La movilidad eléctrica en el Viejo Continente está viviendo un momento dulce, o al menos eso es lo que reflejan los datos más recientes de la industria. Durante el pasado mes de mayo, la venta de coches eléctricos puros han pegado un estirón considerable, alcanzando un crecimiento interanual del 43% que ha dejado claro que el interés por el enchufe no era un espejismo. Este dato responde a una tormenta perfecta donde la mayor oferta de modelos y la paulatina estabilización de los precios están convenciendo a quienes todavía miraban con recelo la transición energética.
Sin embargo, el paisaje no es igual de idílico para todos los protagonistas de esta película. Mientras que las firmas procedentes de China están ganando terreno a pasos agigantados, algunos de los gigantes tradicionales europeos están teniendo que sudar la gota gorda para mantener sus cifras de ventas. El mercado se está fragmentando y la competencia se ha vuelto tan feroz que el comprador particular, ese que busca un coche para el día a día sin arruinarse, empieza a ser el gran beneficiando de esta batalla por el dominio del asfalto.
El factor chino y la crisis de los fabricantes tradicionales…

Uno de los datos que más ha dado que hablar en los pasillos de Bruselas es el peso que han logrado las marcas asiáticas. Hoy día, se estima que uno de cada cinco coches eléctricos vendidos en suelo europeo proviene de firmas como BYD, MG o Chery. Estas empresas no solo están trayendo tecnología punta, sino que lo hacen con unos precios que, en muchos casos, las marcas locales no pueden igualar. Es una realidad que ha obligado a la Comisión Europea a vigilar de cerca estas importaciones, aunque de momento el flujo de vehículos no parece frenarse.
En el otro lado de la balanza, nombres míticos del motor europeo como Volkswagen o Stellantis han visto cómo sus ventas caían en el último periodo. Mientras las marcas chinas duplican o incluso triplican sus entregas, los grupos europeos han registrado ligeros retrocesos en sus ventas totales, lo que evidencia que el consumidor está perdiendo el miedo a probar emblemas nuevos si la propuesta de valor es convincente. Esta presión competitiva es la que está acelerando el lanzamiento de compactos eléctricos más baratos por parte de las marcas de siempre.
España y el resto de Europa: un mercado con velocidades distintas…

Si ponemos el foco en nuestro país, la tendencia es positiva pero todavía nos falta un poco para rodar a la velocidad de nuestros vecinos. España ha cerrado el mes con un incremento en las ventas del 35%, una cifra nada despreciable que supone más de 12.000 nuevas unidades en la carretera, acercándose a que España supere los 600.000 coches eléctricos e híbridos. Aun así, estamos lejos de los números de Alemania, donde se han superado las 60.000 unidades en un solo mes, o de Francia, que ha visto cómo su mercado de eléctricos casi se duplicaba en comparación con el año anterior.
Lo que sí es común en todo el territorio europeo es el impacto de los incentivos públicos. Los planes de ayuda, que en algunos Estados miembros pueden reducir el precio final hasta en 7.000 euros, siguen siendo el principal motor para que el cliente particular se lance a la piscina. Además, el encarecimiento de los combustibles tradicionales está haciendo que las cuentas salgan mucho más rápido a favor del motor eléctrico, especialmente para quienes tienen la posibilidad de cargar el vehículo en casa o en el trabajo.
El panorama actual sugiere que la electrificación del parque automovilístico europeo ha entrado en una fase de madurez donde ya no solo compran los entusiastas de la tecnología. La presencia masiva de modelos chinos y la reacción de las marcas europeas con descuentos directos están democratizando el acceso al vehículo cero emisiones, configurando un mercado mucho más variado y competitivo. A pesar de las incertidumbres económicas globales, el coche eléctrico parece haber encontrado su sitio definitivo en las preferencias de los conductores de la Unión Europea.