Comprar un coche siempre es una inversión que se evapora en gran medida nada más cruzar la puerta del concesionario, pero lo que está ocurriendo actualmente con los modelos llegados de Asia está rompiendo todos los esquemas previstos. Aunque estas marcas entran por los ojos gracias a un equipamiento tecnológico envidiable y precios de venta que dejan tiritando a los fabricantes tradicionales del Viejo Continente, la realidad al intentar revenderlos o devolverlos tras un contrato de alquiler es otra muy distinta.
El fenómeno, que ya se nota con especial fuerza en mercados de referencia como el alemán, empieza a dejar una huella profunda en toda Europa, donde los compradores de ocasión miran con lupa estas nuevas insignias. No es solo una cuestión puramente económica, sino de cómo la percepción de marca y la vertiginosa rapidez de los nuevos lanzamientos están jugando una mala pasada a quienes apostaron por la novedad sin pararse a pensar en el futuro valor de su vehículo en el mercado de segunda mano.
El desplome de las cifras en el mercado de ocasión…

Los datos publicados por organismos de referencia como el DAT en Alemania no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del problema. Mientras que a principios de 2024 un eléctrico chino conservaba de media el 61% de su valor original, esa cifra se ha hundido hasta apenas el 47% en registros recientes. Esta caída de casi 14 puntos en el valor residual supone un castigo mucho más severo que el sufrido por el resto del mercado de vehículos electrificados, que apenas ha corregido su valor en unos 7 puntos en el mismo periodo de tiempo.
En nuestro país, los informes de Ganvam y DAT ya situaban el valor retenido de un coche chino tras tres años en un 60,73%, una cifra que, aunque parece más estable, sigue la tendencia a la baja observada en otros territorios como Reino Unido o Australia. El problema es que el mercado de ocasión se está normalizando tras el caos de la pandemia y la sobreoferta de modelos chinos muy parecidos entre sí está provocando que los precios de reventa se hundan ante la falta de una base de clientes consolidada y fiel.
El factor de la confianza y el peso de la historia…

Gran parte de este desajuste se debe a lo que los expertos denominan un problema de bagaje. Mientras que marcas europeas o coreanas llevan décadas construyendo una red de servicio y una reputación de fiabilidad, muchas firmas chinas están todavía en pañales en cuanto a estructura posventa se refiere. Esta incertidumbre cala en el comprador, que teme encontrarse sin repuestos o sin soporte técnico si la marca decide abandonar el mercado europeo en unos años, una posibilidad que casi la mitad de los conductores encuestados ve como algo probable.
Además, existe la paradoja de la «velocidad china». La rapidez con la que estas empresas actualizan sus modelos hace que un coche comprado hace apenas doce meses se perciba como obsoleto casi de inmediato. Es una dinámica muy similar a la de los teléfonos móviles: cuando sale una versión notablemente mejor y más barata cada año, el modelo anterior pierde su atractivo de forma fulminante. Curiosamente, esta depreciación no siempre responde a la calidad real del producto, ya que tecnologías como las baterías Blade de BYD han demostrado mantener una salud superior al 90% tras tres años de uso intensivo.
Impacto directo en el bolsillo: renting y leasing…

Esta inestabilidad en los precios de segunda mano tiene un damnificado directo: el usuario de renting o leasing. Dado que las financieras calculan la cuota mensual basándose en lo que esperan que valga el coche al finalizar el contrato, una depreciación mayor obliga a encarecer las mensualidades para cubrir el riesgo de pérdida. Operadores de la talla de Arval ya están tomando cartas en el asunto, aplicando criterios mucho más conservadores que se traducen en contratos más largos o cuotas menos competitivas para los modelos chinos.
Otro factor que tira de los precios hacia abajo es la dependencia de los canales de flota y alquiler. Muchas marcas han inundado las calles mediante servicios de suscripción o alquiler a corto plazo para ganar visibilidad rápidamente, pero esto tiene un efecto rebote peligroso. Cuando esos coches vuelven en masa al mercado de ocasión con mucho kilometraje y un uso intenso, terminan de hundir la valoración de las unidades de particulares, creando un círculo vicioso difícil de romper para los fabricantes que acaban de aterrizar.
La otra cara de la moneda: chollos para el comprador…

No todo son malas noticias, ya que lo que para el primer propietario es un quebradero de cabeza, para el comprador de segunda mano se convierte en una oportunidad de oro. En portales especializados ya es posible encontrar modelos como el MG4 o propuestas de marcas como Ora con muy pocos kilómetros y precios que suponen un ahorro de miles de euros respecto a su tarifa original. Para quien busca un coche eléctrico bien equipado y tiene intención de aguantarlo muchos años, esta depreciación es, sencillamente, la puerta de entrada a una ganga tecnológica.
El sector se enfrenta ahora a una carrera de fondo donde no solo importa fabricar el mejor coche al mejor precio, sino demostrar que la marca ha llegado para quedarse. La construcción de una red de concesionarios sólida y la puesta en marcha de programas de seminuevos certificados serán los pilares fundamentales para recuperar la credibilidad y estabilizar unos valores residuales que hoy por hoy son el principal talón de Aquiles de la industria automotriz china en su expansión por el continente europeo.