Pick ups: capacidades, tamaƱo y el debate sobre su seguridad

  • Las dudas mĆ”s repetidas al comprar una pick up giran en torno a longitud, peso, remolque, carga, cabina, caja y versiones pesadas.
  • Los estudios y agencias estadounidenses seƱalan desde hace aƱos un mayor riesgo para peatones asociado al tamaƱo y la altura del frontal de pick ups y SUV.
  • Europa incluye la protección al peatón en su sistema de estrellas y Reino Unido limita elementos como las barras antivuelco o bull bars.
  • Las ayudas electrónicas, como la frenada automĆ”tica de emergencia y la detección de peatones, se han convertido en el principal contrapeso regulatorio.

Las pick ups han pasado de ser herramientas de trabajo casi invisibles en el catƔlogo a protagonizar conversaciones sobre movilidad, seguridad y uso urbano. Las consultas mƔs habituales entre quienes se plantean comprar una tienen que ver con su longitud, su peso, la diferencia entre remolcar y llevar carga, los tamaƱos de cabina y caja, las versiones pesadas y las capacidades mƔximas de remolque y carga.

En paralelo, el debate público se ha endurecido. Varios informes y agencias de Estados Unidos llevan tiempo advirtiendo de que los vehículos grandes, y en especial pick ups y SUV, elevan el riesgo para peatones y ocupantes de coches pequeños>. La discusión no es si se deben prohibir sin mÔs, sino qué medidas intermedias pueden rebajar el peligro sin dejar tirados a profesionales que necesitan una pick up para trabajar.

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QuƩ se pregunta al comprar una pick up

La lista de dudas que maneja Chevrolet para sus modelos pickup es bastante reveladora. Aparecen cuestiones como cuÔnto mide de largo una pick up, cuÔnto pesa una camioneta o qué convierte a un vehículo en heavy-duty>. También se consulta la diferencia entre towing y trailering, el significado de hauling, las medidas de cabina y caja disponibles, cuÔl es la opción light-duty mÔs eficiente, y cuÔles son las capacidades mÔximas de remolque y de carga útil.

No menos importante es el apartado de seguridad. Los compradores quieren saber qué sistemas de seguridad y asistencia al conductor vienen de serie y cuÔles son opcionales en las versiones pickup. A esto se suma una pregunta muy prÔctica: si es posible configurar una unidad a medida, eligiendo acabados, cabina, caja y equipamiento según el uso previsto.

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El aviso que llega desde Estados Unidos

Un anÔlisis periodístico de gran alcance publicado por The New York Times puso cifras al problema. Según sus cÔlculos, los camiones y SUV de gran tamaño provocan entre 200 y 400 muertes adicionales al año>, una estimación que el propio medio consideró conservadora. La polémica llegó incluso a comentarse en el Ômbito político y empresarial, con menciones a la dirección de General Motors.

La agencia federal de seguridad vial de Estados Unidos, la NHTSA, ya había advertido del mayor riesgo en una revisión de estudios publicada al menos en 2015, con una estimación incluso superior a la del diario. El Detroit Free Press llegó a conclusiones parecidas en un trabajo similar realizado una década antes. A ellos se han sumado el Insurance Institute for Highway Safety y Consumer Reports, que han repetido hallazgos en la misma dirección.

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No es una novedad reciente. Ya en los años noventa había expertos que avisaban del peligro de las pick ups y los SUV para los peatones, aunque después esa advertencia quedó arrinconada. Parte del problema era la falta de datos: Consumer Reports tuvo que recopilar por su cuenta las alturas de los capós de coches y camionetas, porque antes no se medían como característica de consumo. Cuando el autor de un libro sobre el tema recorrió con cinta métrica las parrillas de los vehículos, se topó con una realidad que el Detroit Free Press midió de forma mÔs rigurosa en concesionarios.

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Altura del frontal y riesgo para peatones

La altura del frontal se ha convertido en uno de los puntos calientes. Algunos de los modelos pickup mƔs vendidos en Estados Unidos tienen parrillas que pueden superar las 55 pulgadas, suficientes para ocultar a un niƱo de cuarto curso de pie o a una persona en silla de ruedas. En aparcamientos y ciudades, esa zona ciega delantera deja de ser una anƩcdota y se convierte en un peligro cotidiano>.

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La forma del capó también influye. Los estudios del IIHS apuntan a que los frontales mÔs cuadrados y altos son bastante mÔs letales que los perfiles inclinados y bajos, con una diferencia que ronda el 45%. Las marcas se resisten a cambiar el diseño porque afecta a la imagen del vehículo, a su rostro comercial. La asociación nacional de responsables de transporte urbano de EE. UU. defiende el criterio de visión directa: el conductor debería ver lo que tiene justo delante. Si no se rebajan las alturas, una alternativa sería exigir cÔmaras frontales para acabar con los puntos ciegos.

Modificaciones, flotas públicas y frenada automÔtica

Otra fuente de riesgo son las modificaciones posteriores a la venta. Los kits de elevación y las barras antivuelco o bull bars pueden aumentar la peligrosidad para el conductor y para los peatones>. Un vehículo levantado tiene un centro de gravedad mÔs alto y mÔs probabilidades de volcar, algo que la industria del automóvil conoce bien. Las barras eliminan la zona de deformación, y países como Reino Unido las restringen. En Estados Unidos, la regulación estatal es desigual y a menudo poco intervencionista.

El autor del libro citado sostiene que no se debería permitir que terceros vendan productos que amenacen la seguridad pública, y que al menos las flotas públicas deberían dejar de comprarlos. Pone como ejemplo vehículos policiales con barras antivuelco en ciudades que dicen priorizar la seguridad vial>. También cuestiona que departamentos de policía, parques y otras administraciones adquieran pick ups y SUV por inercia o por presión comercial. Si de verdad hacen falta para arrastrar troncos o cargar material, tiene sentido; si no, a veces bastaría con un vehículo mucho mÔs pequeño.

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La buena noticia, según el mismo relato, es que la NHTSA presentó por primera vez una clasificación de seguridad para peatones. El avance es limitado porque se trata de una categoría aparte, no integrada en el sistema de cinco estrellas como ocurre en Europa y partes de Asia. AdemÔs, no aparece en el capó de los coches dentro del concesionario, sino solo en la web de la agencia. La sospecha es que se hizo así para no incomodar a fabricantes con fuertes intereses en pick ups, como General Motors.

El paquete de medidas posible incluye cosas muy variadas: regular o prohibir modificaciones posventa, bajar y suavizar los capós, exigir cÔmaras delanteras, encarecer tasas y aparcamiento para vehículos grandes, y revisar las compras públicas. La ley de infraestructuras de Estados Unidos ya introdujo la obligación de que la frenada automÔtica de emergencia y la detección automÔtica de peatones sean estÔndar en vehículos nuevos, lo que no resuelve todo pero sí cambia el punto de partida.

La mirada europea

En Europa, el enfoque lleva tiempo integrado en las pruebas de choque de cinco estrellas, donde la protección al peatón forma parte de la valoración global del vehículo>. AdemÔs, algunas ciudades han planteado tarifas de estacionamiento o licencias mÔs caras para coches de gran tamaño. La lógica es la misma que en Estados Unidos: no prohibir de forma radical, sino encarecer y limitar los riesgos que generan los vehículos mÔs voluminosos.

El problema de fondo es que las reformas mÔs eficaces suelen ser pequeñas y poco vistosas. Ajustar un capó, controlar un kit de elevación o exigir una cÔmara no tiene el brillo de otras políticas, pero puede salvar vidas. La discusión se enreda a menudo con gritos sobre una supuesta prohibición de las pick ups, una idea que incluso sus críticos consideran inviable. Lo que estÔ sobre la mesa es una batería de pasos intermedios para que quien necesite una pick up pueda usarla, mientras se reducen los daños que su tamaño provoca en el resto.

Las pick ups siguen siendo vehículos muy deseados por su capacidad de carga, remolque y configuración a medida. Las preguntas sobre longitud, peso, cabina, caja, versiones heavy-duty o light-duty y equipamiento de seguridad no desaparecen. Al mismo tiempo, los datos acumulados en Estados Unidos y el marco europeo empujan hacia un equilibrio mÔs exigente: menos altura descontrolada, menos modificaciones peligrosas, mÔs ayudas electrónicas y compras públicas mejor justificadas. El pulso no va de eliminar la pick up, sino de decidir hasta qué punto su tamaño debe condicionar la seguridad de los demÔs.

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