Audi rectifica y ya prepara el regreso del mítico nombre A4 a su gama

  • Audi admite que sustituir el A4 por A5 fue un error que generó confusión
  • La marca volverá a usar la lógica clásica: letra para tipo de coche y número para tamaño
  • El actual A5 de combustión recuperará el emblema A4 con el restyling de mitad de ciclo
  • Habrá un futuro A4 e-tron 100 % eléctrico basado en la nueva plataforma SSP

Durante años, bastaba con ver unas siglas en la trasera de un Audi para saber dónde estabas: A4, A6, A8 marcaban claramente la jerarquía dentro de la gama. Esa lógica sencilla, muy alemana y bastante fácil de entender para cualquiera que se acercara a un concesionario, se rompió cuando la marca decidió cambiar la nomenclatura de buena parte de sus modelos.

El movimiento, pensado para ordenar el salto al coche eléctrico, ha terminado volviéndose en contra de la propia casa de Ingolstadt. Audi reconoce ahora abiertamente que rebautizar el A4 como A5 y separar eléctricos y térmicos por números ha resultado un lío para todos los clientes, concesionarios y hasta para sus propios comerciales. La compañía ya ha puesto rumbo a un sistema más claro y se prepara para devolver al catálogo uno de sus nombres más emblemáticos: el A4.

Del Audi A4 al A5: cuando la teoría parecía perfecta y la práctica no tanto…

La idea se presentó en 2023 como un plan ordenado: números pares para los eléctricos y números impares para los modelos de combustión. Sobre el papel sonaba coherente: así, el clásico A4 de gasolina y diésel pasaba a llamarse A5, mientras que el nombre A4 se reservaba para un futuro modelo totalmente eléctrico. Algo similar se llegó a plantear con el A6, que en esa lógica habría pasado a denominarse A7.

El problema es que el A5 ya significaba otra cosa en la cabeza de los conductores. Durante años había sido la versión más pasional del A4, primero como coupé y después como Sportback, con una imagen más deportiva pero muy vinculada a la misma base técnica. De repente, ese código desaparecía como coupé y pasaba a representar a la berlina y al familiar de siempre, mientras coupé y cabrio se quedaban sin hueco claro en la gama.

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En plena transición, Audi decidió que todos esos modelos de combustión A4 se agruparan bajo el paraguas A5: sedán, Avant y las variantes más deportivas, mientras el A4 se reservaba sobre el papel para un futuro eléctrico. La jugada tenía cierta lógica interna, pero en la práctica supuso borrar de golpe un nombre con tres décadas de historia comercial y recolocar otro que ya estaba cargado de significado muy concreto.

«No fue una buena idea»: el reconocimiento del error desde la cúpula…

La primera señal de que algo no terminaba de encajar llegó rápido. El supuesto salto del A6 al A7 nunca llegó a producirse. El nuevo A6 conservó su denominación cuando se lanzó la última iteración, frenando así una parte del plan antes de que se hiciera efectiva. La marca ya estaba detectando que la estrategia de nombres no funcionaba como se esperaba.

El giro se confirmó públicamente en el Salón del Automóvil de Múnich. Allí, el actual CEO de Audi, Gernot Döllner, reconoció sin rodeos que eliminar el nombre A4 fue un error, una decisión heredada de la etapa de su predecesor Markus Duesmann. Döllner fue más allá y apuntó que la compañía va a volver a un esquema más sencillo y comprensible tanto para el mercado europeo como para otros países clave.

Según el propio directivo, la estructura de la gama volverá a apoyarse en dos grandes letras: A para berlinas y familiares de “piso plano” y Q para los SUV. El número que acompaña a cada letra servirá de nuevo para indicar el tamaño y el segmento del vehículo, sin entrar a distinguir si va propulsado por gasolina, diésel o electricidad. Es decir, se abandona la idea de pares eléctricos e impares térmicos para regresar a una lógica similar a la que ya aplican BMW y Mercedes-Benz.

El actual A5 volverá a llamarse A4 con el restyling…

Ante esta situación, Audi ya ha puesto sobre la mesa el camino de regreso. La marca prevé recuperar el emblema A4 para las variantes de combustión en la próxima actualización de mitad de ciclo del actual A5. Ese restyling, que se sitúa en el horizonte de la segunda mitad de la década, servirá para alinear de nuevo el nombre con lo que el coche realmente representa en la gama.

En la práctica, esto significa que las versiones sedán y Avant que hoy se venden como A5 volverán a ser A4. La propia compañía admite que el coche es, en esencia, el heredero natural del A4 tradicional, y que mantenerlo bajo otra denominación solo añade fricción a la experiencia de compra. No se trata tanto de un cambio técnico como de corregir un error de comunicación y posicionamiento.

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La gran incógnita es qué ocurrirá con el nombre A5 cuando esto suceda. Hasta el cambio, el A5 había representado las carrocerías coupé y Sportback derivadas del A4, una oferta que hoy ha desaparecido del catálogo de la marca y que muchos aficionados echan de menos en Europa. En Audi admiten que el escenario aún está “muy verde”, pero dejan la puerta abierta a que, en un futuro, la firma recupere ese enfoque más pasional con nuevas carrocerías específicas.

El A4 eléctrico también está en camino: así encajará el A4 e-tron…

Audi A6 e-tron faros

El hecho de volver a un sistema de nombres más clásico no supone en ningún caso renunciar a la electrificación. Audi mantiene en su hoja de ruta un A4 e-tron 100 % eléctrico, cuyo lanzamiento se sitúa a finales de esta década, con 2028 como fecha de referencia en los planes de producto del grupo Volkswagen.

Este futuro A4 e-tron se apoyará en la nueva plataforma SSP de 800 voltios, una arquitectura escalable preparada para recargas ultrarrápidas y pensada para competir de tú a tú con las berlinas eléctricas de BMW y Mercedes. A nivel de diseño, tomará elementos del prototipo Concept C y de los nuevos rasgos que Audi está introduciendo en sus modelos, con un frontal muy característico y una parrilla reinterpretada para los vehículos cero emisiones.

La coexistencia de un A4 de combustión y un A4 e-tron eléctrico en los concesionarios europeos no será algo extraño: de hecho, enlaza con la estrategia que ya siguen rivales directos. BMW prepara un sedán i3 que convivirá con sus berlinas térmicas, mientras Mercedes ultima un Clase C eléctrico paralelo a las versiones gasolina y diésel. Para el cliente, la ventaja es clara: mismo nombre, mismo lugar en la gama y elección libre de tecnología de propulsión.

Cuando la lógica interna choca con la memoria del cliente…

Concesionarios Ventas coches

El problema con la nomenclatura de Audi no empezó con el cambio A4-A5, pero ahí se hizo más evidente. La marca ya había introducido previamente códigos como 35, 40 o 45 TFSI/TDI para indicar rangos de potencia, una solución que muchos clientes nunca terminaron de comprender porque no hacía referencia ni a la cilindrada ni de forma clara a los caballos.

El rebautizo del A4 fue la gota que colmó el vaso. Para los compradores europeos, especialmente en mercados como España, el A4 es una denominación muy arraigada desde 1994, asociada de inmediato a la berlina media de Audi. Ver un coche que en esencia seguía siendo ese mismo modelo, pero con la placa A5 en la trasera, resultó difícil de justificar en el día a día del concesionario. Muchos vendedores se vieron obligados a explicar una y otra vez por qué el A4 “de toda la vida” ya no se llamaba así.

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La marca ha admitido ahora que subestimó la fuerza de esa memoria colectiva. El plan parecía coherente en un Excel, pero no encajaba en la cabeza del conductor que llevaba décadas viendo un A4 en el garaje del vecino o en su propia casa. La confusión fue doble: se borraba un nombre conocido y se le daba un nuevo significado a otro que ya estaba bien posicionado como coche más emocional dentro de la gama.

Adiós a las combinaciones numéricas crípticas para los motores…

La rectificación no se limita al nombre de los modelos. Audi también ha empezado a desmantelar el sistema de dos dígitos que introdujo en 2017 para clasificar la potencia de sus motores, con códigos como 30, 35, 40, 45, 50 o 55 acompañados de las siglas TFSI o TDI. Aquella escala, que teóricamente correspondía a rangos de kilovatios, nunca terminó de calar entre los compradores.

Muchos conductores europeos se encontraron con fichas técnicas que hablaban de 30 TFSI o 55 TDI sin que el número dijera nada intuitivo sobre la fuerza del motor. Las asociaciones aproximadas a potencias entre 107 y casi 370 caballos solo aparecían en la letra pequeña y variaban según el modelo, lo que generaba aún más confusión. La propia marca ha aceptado que el sistema resultaba demasiado opaco para el público general.

En respuesta, Audi está migrando hacia designaciones más directas, basadas en la potencia expresada en kilovatios junto al tipo de propulsor. Así, es más probable que veamos descripciones del estilo TFSI 110 kW o TDI 150 kW, una fórmula que, sin ser perfecta, al menos conecta de forma más fácil la sigla con la cifra de rendimiento real. Es una forma de rebajar la “capa de jeroglíficos” que se había acumulado en la parte trasera de muchos modelos.

Un movimiento en línea con el mercado europeo y sus competidores…

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La marcha atrás de Audi en la nomenclatura llega en un momento en el que varias marcas premium europeas están afinando sus estrategias de nombres para híbridos y eléctricos. Mercedes, por ejemplo, ha optado por separar de forma clara la línea EQ para eléctricos, aunque también está revisando esa decisión. BMW, por su parte, mezcla denominaciones tradicionales con la letra “i” para sus modelos de batería, como ocurrirá con el citado sedán i3.

En este contexto, la decisión de Audi apunta a un enfoque mixto: mantener nombres clásicos como A4 o A6 tanto para las variantes térmicas como para las eléctricas, distinguiendo estas últimas con el apellido e-tron. Esta solución tiene la ventaja de aprovechar el valor de marca acumulado por esas siglas en Europa, al tiempo que facilita al cliente localizar rápidamente qué coche ocupa qué posición dentro de la gama.

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Además, la compañía ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de rebautizar modelos a mitad de su ciclo comercial cuando lo considera necesario. Ocurrió con el SUV eléctrico e-tron, que pasó a llamarse Q8 e-tron tras su actualización de 2022 para alinearse mejor con el resto de la familia Q. Ese movimiento tuvo un impacto limitado en ventas, pero sirvió como antecedente de que los cambios de nombre no son un tabú dentro de la casa.

Más allá de las siglas: ajustes en ergonomía y controles…

El proceso de revisión interna no se queda en las chapas de la carrocería. Audi también está revisando decisiones recientes en el interior de sus coches, especialmente en lo que tiene que ver con la ergonomía y el uso de pantallas táctiles. Tras varios años apostando por superficies táctiles incluso en el volante, la marca está recuperando poco a poco botones físicos y mandos giratorios.

El objetivo es que operaciones frecuentes como subir el volumen, cambiar de modo de conducción o activar determinados asistentes sean más intuitivas y se puedan realizar sin apartar demasiado la vista de la carretera. Es una tendencia que responde al feedback de conductores europeos que, pese a valorar la tecnología, prefieren no tener que navegar por menús táctiles para cada función básica. En cierto modo, esta vuelta a lo práctico va en la misma línea que la simplificación de nombres: menos artificio y más claridad.

En conjunto, los pasos que está dando Audi apuntan a un replanteamiento profundo de cómo se comunica con su clientela en España y en el resto de Europa. La marca ha comprobado que los excesos de creatividad en la nomenclatura pueden generar más ruido que beneficios, sobre todo cuando se tocan nombres con tanto peso histórico como A4. La vuelta a una estructura más sencilla, el regreso del emblema A4 a su sitio natural y la llegada de un A4 e-tron eléctrico buscan encajar mejor con lo que el público espera encontrar cuando se acerca a un concesionario: modelos fáciles de identificar, tecnologías claras y menos necesidad de traducir códigos cada vez que se mira la trasera de un coche.


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