La historia reciente del fabricante sueco Saab ha sido uno de los culebrones más mediáticos de los últimos años. Cierto es que su futuro se veía más bien gris (por no decir negro) tras verse abandonada a su suerte por General Motors. Por ello cuando se hablaba de intentar reflotar a este fabricante nuestro corazón daba un brinco y rezábamos a todos los santos de cielo para que esta vez no acabara desapareciendo de nuestras carreteras.
El final ya lo conocemos todos. Los restos de Saab fueron esparcidos por medio mundo, a lo William Wallace en Braveheart, y ahora tendremos que conformarnos con tener uno en el garaje y conservarlo como oro en paño. Sin embargo, lo rocambolesco de esta historia es que los últimos ex directores que tuvo Saab, Victor Muller y Jan Ake Jonsson, fueron acusados por falsificación de documentos y fraude fiscal.
Al parecer Muller, Jonsson y cinco personas más, falsificaron documentación de la maltrecha Saab para que la financiación siguiera llegando a la marca y no acabara como terminó. Esta documentación supuestamente «falsificada» beneficiaba y mucho a Vladimir Antonov (uno de los inversores que se hizo con Saab) pues le permitía seguir obteniendo capital sin que nadie sospechara la difícil situación que estaba viviendo la casa sueca.
En su intento por salvar a la marca, Muller y Jonsson intentaron obtener financiación del Banco Europeo de Inversiones e incluso del Estado sueco. Sin embargo, la ayuda no llegó en la cuantía necesaria y tuvo que pedir la protección concursal en diciembre de 2011. Tras cerrarse el capítulo Saab, los tribunales se pusieron manos a la obra para juzgar la actuación de Muller y Jonsson, y tras varios años de deliberaciones han decidido declarar a ellos y los cinco restantes acusados inocentes.