El fabricante sueco Volvo Cars ha encajado en 2025 uno de los peores golpes financieros de su historia reciente, con un desplome de la rentabilidad que ha encendido todas las alarmas en los mercados. La combinación de aranceles, divisas en contra, menor demanda de vehículos y un entorno regulatorio cambiante ha llevado a la empresa, controlada por el grupo chino Zhejiang Geely Holding, de un sólido beneficio a números rojos.
El año ha sido especialmente duro para un sector ya tensionado, pero el caso de Volvo destaca por la brusca caída del beneficio y la reacción bursátil: la compañía ha perdido más de una quinta parte de su valor en una sola sesión tras publicar unos resultados muy por debajo de lo previsto y lanzar un mensaje de prudencia sobre lo que viene en 2026.
Del beneficio a las pérdidas: giro radical en las cuentas de 2025…

En el ejercicio analizado, Volvo Cars pasó de obtener beneficios cercanos a 15.900 millones de coronas suecas a registrar pérdidas próximas a 3.000 millones, un giro total en sus resultados financieros. Este cambio no responde solo a ajustes contables, sino a un entorno empresarial más adverso y a decisiones estratégicas con impacto directo en la rentabilidad. La evolución refleja cómo la industria automotriz europea se ha visto presionada por factores ajenos que han alterado previsiones y estabilidad económica.
Uno de los elementos clave fue una provisión por deterioro de activos de 11.400 millones de coronas suecas, relacionada principalmente con aranceles en Estados Unidos y el retraso del SUV eléctrico EX90. Estas provisiones extraordinarias, unidas a menores volúmenes de ventas y una mezcla de precios menos favorable, golpearon con fuerza el balance anual. La combinación de costes imprevistos y presión competitiva debilitó la rentabilidad de Volvo, afectando tanto a su posición de mercado como a la confianza inversora.
El deterioro operativo resultó aún más evidente con una caída del EBIT Volvo cercana al 99 %, quedando en torno a 300 millones de coronas frente a cifras muy superiores el año anterior. El margen Ebit descendió desde niveles próximos al 6 % hasta aproximarse a cero en el tramo final del año. En términos de beneficio neto Volvo, la reducción superó el 98 %, mostrando cómo incluso una marca asociada a la movilidad eléctrica premium puede ver comprometida su estabilidad ante cambios bruscos del entorno económico.
Facturación y ventas: menos ingresos, menos coches y mezcla complicada

La caída de la rentabilidad de Volvo Cars tiene su origen en una clara debilidad de ventas e ingresos. La facturación Volvo se situó en torno a los 33.449 millones de euros, lo que representa un descenso interanual de entre el 7 % y el 11 %. Este retroceso refleja un entorno comercial más complejo para la industria automotriz, con menor dinamismo en los principales mercados y una presión creciente sobre precios y promociones que afectó directamente a los márgenes.
El descenso de ingresos se explicó por un menor volumen mayorista y una mezcla de ventas menos favorable, solo compensada en parte por el aumento de vehículos usados Volvo. La compañía reconoció que la competencia obligó a aplicar descuentos, especialmente en el segmento eléctrico, reduciendo aún más la rentabilidad automotriz. Este ajuste comercial mostró la dificultad de mantener precios estables en un mercado cada vez más saturado y con consumidores más sensibles al coste final.
En unidades, las ventas globales de Volvo cayeron entre un 7 % y un 11 %, con entregas de entre 693.000 y 710.000 vehículos, mientras la producción se redujo cerca de un 9 %. La gama electrificada Volvo siguió siendo relevante, pero también retrocedió alrededor de un 8 %. Los eléctricos puros representaron cerca del 21 % de matriculaciones, afectados por la retirada de incentivos y la fuerte competencia en el mercado de coches eléctricos, lo que limitó su crecimiento.
Desempeño por mercados: focos de resistencia y mercados en declive…

A pesar del mal año global, algunos países clave de Volvo Cars en Europa registraron avances. Entre los diez principales países para la marca, Reino Unido y Suecia lograron incrementar sus ventas alrededor de un 4%, mientras que Turquía se disparó con crecimientos cercanos al 17%, reflejando una demanda todavía sólida en determinados nichos. En contraste, otros mercados europeos, incluido el español, vivieron una corrección significativa de las matriculaciones.
En el caso de España, las ventas de Volvo Cars descendieron alrededor del 15%, hasta situarse en torno a las 15.000 unidades, un ajuste notable que refleja tanto la menor confianza del cliente como la fuerte competencia de otras marcas europeas y asiáticas. Fuera de Europa, la situación fue aún más delicada en China, donde la intensidad competitiva se ha convertido en uno de los principales dolores de cabeza para el grupo. El propio consejero delegado, Håkan Samuelsson, ha reconocido que el entorno en el gigante asiático ha sido “muy desafiante” y que la presión de fabricantes locales y otras marcas internacionales ha reducido el margen de maniobra en precios y volúmenes.
Un cuarto trimestre en números rojos y fuerte castigo bursátil…

Aranceles, divisas y retirada de incentivos: un cóctel adverso…

Uno de los factores más determinantes para Volvo Cars ha sido el aumento de los aranceles a coches europeos en Estados Unidos, que encarecen la exportación y reducen la competitividad en uno de sus mercados clave. La compañía figura entre los fabricantes más expuestos a estas medidas por su estructura productiva y su elevada dependencia de Norteamérica dentro del mix de ingresos. Este contexto ha presionado la rentabilidad automotriz y ha obligado a replantear estrategias comerciales y logísticas.
A esta situación se sumó el impacto negativo de las divisas, especialmente la volatilidad de la corona sueca frente a otras monedas. Las fluctuaciones cambiarias erosionaron resultados al convertir beneficios a moneda local y redujeron la competitividad en distintos territorios. Este escenario amplificó los efectos de menores volúmenes y de la presión sobre precios, afectando de forma directa al desempeño de la industria automotriz europea y a la estabilidad financiera de la marca.
Otro elemento clave fue la retirada de incentivos a coches eléctricos en Estados Unidos y China, que frenó la demanda de modelos de cero emisiones. Sin estas ayudas públicas, el consumidor mostró mayor sensibilidad al precio final en un entorno inflacionista y de tipos elevados. Como consecuencia, las ventas de la gama eléctrica Volvo se debilitaron y la empresa ajustó lanzamientos y producción de SUV eléctricos, acumulando inventario y retrasando proyectos para adaptarse al nuevo contexto.
Plan de ahorro y ajuste de plantilla a escala global…

Ante este escenario, Volvo Cars ha puesto en marcha un plan de ahorro de 18.000 millones de coronas suecas, equivalente a casi 1.700 millones de euros, con el objetivo de recortar de forma significativa su base de costes estructurales. La hoja de ruta pasa por reducir tanto los gastos variables como los indirectos, así como optimizar inversiones y proyectos.
Una de las medidas más llamativas es el recorte de alrededor de 3.000 puestos de trabajo en todo el mundo, centrado principalmente en posiciones administrativas. La compañía calcula que este ajuste afectará a aproximadamente el 15% de su plantilla de oficinas a nivel global, con un peso relevante en Suecia, su mercado de origen, y en otras localizaciones europeas.
El grupo insiste en que estas decisiones buscan mejorar la eficiencia y reforzar la capacidad de generar caja en un entorno que se prevé complicado no solo en 2025, sino también en 2026. La empresa aspira a reducir su base de costes de forma permanente, adaptando su estructura a un mercado en el que la electrificación y la presión de los nuevos actores obligan a operar con márgenes más ajustados.
Producción, inventarios y transición hacia nuevos modelos eléctricos…
En el frente industrial, Volvo Cars ha tenido que recalibrar su producción a la nueva realidad de la demanda. La caída de un 9% en el número de vehículos fabricados responde tanto a la menor salida de coches desde las plantas europeas y chinas como a la necesidad de gestionar inventarios con más cuidado para evitar costes adicionales.
La compañía ha advertido de efectos de caja negativos en la primera mitad del año debido a una acumulación temporal de stock de los modelos XC90 y XC60 en Torslanda (Suecia). La idea es asegurarse de que haya suficiente oferta durante todo el ejercicio mientras se realiza la transición hacia la producción del nuevo EX60, un SUV eléctrico llamado a jugar un papel central en la gama.
Mirando al medio plazo, la estrategia de Volvo pasa por reforzar su posición en el segmento premium electrificado, con el EX60 y el EX90 como pilares tecnológicos y comerciales. Sin embargo, la empresa reconoce que el ritmo de electrificación viene condicionado por las políticas públicas, la infraestructura de recarga y la sensibilidad al precio de los compradores europeos y estadounidenses, factores que ahora mismo juegan en contra del crecimiento acelerado.
Un 2026 lleno de retos: presión en precios y mercado premium en caída…

De cara a 2026, Volvo Cars anticipa un escenario complejo para la industria del automóvil, marcado por presión en precios, aranceles y una confianza del consumidor debilitada. La incertidumbre regulatoria y la competencia creciente configuran un entorno especialmente exigente para el segmento premium. Este contexto obliga a reforzar estrategias de eficiencia y control de costes dentro del mercado automotriz europeo, donde la rentabilidad seguirá condicionada por factores externos y cambios en la demanda.
Los analistas prevén nuevas revisiones a la baja en el EBIT Volvo 2026, con recortes estimados de entre el 10 % y el 15 %. Estas previsiones reflejan la percepción de que la recuperación no será inmediata si el margen operativo continúa cerca de cero. El mercado descuenta un periodo prolongado de ajuste dentro de la rentabilidad automotriz, en el que la estabilidad dependerá de la evolución de precios, volúmenes de venta y capacidad de adaptación a la nueva realidad competitiva.
Pese al panorama adverso, la compañía mantiene objetivos claros: aumentar ventas, mejorar la generación de caja y aspirar a márgenes superiores al 8 % a largo plazo. Para lograrlo, continuará recortando gastos y priorizando inversiones sostenibles, con especial foco en la movilidad eléctrica premium y el lanzamiento de nuevos SUV eléctricos Volvo. La estrategia combina electrificación y disciplina financiera para preservar margen y competitividad en un entorno global inestable.
Fuente – Volvo
Imágenes | Volvo
