Comparativa Subaru Outback Lineartronic ¿Diésel o gasolina?

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Cuando vamos a comprar un coche podemos tener muy claro lo que nos queremos gastar, de que color será o si lo equiparemos con navegador o no, pero una de las preguntas más habituales es ¿Diésel o gasolina?. En España el gasóleo es el líder, con dos terceras partes del mercado y gana de forma abrumadora en la mayoría de segmentos, dejando el liderato de los motores de gasolina a los coches de segmentos más pequeños. Pero independientemente de que en Europa, y sobre todo en España, el gasoil sea el combustible favorito, esto no impide a las marcas comercializar sus mecánicas de gasolina, que se llevan el total de ventas en otros mercados.

Siguiendo con la prueba del Subaru Outback diésel Lineartronic, el primer modelo diésel automático de la marca, hemos creído interesante hacer una comparativa con su homólogo de gasolina, que en este caso se trata de un modelo previo al restyling. Cada uno tiene sus virtudes y sus defectos y los comprobaremos, del mismo modo que repasaremos las mejoras introducidas con el restyling de este modelo.

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El primer paso en una comparativa empieza por arrancar ambos motores y comprobarlos en parado.  Ninguno de los dos transmite vibraciones al habitáculo, pero resulta evidente que aquí la menor sonoridad del motor de gasolina gana con notable ventaja. El motor bóxer de 2.5 litros y 167CV es muy armónico y ya en caliente y al ralentí es inaudible desde el interior y muy silencioso desde fuera. Además, al iniciar la marcha tiene un sonido muy característico y bonito, suena a motor grande. El diésel por su parte no oculta su naturaleza y es audible al ralentí a pesar del excelente aislamiento acústico del Subaru Outback.

A nivel prestacional viendo la ficha técnica las diferencias son pocas. El motor diésel entrega 150CV frente a los 167CV del gasolina (el modelo restyling tiene 173CV, mejores prestaciones y consume menos) y hay unas pocas décimas de ventaja en el 0-100 a favor del diésel. Me sorprendió el poder comprobar lo realmente parejos que andan ambos motores a la hora de circular ya que tanto en aceleración como en recuperaciones 80-120 las diferencias prestacionales son mínimas como para tomar una decisión. Probablemente con el coche cargado el diésel si que saque algo más de ventaja sobre el gasolina.

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Las pocas diferencias que hay se deben a que el modelo de gasolina es más ágil de reacciones y tiene mejor salida que el modelo de gasolina, resultando algo más ágil en ciudad, por ejemplo. El motor diésel compensa estas diferencias con una mejor entrega potencia y recupera el tiempo perdido. Lo que queda claro es que si de ganar velocidad se trata, es mucho más agradable el modelo diésel debido a la gestión de la nueva caja Lineartronic CVT.

En el modelo de gasolina al acelerar a fondo el motor va subiendo de vueltas y la aguja se queda fija a 5.600 revoluciones. Es un CVT. El caso es que el bóxer diésel utiliza también una caja Lineartronic, reforzada para soportar el mayor par pero sobre todo con una gestión mucho más natural. Al acelerar a fondo utiliza las siete marchas prefijadas disponibles (seis en el 2.5) y de esta forma es como si condujésemos una caja de convertidor de par. Es más, casi cuesta decir que la caja Lineartronic del modelo diésel sea un variador.

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Donde sí gana el modelo bóxer diésel es en las sensaciones de conducción, salvo por sonido. Los distintos ajustes que Subaru ha hecho en la suspensión delantera y en las barras estabilizadoras, hacen que el modelo de gasoil tenga una dirección más pesada que el gasolina, consiguiendo así un grado de asistencia perfecto y es que en el modelo de gasolina, la dirección tiene demasiada asistencia, a pesar de ser directa. Los balanceos de la carrocería también parecen estar algo más conseguidos en el modelo diésel, que muestra un buen comportamiento dinámico dada la altura del vehículo y sobre todo teniendo en cuenta los casi 100 kilos extra de peso sobre el modelo gasolina.

Hay un punto en el que claramente el motor de gasolina no puede competir con el diésel y es en consumos. Es un motor grande, que gira redondo pero su tecnología no es puntera. Es atmosférico y de inyección multipunto, un 2.500 además. La eficiencia no es su fuerte. En recorridos combinados el modelo diésel vendrá a gastar entre 7,5 y 8 litros, frente a los 9,5 o 10 del modelo de gasolina. Es una diferencia razonable a fin de cuentas, pero eso no quita que la balanza se incline hacia el modelo diésel.

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Pero el motivo de que se incline no está en que gaste menos o en el mejor funcionamiento de la caja de cambios, si no en que curiosamente, el precio modelo con cambio automático y mecánica de gasóleo es inferior al de su homólogo de gasolina. 100 euros más barato en el acabado Executive y 500 en el Executive Plus. Visto esto es evidente que la opción correcta es el modelo diésel, que presenta un muy buen funcionamiento como hemos podido comprobar en la prueba.

Los únicos motivos que nos pueden hacer decantarnos por el gasolina son las convicciones o preferencias de cada uno, del mismo modo que hay quien se compra coches diésel que jamás amortizará. El modelo diésel en la gama Outback está amortizado desde el primer kilómetro y la única opción lógica para escoger el modelo de gasolina será cuando vayamos a hacer recorridos muy cortos y por ciudad.

Será en esas condiciones cuando la simplicidad del motor de gasolina se ponga de nuestra parte, aunque consumamos, pero de otra forma los sistemas anticontaminación del modelo diésel (EGR, filtro de partículas) pueden mostrarse más guerreros de la cuenta. A esto hay que sumar que es en ciudad cuando más se aprecia la extrema suavidad del motor de gasolina, que proporciona una conducción más apacible y que ahora, con 173CV, mejora prestaciones y consumos, recortando la ventaja.

Diferencias introducidas en el lavado de cara

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Decimos lavado de cara, porque los cambios más apreciables se encuentran en la parte delantera del vehículo. Se estrena frontal con un nuevo paragolpes que enfatiza el carácter crossover, con unos marcos de los antinieblas en plástico negro notablemente más grandes. Cambia también el aspecto de la parrilla y el diseño interior de los faros, con unas nuevas formas que se asemejan a las de los últimos modelos de la marca. En el lateral encontramos nuevas llantas de 17″ y unos espejos retrovisores de diseño más moderno, pero que tienen formas más complejas y empeoran la visibilidad. La zaga permanece inalterada. Los gasolina y diésel se diferencian por la toma de aire del intercooler en el capó de los segundos.

En el interior los cambios están en el color de la consola central, la tapicería de cuero de mejor calidad, más resistente, y los principales mandos del conductor. El volante, las palancas situadas tras el y el cuadro de relojes son completamente nuevos y representan un paso adelante importante que moderniza el interior. También se reubica el botón del freno de estacionamiento eléctrico, que ahora está situado en un lugar más lógico en la consola central y no junto a la puerta del conductor. La integración del pulsador es mejorable.

A nivel de utilización los cambios son pocos. Ahora cuenta con intermitentes modo autopista de un toque, y el botón del asistente en pendientes tiene las posiciones de activado y desactivado. Antes era necesario activarlo cada vez que se detenía el motor.

Puedes encontrar más información sobre el Subaru Outback 2.0 diésel Lineartronic CVT en la parte de diseño exterior e interior, en el análisis comportamiento dinámico y consumos y en el repaso de precio y equipamiento.

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Un comentario

  1.   Rafael dijo

    Muy bien el diesel,pero los que hacemos sobre los 15000kms al año me quedo el de gasolina.Tiene que ir muy fino.

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