al contrario, este incidente subraya la pasión y el cariño que despierta una máquina que, aunque nunca ganó Le Mans, fue clave para que su hermano mayor lo lograra. Y es que, como bien saben los aficionados, el sonido de un rotativo a 9.000 revoluciones es algo que no se olvida jamás, y pronto volveremos a escucharlo.