Parece que en Maranello han escuchado las plegarias de los conductores más nostálgicos que echaban de menos pelearse con una palanca de cambios. Tras más de una década centrados en la eficiencia de las levas tras el volante, la firma italiana ha dado un golpe sobre la mesa presentando una variante que, aunque tecnológicamente es un prodigio moderno, busca recuperar esa conexión física y emocional que parecía perdida en los superdeportivos de última hornada.
Esta nueva joya de Ferrari se basa en el ya conocido gran turismo de la casa, pero añade un componente que lo cambia todo para los puristas del motor. No estamos ante una simple edición estética, sino ante un experimento de ingeniería que intenta demostrar que el placer de conducir puede sobrevivir incluso en una era dominada por la electrónica y los algoritmos, ofreciendo una alternativa para los que quieren disfrutar de un buen punta-tacón en su puerto de montaña favorito.
La excelsa magia del sistema Manuale by-wire…

Un diseño controvertido que mira de reojo a la historia…

En el apartado estético, el habitáculo se ha transformado en un lugar de culto para los amantes de lo clásico. La consola central ha sido rediseñada por completo para dar cobijo a la palanca de aluminio, eliminando las levas de la columna de dirección, algo que es completamente inusual en los modelos actuales de la marca. Los asientos también lucen un tapizado específico con seis ranuras verticales que homenajean las seis marchas disponibles, mientras que los logotipos exteriores grabados con láser y las llantas forjadas de cinco radios terminan de redondear un conjunto que destila clase por los cuatro costados.
La exclusividad es otro de los pilares de este lanzamiento, ya que la producción se ha limitado estrictamente a 1.499 unidades para todo el mundo. El precio de partida se sitúa en unos mareantes 590.000 euros, una cifra que justifica su entrada directa en el olimpo de los coleccionistas. Cada unidad pasará además por el departamento Tailor Made, lo que permite a los afortunados propietarios elegir entre 25 tonalidades históricas de la marca para que no haya dos coches iguales circulando por las carreteras europeas.
Esta propuesta de Maranello supone un soplo de aire fresco en un mercado que a veces parece demasiado aséptico y digital. Al combinar el brutal empuje de un doce cilindros con una interfaz que premia la pericia del piloto, se ha logrado un vehículo que no busca ser el más rápido en un circuito, sino el más gratificante de manejar en cualquier circunstancia. Es, sin duda, un reconocimiento explícito de que la tecnología más avanzada también puede utilizarse para salvaguardar las sensaciones más puras de la conducción de toda la vida.
Fuente – Ferrari
Imágenes | Ferrari