El coche enchufable ha dejado de ser una compra testimonial para muchas familias españolas. Ya no se plantea como un segundo automóvil reservado a trayectos cortos: en bastantes hogares se ha convertido en el vehículo al que se recurre casi a diario. Ese cambio de hábito convive con dudas razonables sobre el desembolso inicial, los kilómetros disponibles y la facilidad para repostar electricidad.
El primer trabajo de estas características sobre el uso del vehículo eléctrico en España, impulsado por Mutua Madrileña y realizado por Demométrica, se apoya en una encuesta a 1.200 conductores de eléctricos puros e híbridos enchufables. La muestra permite ver qué pasa cuando el coche de batería entra en un garaje familiar y deja de ser una prueba puntual.
El enchufable se hace hueco como coche de referencia
En los hogares con más de un automóvil, cerca del 80% usa el enchufable como medio principal. El porcentaje exacto llega al 79,1%. La cifra sube al 84,1% entre quienes tienen un eléctrico puro y baja al 74,3% en el caso de los híbridos enchufables, una diferencia que refleja hábitos distintos.
Para el 84% de los consultados, el coche comprado fue su primer modelo con toma de corriente. Además, el 64% de los hogares dispone de otro vehículo. Aun así, el enchufable no queda aparcado: buena parte de los encuestados lo utiliza para desplazamientos habituales.
El 53% lo emplea siempre en recorridos urbanos y el 35,4% lo usa de forma habitual para todo tipo de trayectos, incluidos los largos. Entre los dueños de eléctricos puros, el 70% ha cambiado mucho o bastante la planificación de sus viajes. El 24% de ellos no lo usa nunca para trayectos largos, frente al 7% de los propietarios de híbridos enchufables. El 45,4% recorre entre 1.000 y 2.000 kilómetros al mes y la mayoría hace entre uno y cinco viajes largos al año.
El bolsillo manda en la decisión
El argumento más repetido para dar el salto no es ecológico, sino económico: el 51% menciona el ahorro en combustible. Después aparecen la conciencia ambiental, con un 32%, y la posibilidad de circular por zonas de bajas emisiones, con un 30%. Los compradores de eléctrico puro dan más peso al impacto ambiental; los de híbrido enchufable valoran sobre todo las ventajas urbanas.
La tecnología resulta importante para el 91%, el diseño para el 85%, la marca para el 74% y las ayudas públicas para el coche eléctrico para el 64%. Entre quienes compraron un eléctrico puro, el 58% recibió algún tipo de subvención, frente al 38% de los que eligieron un híbrido enchufable. Además, el 76% se decidió en menos de medio año desde que empezó a valorar la compra.
Precio, autonomía y batería: asignaturas pendientes
Las barreras siguen siendo claras. El 56,5% señala el precio de adquisición como un obstáculo y el 53,9% apunta a las limitaciones de autonomía. No se trata solo de recorrer más kilómetros con una carga: los conductores consideran prioritario mejorar la duración de la batería antes que acortar los tiempos de recarga.
La vida útil del acumulador preocupa al 51,1% cuando se pregunta por seguridad y fiabilidad. La disponibilidad de cargadores en los viajes aparece en segundo lugar, con un 17,5%. Las actualizaciones de software y los posibles ciberataques quedan más atrás, con un 7,1%. La batería pesa más en la confianza que la potencia de carga.
Cargar en casa gana; la red pública aún genera dudas
Tres de cada cuatro propietarios, el 75%, recarga en su domicilio, mientras que el 33% recurre a puntos públicos. La modalidad más común es la carga lenta o doméstica, elegida por el 58%; solo el 11% afirma usar la rápida. El garaje sigue siendo el lugar clave para la mayoría.
Cuando toca depender de la infraestructura pública, aparecen quejas. El 46,8% echa en falta información clara y unificada sobre la red; el 45,4% denuncia problemas de disponibilidad o funcionamiento; y el 36,5% considera que el proceso resulta más complicado de lo necesario. Más de un tercio desconfía de las aplicaciones para localizar cargadores. La experiencia fuera de casa todavía no es homogénea.
Satisfacción alta con deberes por delante
La valoración media del coche alcanza un 7,9 sobre 10 y el 42% le da un 9 o un 10. Esa nota convive con las críticas a la red y a la batería, lo que dibuja un usuario satisfecho con el uso diario pero exigente con lo que falta. El retrato no es el de una tecnología perfecta, sino el de una fórmula que ya funciona en la rutina de muchos hogares.
La fotografía que deja el estudio muestra una movilidad enchufable asentada en la vida cotidiana, con el ahorro como gancho y el coche familiar como protagonista, pero todavía condicionada por el desembolso, la autonomía y la confianza en la recarga. La convivencia entre avances y obstáculos explica por qué el eléctrico gana terreno sin terminar de convencer a todos los conductores.