Las balizas V16 conectadas, llamadas a sustituir de forma definitiva a los triángulos de emergencia en España, no serán un producto que se homologue una vez y quede olvidado para siempre. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha puesto en marcha un sistema de control continuo que, en la práctica, funciona como una especie de “ITV” específica para estos dispositivos, con inspecciones periódicas a lo largo de toda su vida en el mercado.
Este nuevo modelo de vigilancia no se dirige al conductor, sino directamente a las empresas que diseñan y fabrican las balizas. El objetivo es claro: garantizar que las unidades que se siguen vendiendo mantienen exactamente las mismas condiciones técnicas y de conectividad que tenían cuando fueron homologadas por primera vez, y retirar del mercado aquellas que se desvíen de los requisitos fijados por Tráfico.
Una ITV solo para fabricantes: cómo funcionará el control
La DGT ha creado una especie de ITV obligatoria para las balizas V16, pero limitada al ámbito industrial. No son las balizas individuales que ya están en los coches las que se inspeccionan, sino la producción del modelo homologado. Tráfico quiere asegurarse de que lo que hoy sale de fábrica es equivalente a lo que se certificó en su día y que no se han introducido cambios silenciosos en componentes, diseño o software.
En su directriz oficial, el organismo explica que, dada la relevancia de estos dispositivos para la seguridad vial, resulta crítico mantener una vigilancia de mercado continuada. Se busca evitar que, tras conseguir la certificación inicial, el fabricante rebaje calidades, modifique el hardware o altere el funcionamiento de la conectividad, algo que podría hacer que la baliza dejara de cumplir la normativa sin que el usuario se entere.
Qué se revisa en la “ITV” de las balizas V16

Las inspecciones periódicas se apoyan en tres pilares que la DGT ha detallado por escrito. En primer lugar, se analizará que el fabricante disponga de un Sistema de Calidad efectivo, capaz de controlar los procesos de producción y de detectar cualquier desviación en los materiales o en el montaje de las balizas.
En segundo lugar, se verificará que las balizas V16 siguen ajustándose a todas las especificaciones técnicas exigidas por la normativa. Eso implica comprobar parámetros como la intensidad y el ángulo de la luz, la autonomía, la resistencia de los materiales y el comportamiento del dispositivo en las pruebas de laboratorio, del mismo modo que se hizo en la homologación inicial.
El tercer bloque se centra en la parte más delicada: la conectividad de la baliza con la red de operadores y con la plataforma de vehículo conectado de la DGT, conocida como DGT 3.0. Tráfico quiere confirmar que las comunicaciones se mantienen operativas, que el equipo se geolocaliza y transmite correctamente el aviso de emergencia, y que la integración con la infraestructura en la nube del fabricante sigue funcionando como estaba previsto.
Estas comprobaciones se podrán llevar a cabo de dos formas: mediante inspecciones presenciales en las instalaciones del fabricante o en la propia planta de producción, o bien a través de controles documentales en los que la empresa remitirá informes, evidencias técnicas y, cuando se le requiera, muestras físicas de las balizas para someterlas a ensayos adicionales.
Calendario de revisiones: primera al año, luego cada dos años
La DGT ha fijado un calendario concreto para esta “ITV” de las señales V16. Toda baliza que obtenga su certificación deberá superar una primera revisión un año después de la homologación inicial. Este primer control será siempre presencial, con técnicos que acudirán a las instalaciones del solicitante o a la fábrica donde se produce el dispositivo.
A partir de ahí, mientras el modelo siga comercializándose, las balizas V16 se revisarán cada dos años. Las inspecciones irán alternando entre controles documentales y nuevas verificaciones presenciales, de manera que durante toda la vida comercial del producto exista una supervisión periódica de su calidad y de su conectividad.
En la práctica, esto significa que un mismo modelo de baliza pasará varias veces por este proceso a lo largo de su ciclo de ventas. Aunque la vida útil de conectividad suele fijarse en unos 12 años, el foco de Tráfico está en lo que se sigue fabricando y vendiendo, para reducir al mínimo el riesgo de que aparezcan remesas defectuosas o versiones recortadas respecto al diseño original.
Qué ocurre si una baliza no supera la inspección
Las primeras consecuencias de este sistema de control ya se han visto con varios modelos que han perdido su homologación. En todos los casos, se trata de dispositivos que en su día cumplieron con lo establecido, pero que no han logrado mantener los estándares al renovar el certificado, bien por cambios en la producción, por fallos de calidad o por problemas en la parte de comunicaciones.
Cuando la DGT detecta irregularidades, se establece un plan de acción correctiva con un plazo limitado para subsanar los fallos, habitualmente en torno a unos pocos meses. Si el fabricante no resuelve los problemas dentro del plazo, Tráfico puede retirar la Certificación V16 al modelo afectado y ordenar su retirada del mercado, paralizando nuevas ventas y obligando a la empresa a adoptar medidas para mitigar los riesgos asociados a las unidades ya distribuidas.
En casos extremos, como la liquidación o cierre de un fabricante, el propio procedimiento de inspección puede quedar afectado. Aun así, la normativa prevé que la conectividad de las balizas esté asegurada durante un mínimo de 12 años, de modo que si la empresa desaparece, las operadoras de telecomunicaciones puedan asumir el control de las comunicaciones para que los dispositivos sigan enviando su posición cuando se activen.
El papel del usuario: sin cita en la ITV ni trámites extra
Uno de los puntos que más dudas ha generado es si los conductores tendrán que llevar su baliza V16 a la ITV del coche o someterla a algún tipo de revisión periódica individual. La respuesta oficial de la DGT es clara: el usuario no tiene que hacer ninguna gestión adicional relacionada con esta “ITV” de las balizas.
El control recae en los fabricantes, que son quienes deben solicitar y superar las inspecciones periódicas si quieren seguir vendiendo ese modelo con el sello de homologación válido. Para el conductor, la clave está en que la baliza que compró estuviera debidamente homologada en el momento de la compra. En ese caso, puede seguir utilizándola hasta que alcance su fecha de caducidad o termine el periodo de conectividad garantizado.
La DGT recuerda además que los dispositivos deben garantizar un servicio de comunicaciones operativo durante al menos doce años. Por tanto, aunque un modelo pierda la homologación para nuevas ventas, las unidades que ya están en manos de los usuarios no quedan automáticamente inutilizadas, siempre que no haya una instrucción específica en sentido contrario por motivos de seguridad.