Las pick ups han pasado de ser herramientas de trabajo casi invisibles en el catƔlogo a protagonizar conversaciones sobre movilidad, seguridad y uso urbano. Las consultas mƔs habituales entre quienes se plantean comprar una tienen que ver con su longitud, su peso, la diferencia entre remolcar y llevar carga, los tamaƱos de cabina y caja, las versiones pesadas y las capacidades mƔximas de remolque y carga.
En paralelo, el debate pĆŗblico se ha endurecido. Varios informes y agencias de Estados Unidos llevan tiempo advirtiendo de que los vehĆculos grandes, y en especial pick ups y SUV, elevan el riesgo para peatones y ocupantes de coches pequeƱos>. La discusión no es si se deben prohibir sin mĆ”s, sino quĆ© medidas intermedias pueden rebajar el peligro sin dejar tirados a profesionales que necesitan una pick up para trabajar.
QuƩ se pregunta al comprar una pick up
La lista de dudas que maneja Chevrolet para sus modelos pickup es bastante reveladora. Aparecen cuestiones como cuĆ”nto mide de largo una pick up, cuĆ”nto pesa una camioneta o quĆ© convierte a un vehĆculo en heavy-duty>. TambiĆ©n se consulta la diferencia entre towing y trailering, el significado de hauling, las medidas de cabina y caja disponibles, cuĆ”l es la opción light-duty mĆ”s eficiente, y cuĆ”les son las capacidades mĆ”ximas de remolque y de carga Ćŗtil.

No menos importante es el apartado de seguridad. Los compradores quieren saber qué sistemas de seguridad y asistencia al conductor vienen de serie y cuÔles son opcionales en las versiones pickup. A esto se suma una pregunta muy prÔctica: si es posible configurar una unidad a medida, eligiendo acabados, cabina, caja y equipamiento según el uso previsto.
El aviso que llega desde Estados Unidos
Un anĆ”lisis periodĆstico de gran alcance publicado por The New York Times puso cifras al problema. SegĆŗn sus cĆ”lculos, los camiones y SUV de gran tamaƱo provocan entre 200 y 400 muertes adicionales al aƱo>, una estimación que el propio medio consideró conservadora. La polĆ©mica llegó incluso a comentarse en el Ć”mbito polĆtico y empresarial, con menciones a la dirección de General Motors.
La agencia federal de seguridad vial de Estados Unidos, la NHTSA, ya habĆa advertido del mayor riesgo en una revisión de estudios publicada al menos en 2015, con una estimación incluso superior a la del diario. El Detroit Free Press llegó a conclusiones parecidas en un trabajo similar realizado una dĆ©cada antes. A ellos se han sumado el Insurance Institute for Highway Safety y Consumer Reports, que han repetido hallazgos en la misma dirección.
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No es una novedad reciente. Ya en los aƱos noventa habĆa expertos que avisaban del peligro de las pick ups y los SUV para los peatones, aunque despuĆ©s esa advertencia quedó arrinconada. Parte del problema era la falta de datos: Consumer Reports tuvo que recopilar por su cuenta las alturas de los capós de coches y camionetas, porque antes no se medĆan como caracterĆstica de consumo. Cuando el autor de un libro sobre el tema recorrió con cinta mĆ©trica las parrillas de los vehĆculos, se topó con una realidad que el Detroit Free Press midió de forma mĆ”s rigurosa en concesionarios.
Altura del frontal y riesgo para peatones
La altura del frontal se ha convertido en uno de los puntos calientes. Algunos de los modelos pickup mƔs vendidos en Estados Unidos tienen parrillas que pueden superar las 55 pulgadas, suficientes para ocultar a un niƱo de cuarto curso de pie o a una persona en silla de ruedas. En aparcamientos y ciudades, esa zona ciega delantera deja de ser una anƩcdota y se convierte en un peligro cotidiano>.

La forma del capó tambiĆ©n influye. Los estudios del IIHS apuntan a que los frontales mĆ”s cuadrados y altos son bastante mĆ”s letales que los perfiles inclinados y bajos, con una diferencia que ronda el 45%. Las marcas se resisten a cambiar el diseƱo porque afecta a la imagen del vehĆculo, a su rostro comercial. La asociación nacional de responsables de transporte urbano de EE. UU. defiende el criterio de visión directa: el conductor deberĆa ver lo que tiene justo delante. Si no se rebajan las alturas, una alternativa serĆa exigir cĆ”maras frontales para acabar con los puntos ciegos.
Modificaciones, flotas públicas y frenada automÔtica
Otra fuente de riesgo son las modificaciones posteriores a la venta. Los kits de elevación y las barras antivuelco o bull bars pueden aumentar la peligrosidad para el conductor y para los peatones>. Un vehĆculo levantado tiene un centro de gravedad mĆ”s alto y mĆ”s probabilidades de volcar, algo que la industria del automóvil conoce bien. Las barras eliminan la zona de deformación, y paĆses como Reino Unido las restringen. En Estados Unidos, la regulación estatal es desigual y a menudo poco intervencionista.
El autor del libro citado sostiene que no se deberĆa permitir que terceros vendan productos que amenacen la seguridad pĆŗblica, y que al menos las flotas pĆŗblicas deberĆan dejar de comprarlos. Pone como ejemplo vehĆculos policiales con barras antivuelco en ciudades que dicen priorizar la seguridad vial>. TambiĆ©n cuestiona que departamentos de policĆa, parques y otras administraciones adquieran pick ups y SUV por inercia o por presión comercial. Si de verdad hacen falta para arrastrar troncos o cargar material, tiene sentido; si no, a veces bastarĆa con un vehĆculo mucho mĆ”s pequeƱo.

La buena noticia, segĆŗn el mismo relato, es que la NHTSA presentó por primera vez una clasificación de seguridad para peatones. El avance es limitado porque se trata de una categorĆa aparte, no integrada en el sistema de cinco estrellas como ocurre en Europa y partes de Asia. AdemĆ”s, no aparece en el capó de los coches dentro del concesionario, sino solo en la web de la agencia. La sospecha es que se hizo asĆ para no incomodar a fabricantes con fuertes intereses en pick ups, como General Motors.
El paquete de medidas posible incluye cosas muy variadas: regular o prohibir modificaciones posventa, bajar y suavizar los capós, exigir cĆ”maras delanteras, encarecer tasas y aparcamiento para vehĆculos grandes, y revisar las compras pĆŗblicas. La ley de infraestructuras de Estados Unidos ya introdujo la obligación de que la frenada automĆ”tica de emergencia y la detección automĆ”tica de peatones sean estĆ”ndar en vehĆculos nuevos, lo que no resuelve todo pero sĆ cambia el punto de partida.
La mirada europea
En Europa, el enfoque lleva tiempo integrado en las pruebas de choque de cinco estrellas, donde la protección al peatón forma parte de la valoración global del vehĆculo>. AdemĆ”s, algunas ciudades han planteado tarifas de estacionamiento o licencias mĆ”s caras para coches de gran tamaƱo. La lógica es la misma que en Estados Unidos: no prohibir de forma radical, sino encarecer y limitar los riesgos que generan los vehĆculos mĆ”s voluminosos.

El problema de fondo es que las reformas mĆ”s eficaces suelen ser pequeƱas y poco vistosas. Ajustar un capó, controlar un kit de elevación o exigir una cĆ”mara no tiene el brillo de otras polĆticas, pero puede salvar vidas. La discusión se enreda a menudo con gritos sobre una supuesta prohibición de las pick ups, una idea que incluso sus crĆticos consideran inviable. Lo que estĆ” sobre la mesa es una baterĆa de pasos intermedios para que quien necesite una pick up pueda usarla, mientras se reducen los daƱos que su tamaƱo provoca en el resto.
Las pick ups siguen siendo vehĆculos muy deseados por su capacidad de carga, remolque y configuración a medida. Las preguntas sobre longitud, peso, cabina, caja, versiones heavy-duty o light-duty y equipamiento de seguridad no desaparecen. Al mismo tiempo, los datos acumulados en Estados Unidos y el marco europeo empujan hacia un equilibrio mĆ”s exigente: menos altura descontrolada, menos modificaciones peligrosas, mĆ”s ayudas electrónicas y compras pĆŗblicas mejor justificadas. El pulso no va de eliminar la pick up, sino de decidir hasta quĆ© punto su tamaƱo debe condicionar la seguridad de los demĆ”s.