Volkswagen atraviesa una de las crisis más profundas de su historia. El fabricante alemán ha rebajado su previsión de margen operativo para 2026 hasta un máximo del 1%, cuando su objetivo anterior era de entre el 4% y el 5,5%. El anuncio, realizado el pasado viernes, ha sacudido los mercados y ha puesto en el centro del debate el futuro de decenas de miles de empleos en Europa. La compañía, que ya había acordado con los sindicatos un plan de ajuste de 50.000 puestos de trabajo, ahora estudia duplicar esa cifra hasta los 100.000 despidos, en lo que sería la mayor reestructuración de su historia.
El deterioro contable de Porsche es uno de los detonantes de esta nueva advertencia sobre beneficios. Volkswagen, que controla el 75% de la marca deportiva, ha realizado una depreciación de 6.000 millones de euros en su participación, debido a unas expectativas a medio plazo más pesimistas. Porsche, que llegó a proyectar márgenes del 20% en 2022, cerró el pasado ejercicio con un margen de apenas el 1,1% y ha reducido su red de concesionarios en China ante la caída de la demanda de vehículos de lujo. Esta situación, unida a los aranceles de Estados Unidos, ha golpeado duramente a la firma de Stuttgart y ha obligado al grupo a acelerar su plan de simplificación.
La tormenta perfecta: China, energía y la transición eléctrica
El diagnóstico oficial del grupo apunta a tres frentes principales. El primero es China, donde la demanda de modelos de Volkswagen se ha debilitado de forma notable. El gigante asiático, que durante años fue la principal fuente de ingresos del consorcio, ha visto cómo los fabricantes locales, con BYD a la cabeza, han pasado de ser aprendices a rivales directos, especialmente en el segmento eléctrico. Volkswagen perdió en 2024 su posición como mayor fabricante de automóviles del país y el director financiero, Arno Antlitz, ha advertido de que el mercado chino podría contraerse un 20% para el grupo.

El segundo frente es el coste de la energía en Alemania, muy superior al de los competidores asiáticos. La factura energética de las plantas alemanas se ha disparado y lastra la competitividad de una industria que ya sufre una baja utilización de sus fábricas. El tercer problema es estructural: el grupo arrastra una organización demasiado compleja, con demasiadas marcas, demasiadas variantes y demasiados centros productivos que no siempre trabajan a plena capacidad. La dirección reconoce que la transición hacia el coche eléctrico avanza más rápido de lo previsto en algunos mercados, pero que estos modelos generan márgenes mucho menores que los de combustión, precisamente los que la Unión Europea presiona para dejar de vender.
Ajuste industrial y recortes de plantilla
El plan de simplificación afectará de lleno al catálogo de modelos y a la estructura productiva. El grupo contempla reducir hasta un 50% el número de modelos disponibles y disminuir la variedad de componentes en un 75%. El Touareg, uno de los todoterrenos más emblemáticos de la marca, será uno de los primeros en desaparecer tras dos décadas en el mercado. En el plano industrial, las plantas de Emden, Zwickau y Hannover, junto a la factoría de Audi en Neckarsulm, no tienen asignado ningún modelo nuevo a medio plazo. La planta de Osnabrück, donde se fabrica el T-Roc Cabrio, se reconvertirá en un centro de competencias de seguridad y defensa para la empresa israelí Rafael Advanced Defence Systems.
El cierre de Audi Bruselas, consumado el año pasado, marca el camino a seguir. Una senda que también podría afectar a Ducati, que el grupo estudia vender, según ha informado Bloomberg; incluso se especula que Patritalia quiera comprar Ducati. La compañía italiana de motocicletas, valorada en unos 1.500 millones de dólares, se sumaría así a la salida de Bugatti del paraguas corporativo. Mientras, Porsche intenta calmar los ánimos. Un informe de Handelsblatt apuntaba a 4.100 despidos adicionales en la marca deportiva, pero su consejero delegado, Michael Leiters, lo ha desmentido en un memorando interno, asegurando que no hay planes de ampliar los 8.900 recortes ya acordados.
Impacto directo en España: Martorell y Landaben en el punto de mira

La crisis de Volkswagen se deja notar de forma inmediata en las plantas españolas. Las factorías de Martorell, en Barcelona, y Landaben, en Navarra, dependen directamente de las decisiones de inversión y asignación de volúmenes que se toman en Wolfsburgo. La marca SEAT y su filial Cupra, que se producen en estas instalaciones, están en el centro de un posible ajuste. Aunque no hay una decisión cerrada, la dirección del grupo no descarta una retirada gradual de SEAT, lo que tendría consecuencias sobre miles de empleos y sobre el ecosistema de proveedores que depende de estas fábricas.
El sector del automóvil es clave para la economía española, ya que aporta alrededor del 10% del PIB y cerca del 18% de las exportaciones. En Navarra, Landaben es uno de los mayores empleadores industriales de la comunidad, mientras que Martorell sostiene un entramado de empresas auxiliares que dependen de la actividad de la planta. El precedente de Nissan, que cerró sus fábricas de Barcelona en 2021, o los recortes de Ford en Almussafes, son un aviso de lo que puede ocurrir. Los sindicatos alemanes ya han salido a la calle para reclamar protección frente a la competencia china y un mayor apoyo de la Unión Europea, con protestas en más de 200 puntos del país convocadas por IG Metall.
Qué supone para el conductor español
La reestructuración tendrá efectos visibles en el mercado español a medio plazo. La reducción del catálogo implicará menos versiones disponibles y menos competencia interna entre las marcas del grupo. Para quienes ya tienen un SEAT o un Cupra, el futuro industrial de la marca condicionará el suministro de recambios, la red de posventa y el valor de reventa del vehículo. La dirección ha avisado de que el tiempo corre y de que las decisiones se tomarán más pronto que tarde.
La incertidumbre también afecta a las decisiones de compra. Con la previsión de que el mercado europeo de vehículos eléctricos siga creciendo, aunque con márgenes más ajustados, los precios de los coches usados de combustión podrían experimentar variaciones. Los analistas recomiendan revisar la garantía por escrito y la red de talleres oficiales antes de adquirir un vehículo del grupo. La evolución de la industria en los próximos trimestres será clave para determinar si España mantiene su capacidad industrial o si, por el contrario, se ve arrastrada por la crisis del gigante alemán.
El futuro de Volkswagen se juega en los próximos meses. La compañía necesita reducir costes mientras acelera su transformación hacia el vehículo eléctrico, en un contexto de presión por parte de los fabricantes chinos y de aranceles en Estados Unidos. La reacción de los mercados no se hizo esperar: las acciones del grupo cayeron un 5,6% en una sola sesión, y la salida del Euro Stoxx 50 es una muestra más de la desconfianza que genera el plan industrial. Los sindicatos, por su parte, exigen que los accionistas asuman parte del sacrificio, con medidas como la exención fiscal para los dividendos que quieran reinvertirse en la empresa. Alemania y Europa asisten a un momento histórico para la industria del motor, y las decisiones que se tomen ahora marcarán el camino de las próximas décadas.