El Gobierno chino ha decidido poner punto y aparte a una dinámica que llevaba años tensionando su mercado del automóvil: la venta de coches por debajo de su coste real de producción. Tras una larga guerra de precios que ha dejado márgenes en los huesos y ha puesto contra las cuerdas a numerosos fabricantes, las autoridades de PekÃn han optado por intervenir de forma directa para reconducir el sector.
El movimiento no solo tiene consecuencias dentro de sus fronteras. Dado el peso de China como gran fábrica mundial del coche eléctrico, esta nueva normativa se sigue con lupa en Europa. La prohibición de vender por debajo de coste y el cierre de vacÃos legales podrÃan alterar la dinámica competitiva con la industria europea, que llevaba tiempo denunciando prácticas de precios difÃcilmente sostenibles por parte de algunos fabricantes chinos…
China frena la guerra de precios en el automóvil…

La Administración Estatal para la Regulación del Mercado (SAMR) ha publicado unas directrices que prohÃben de forma expresa que los fabricantes de automóviles fijen precios por debajo del coste total de producción para expulsar a competidores o monopolizar el mercado. No se trata solo de prohibir vender a pérdida sobre el coste de fábrica, sino de incorporar a ese cálculo todos los gastos asociados al negocio.
El regulador ha optado por una definición amplia de coste que incluye gastos de planta, administración, finanzas, ventas y otros costes generales. Con ello pretende cerrar una laguna que permitÃa a algunas marcas justificar precios muy bajos alegando que solo tenÃan en cuenta una parte de los costes. Esta ingenierÃa de precios alimentó una espiral de descuentos que acabó extendiéndose por toda la cadena de valor.
En paralelo, la normativa veta la fijación de precios entre fabricantes y proveedores y las prácticas por las que las marcas obligaban a los concesionarios a vender a pérdidas mediante complejos programas de reembolsos. En la práctica, muchos distribuidores se veÃan forzados a matricular coches por debajo del coste real con la promesa de compensaciones posteriores, una dinámica que generaba tensión financiera y un elevado riesgo de impago.
Del «crecer a cualquier precio» al control de daños…

El mercado automovilÃstico en China ha operado bajo una agresiva estrategia de pricing depredador, donde las grandes corporaciones reducen sus márgenes al mÃnimo para ganar cuota. Este modelo de negocio buscaba asfixiar a los competidores con menor músculo financiero, forzando una bajada de precios insostenible a largo plazo. Aunque esta táctica consolidó a gigantes tecnológicos, también generó un entorno de competencia desleal que ha puesto en riesgo la estabilidad de numerosas marcas medianas, saturando el escaparate comercial con ofertas que comprometen seriamente la rentabilidad de todo el sector industrial.
La magnitud de esta crisis se refleja en pérdidas millonarias dentro del valor de producción, acumuladas tras tres años de constantes rebajas y tensiones comerciales. La situación se ha visto agravada por un desplome de la demanda interna, acentuado por la retirada de incentivos estatales que anteriormente impulsaban las ventas. Como resultado, el mercado ha experimentado una corrección severa en las matriculaciones de turismos, afectando incluso a los segmentos que lideraban el crecimiento. Esta coyuntura ha forzado un cambio de rumbo en las polÃticas de precios para evitar un colapso financiero masivo.
En el último periodo, las ventas de vehÃculos de nueva energÃa sufrieron caÃdas cercanas al 20%, confirmando que la saturación del mercado ha llegado a un punto crÃtico. Ante este escenario, el gobierno de PekÃn ha intervenido para frenar la oleada de cierres y garantizar un servicio posventa adecuado para los consumidores. La prioridad actual es restaurar la sostenibilidad económica y proteger la industria del automóvil, limitando las prácticas comerciales agresivas que, aunque bajaron los costes de adquisición, terminaron por debilitar la estructura productiva y la confianza del inversor global.
Advertencias previas y preocupación por la imagen del «Hecho en China»

El cambio de rumbo regulatorio no ha llegado de la nada. En los últimos años, tanto el Partido Comunista de China como las principales asociaciones del sector han ido lanzando señales de alarma sobre los riesgos de esta competición sin freno. El Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido, ya criticó en 2025 la «competencia desenfrenada» en el automóvil, alertando de que las guerras de precios podÃan poner en peligro la seguridad de la cadena de suministro.
Aquellos avisos ponÃan el foco en un asunto especialmente sensible para PekÃn: la reputación internacional del «Hecho en China». El temor del Gobierno es que la proliferación de coches muy baratos, acompañada en ocasiones de una calidad irregular, acabe dañando la imagen de su industria y complique sus planes para posicionarse como potencia tecnológica en el vehÃculo eléctrico y conectado.
La Asociación China de Fabricantes de Automóviles también se habÃa pronunciado con dureza. En uno de sus comunicados, advertÃa de que las guerras de precios desordenadas reducen todavÃa más los márgenes de beneficio, amenazan la calidad del producto y deterioran las garantÃas de servicio posventa. En otras palabras, la organización venÃa a decir que, si todo se basa en bajar precios sin lÃmite, el resultado final será un sector frágil, menos innovador y con clientes más descontentos.
Fin a los precios gancho y las ofertas fantasma…

Las nuevas directrices no se limitan a vetar la venta por debajo de coste. La SAMR ha aprovechado para atacar otras prácticas comerciales que se habÃan popularizado en el mercado chino y que generaban confusión entre los consumidores. Una de las prioridades es combatir la publicidad de precios engañosa o imposible de conseguir en la práctica.
A partir de ahora, las marcas no podrán anunciar un vehÃculo con un precio de derribo si ese importe solo se aplica a un número Ãnfimo de clientes o si requiere condiciones prácticamente inalcanzables, como combinar a la vez múltiples subvenciones, financiación especÃfica y entrega de un usado en unas caracterÃsticas muy concretas. Tampoco se permitirá inflar el precio de referencia para simular rebajas espectaculares que en realidad no existen.
El regulador exige que cualquier descuento anunciado sea verificable: el precio rebajado debe partir de un importe real de venta, mantenido durante un periodo razonable. Se trata de poner fin a los llamados «precios gancho» y a las ofertas fantasma que solo sirven para atraer tráfico, pero que luego se desvanecen cuando el cliente se sienta en la mesa del concesionario a cerrar números.
Transparencia total en el concesionario y en las plataformas digitales…

Otro de los frentes que aborda la normativa es el de la transparencia en el punto de venta. Los concesionarios y tiendas directas de los fabricantes estarán obligados a mostrar de forma clara el precio final del vehÃculo, con todos los impuestos y tasas obligatorias incluidos. No bastará con poner un importe base atractivo para luego añadir, casi al final del proceso, costes administrativos, seguros o servicios financieros que disparen la factura.
Las autoridades dejan claro que no se podrán imponer servicios adicionales obligatorios para acceder al precio anunciado, salvo que esas condiciones se comuniquen desde el primer momento de forma nÃtida. La intención es evitar las famosas sorpresas de última hora, cuando el comprador descubre que para disfrutar de la oferta debe contratar un paquete de financiación cerrado, un seguro especÃfico o accesorios que no habÃa pedido.
Además, el Gobierno ha decidido convertir a las plataformas digitales de venta de coches en auténticos monitores del mercado en tiempo real. Estas webs y aplicaciones deberán colaborar con el regulador para detectar posibles casos de precios anómalamente bajos o manipulaciones comerciales, lanzando alertas de riesgo tanto para los consumidores como para las propias autoridades cuando se detecten ofertas que aparenten estar por debajo del coste real.
Lucha contra el dumping, la colusión y los acuerdos bajo cuerda…

Uno de los objetivos centrales de estas directrices chinas es poner coto a las prácticas de dumping interno. El regulador prohÃbe expresamente vender por debajo de coste con el propósito de expulsar a competidores, una táctica que, a corto plazo, puede resultar atractiva para el consumidor, pero que a largo plazo conduce a la concentración del mercado en pocas manos y a la desaparición de opciones.
Al mismo tiempo, la SAMR ha reforzado la vigilancia sobre los acuerdos de fijación de precios y reparto del mercado entre empresas. Quedan vetados los pactos para mantener tarifas artificialmente altas, repartirse territorios o segmentos concretos y, en general, cualquier coordinación que limite la competencia real. También se exige que los subsidios estatales o locales se reflejen de forma transparente en la factura final, evitando distorsiones difÃciles de rastrear.
La batalla regulatoria alcanza a toda la cadena de suministro. Durante la guerra de precios, muchos fabricantes trasladaron la presión a sus proveedores, exigiendo descuentos adicionales y plazos de pago más largos para cuadrar sus cuentas. Esta tensión se extendió también a los concesionarios, que asumÃan ventas deficitarias a cambio de incentivos futuros. Las nuevas normas buscan cortar de raÃz esta espiral, protegiendo la estabilidad financiera de los eslabones más débiles.
Impacto de la nueva regulación china en el mercado europeo…

El sector automotriz atraviesa un cambio de paradigma debido al exceso de capacidad productiva en Asia y la saturación de su demanda interna. Muchos fabricantes han utilizado la exportación masiva como válvula de escape, enviando volúmenes récord de coches eléctricos chinos hacia Europa con precios extremadamente agresivos. Sin embargo, el endurecimiento regulatorio en PekÃn busca ahora frenar las ventas a pérdidas para garantizar la viabilidad financiera de sus empresas. Este movimiento internacional pretende estabilizar los márgenes de beneficio y reducir las tensiones comerciales derivadas de una estrategia de crecimiento que resultaba insostenible para el ecosistema global.
Para la industria del automóvil en España, esta nueva normativa supone un alivio estratégico frente a la presión del dumping internacional. Al limitarse los descuentos extremos en origen, las fábricas nacionales de Cataluña, Aragón y el PaÃs Vasco podrán competir en igualdad de condiciones, resaltando valores como la calidad de fabricación y la proximidad logÃstica. La reducción de la competencia desleal facilitará que las plantas españolas enfoquen sus inversiones en el desarrollo de vehÃculos hÃbridos y eléctricos, consolidando una planificación industrial mucho más estable y menos condicionada por las fluctuaciones de precios que anteriormente llegaban desde el mercado asiático.
Este reequilibrio de fuerzas beneficiará a toda la cadena de valor, mejorando la rentabilidad de los concesionarios y asegurando el empleo en servicios de postventa. Al atenuarse la guerra de precios, el sector puede centrarse en una transición energética más ordenada y sostenible para el consumidor final. La regulación de PekÃn marca asà el fin de los descuentos salvajes, obligando a las marcas a competir mediante la innovación técnica en lugar de tácticas comerciales depredadoras. En definitiva, se abre una etapa de mayor transparencia que fortalecerá la competitividad del mercado europeo y protegerá el tejido empresarial vinculado al motor.