Las altas temperaturas de los veranos cada vez más cálidos están obligando a repensar el diseño de las ciudades. En zonas donde el termómetro aprieta de lo lindo, el asfalto tradicional se convierte en una superficie que acumula calor y lo devuelve al ambiente, lo que agrava la sensación de bochorno. Por eso algunos núcleos urbanos están explorando materiales capaces de gestionar mejor el agua y, de paso, rebajar la temperatura del entorno.
Marruecos se ha convertido en uno de los escenarios donde estas pruebas están avanzando. En localidades como Marrakech y Agadir se está extendiendo un tipo de firme poroso que busca imitar el comportamiento de una esponja: en lugar de expulsar la lluvia hacia los desagües, permite que penetre en el terreno y se vaya liberando poco a poco. La idea no es solo hidráulica, sino también térmica.
Cómo funciona el pavimento permeable
El mecanismo se apoya en una red de pequeños huecos en la superficie por los que el agua atraviesa la capa superior. Después se filtra hacia niveles inferiores del suelo, donde queda retenida. Con el tiempo, parte de ese líquido se evapora y ese proceso absorbe calor del aire, lo que ayuda a que la calle no se convierta en un horno. En días de mucho sol, el contraste con el betún convencional puede notarse, aunque no se trata de un sistema milagroso.
Beneficios más allá de la temperatura
Uno de los efectos más valorados es la reducción de charcos y acumulaciones de agua. Al permitir que el agua se cuele por el firme, disminuye el volumen que llega a los sumideros y se rebaja el riesgo de inundaciones puntuales, siempre que el terreno y el diseño acompañen. Esto también aporta seguridad al tráfico, porque una calzada con menos agua en la superficie reduce las posibilidades de hidroplaneo y mejora el agarre de los neumáticos.
El reto de mantener los poros abiertos

El sistema tiene una cara menos amable: polvo, arena y sedimentos pueden acabar taponando los poros y mermar su capacidad de drenaje. Además, hay que comprobar cómo resiste el trasiego continuo de vehículos y cuánto cuesta construirlo y repararlo. Por eso, antes de extenderlo a gran escala, conviene estudiar su rendimiento a largo plazo y ver en qué calles y con qué clima compensa de verdad.
Qué se está probando en España
En España, la idea de usar firmes especiales no es nueva, pero su enfoque ha sido distinto. Las mezclas drenantes llevan años empleándose en algunas autopistas para evacuar el agua y reducir el riesgo de aquaplaning, aunque su objetivo principal no era refrescar las ciudades. También se han desarrollado investigaciones como el proyecto LIFE HEATLAND, que ha probado un asfalto frío capaz de rebajar la temperatura irradiada por la superficie y reflejar mejor la radiación solar.
Un cambio de mirada sobre el suelo urbano
La apuesta marroquí encaja con una tendencia más amplia: dejar atrás el asfalto negro tradicional como única solución. Con veranos más extremos a ambos lados del Mediterráneo, el pavimento deja de ser un elemento pasivo y pasa a considerarse una pieza más de la adaptación climática. Eso sí, cualquier cambio exige planificación, mantenimiento y análisis de costes para no quedarse en una medida testimonial.
La experiencia de Marrakech y Agadir muestra que un pavimento permeable puede ayudar a gestionar el agua de lluvia, aliviar el calor urbano y mejorar la seguridad en calzadas mojadas. En España, las mezclas drenantes y proyectos como el asfalto frío apuntan en una dirección parecida, aunque con matices. La clave estará en elegir bien dónde aplicarlo, cuidar su conservación y comprobar que sus ventajas superan a los inconvenientes en cada entorno.